Otras miradas

Aplaudir con las orejas

César Ramos

Diputado del PSOE en el Congreso por la provincia de Cáceres

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a Oriol Junqueras en el Congreso en una imagen de archivo.- EUROPA PRESS

Los gobernantes desean tomar aquellas decisiones que son aceptadas con entusiasmo por una gran parte de la población y como se dice en mi tierra, son esas buenas noticias que se aplauden con las orejas. Pero gobernar es también tomar las decisiones más complicadas, aquellas que se hacen por el bien común y cuyas consecuencias positivas serán difíciles que se perciban a corto plazo y por tanto, valoradas por los ciudadanos a la hora de emitir su voto.

Pero todos deberíamos tener en la mente que en política nos pagan por resolver problemas, no por incrementarlos, eso es lo que nos debe guiar a la hora de resolverlos y afrontar las dificultades. Los responsables políticos tenemos la obligación de poner la racionalidad por encima de las emociones para hacer nuestro trabajo y poner en marcha medidas parlamentarias de calado. Sin embargo, esas decisiones son valoradas por los ciudadanos en muchos casos,  tirando de las emociones, razón por la que en ocasiones no son entendidas por una parte importante de la población y más si la oposición aprovecha para impulsar los bajos instintos del ser humano.

Durante tres años de gobierno socialista se han tomado muchas decisiones de esas que se aplauden con las orejas por ser ampliamente demandadas por una gran parte de la población. Entre ellas, el ingreso mínimo vital, sacar a Franco del Valle de los Caídos, la ley de Cambio Climático, la ley de Eutanasia,… además de otras imprescindibles en una pandemia inédita en la historia reciente, como los ERTE, las moratorias de créditos o la prohibición de desahucios de familias vulnerables.

 Ahora estamos ante una de esas encrucijadas a las que se enfrenta todo gobierno, y más en una época de volatilidad como la que vivimos. El debate territorial y el encaje de Cataluña son temas que han ido subiendo de tono con el paso del tiempo y si echamos la vista atrás será fácil que podamos entender quién fue el que encendió la mecha y el que impulso el enfrentamiento que ha llevado a que una parte importante de catalanes muestre su deseo de salir de España.

Corría el año 2006 y el PP hacía lo habitual cuando está en la oposición: mucho ruido para crear crispación utilizando el tema territorial. Todo para intentar conseguir votos. Hay que recordar que presentó un recursos de inconstitucionalidad contra el nuevo Estatuto de Cataluña que había sido apoyado por una amplia mayoría de catalanes, casi un 74% votó a favor.

Cuando Rajoy llegó al gobierno siguió incrementando su enfrentamiento con Cataluña para crear una cortina de humo que escondería las medidas que estaba tomando en contra de la mayoría de población española, como la subida de impuestos, los recortes en derechos laborales o en libertades. Una estrategia que podía llegar a beneficiar a sus intereses electorales, pero se demostró que perjudicaba a los intereses del conjunto de España. Así, desde el año 2006 en el que los catalanes que se mostraban a favor de la independencia no superaban el 14%, este porcentaje escaló hasta el 48% durante el gobierno de Rajoy, provocando una declaración unilateral de independencia, una huida de parte de los líderes independentistas fuera de España y la otra parte en la cárcel. Esa fue la herencia que nos dejó el gobierno del PP.

Si el actual gobierno de España quiere que el resultado sea distinto, rebajando la tensión, que en muchos momentos se ha vuelto insoportable, está claro que tendrá que actuar aplicando otras recetas y que todo ello redunde en que se vaya reduciendo el porcentaje de catalanes que desean abandonar nuestro país. En ese contexto se sitúa la decisión del gobierno de abrir una mesa de dialogo y plantearse el indulto a los líderes independentistas que están en la cárcel. Medidas todas ellas que se enmarcan dentro de nuestra Constitución y nuestras leyes. Si queremos la derrota de las tesis independentistas no hay mejor forma de hacerlo que reduciendo los índices de los que abrazan las tesis independentistas.

No debemos avergonzarnos de las decisiones que se están tomando, porque buscan hacer de España un país más fuerte en el que todos nos sintamos cómodos. Los que deberían sentir vergüenza son aquellos que desde el gobierno impulsaron el conflicto catalán y ahora desde la oposición quieren seguir alimentándolo porque creen que beneficia a sus intereses partidistas.

Pero como extremeño, pido que este debate sobre Cataluña ahora y sobre Madrid antes, no oculte los problemas que tenemos en otros territorios. La única forma de que España sea más fuerte es atendiendo a los problemas de todos, para que nos sintamos cómodos en este gran país.

Sé que este artículo no lo aplaudirán con las orejas, pero para eso estamos en política, para tomar las decisiones que creemos mejores, incluso aquellas que en un principio puedan no ser tan populares.