Otras miradas

El Madrid imaginario de Isabel Díaz Ayuso

Sol Sánchez

Diputada de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid.

Isabel Díaz Ayuso, expone su programa de gobierno para estos dos años de legislatura durante la primera jornada del debate de investidura en la Asamblea de Madrid. EFE/Juan Carlos Hidalgo/POOL
Isabel Díaz Ayuso, expone su programa de gobierno para estos dos años de legislatura durante la primera jornada del debate de investidura en la Asamblea de Madrid. EFE/Juan Carlos Hidalgo/POOL

El discurso de este jueves de la actual presidenta en funciones y candidata a la investidura como presidenta de la Comunidad de Madrid empezó dentro de lo esperado: confrontación con el gobierno central, amenazas de saltarse el marco de competencias autonómicas para blindar las competencias autonómicas (la falta de lógica, e incluso la contradicción absoluta, ni son si previsiblemente serán nunca un problema para Ayuso), Cataluña, Madrid es una España dentro de otra, Sánchez, libertad…

Y tras volver a prometer la rebaja de impuestos más grande de la historia de la Comunidad de Madrid (sí, sí, la misma que prometió en 2019) y dedicar muchos minutos a hablar del según ella principal problema del país, la baja natalidad que combatirá con quinientos euros al mes para las embarazadas menores de treinta años que lleven más de diez empadronadas en la Comunidad (busque usted un unicornio albino), explicar que va a combatir los problemas medioambientales plantando millones de árboles, vendiendo más suelo público previsiblemente a constructoras, ampliando carreteras y poniendo electrolineras…pues ahí,  en ese punto en el que el discurso de Ayuso ya te empieza a sonar surrealista y delirante, empecé a entender yo cuál era la estrategia. Y ojo, que no está nada mal.

Me explico.

Isabel Díaz Ayuso no ha hablado este jueves de ni un solo problema de Madrid. Y como lo que no se nombra no existe, ha dibujado un Madrid imaginario sin pobreza ni desigualdad, un Madrid donde el 16,2% de la población, es decir un millón de almas, no se encontraban ya antes de la pandemia en situación de exclusión social según el último informe FOESSA, un Madrid donde la brecha entre el 20% más rico y el 20% más pobre no es la más alta de España, un Madrid donde la  tasa de personas trabajadoras pobres no era ya antes del Covid del 12,3%.

Porque en la Comunidad de Madrid de la señora Ayuso ni siquiera hay ciudadanía, su población, la que describía en su discurso, está compuesta de usuarios y clientes exigentes que esperan las inversiones y la modernización con el ánimo de quien no tiene ninguna carencia ni conoce ningún problema de acceso a todo tipo de bienes y servicios. Vanguardia, calidad, innovación, excelencia. Aquí no se ha maltratado a la atención primaria ni se han cerrado centros de salud en los barrios. Aquí no hay ratios imposibles en los centros docentes ni precariedad laboral, jamás se han expoliado ni recortado los servicios públicos ni los servicios sociales, por eso lo único que falta es su digitalización; porque todo lo demás funciona de sobresaliente.

En esa Comunidad de Madrid que  nos presentaba Ayuso, según sus propias palabras "la sanidad, la educación y el transporte superan en equidad a los del resto de Comunidades". A saber qué entenderá por equidad… pero obviamente en esa Comunidad de Madrid no son los segundos por la cola en gasto sanitario por habitante, ni los últimos en gasto educativo de todo el país.

En definitiva ¿acaso no es una maravillosa estrategia describir una Comunidad de Madrid así?

El único inconveniente es que ese Madrid es más falso que el pueblo andaluz de cartón piedra que simularon los habitantes de Villar del Río en plena estepa castellana. Y que Ayuso no es Berlanga. El problema es que ese Madrid no existe, y que con las políticas del Partido Popular no duden que ese Madrid imaginario que este jueves pintaba Ayuso con las acuarelas de  datos y hechos también imaginarios,  nunca existirá.