Otras miradas

Guía contra la culpabilización de la juventud

Sara Montero

Periodista

España tiene un problema con sus jóvenes. O sus jóvenes con España. El país se sitúa en un 38% de desempleo juvenil para la franja entre los 16 y los 24 años. Pero muchos de los que encuentran trabajo tampoco logran la estabilidad mínima que requiere cualquier proyecto vital. La juventud lidia también con los estereotipos que operan sobre ellos en todos los campos, también en el laboral.

Para poner cifras y contexto a este fenómeno, la editorial Catarata ha publicado la obra  Vidas low cost. Ser joven entre dos crisis, que coordina Javier Pueyo, donde hasta seis investigadores se ponen manos a la obra para desentrañar por qué se ha parado el ascensor social en España, cómo la precariedad se ha convertido en un fenómeno estructural y cómo impacta todo ello en las trayectorias vitales y en la identidad de la próxima generación.

Los jóvenes se enfrentan a un contexto de paro juvenil disparado, a la precariedad cuando encuentran trabajo y a una sensación de frustración cuando atraviesan la treintena y no cumplen sus expectativas. Pero todo tiene una explicación que les trasciende y les exige buscar soluciones también colectivas. Estas son las 10 ideas que ayudan a dibujar la estructura de la precariedad juvenil.

1. Los jóvenes viven con peores condiciones materiales que sus padres. No es sólo una percepción, en este libro, el sociólogo Xavier Martínez-Celorrio ofrece datos sobre cómo se ha empobrecido esta generación respecto a la anterior: "Los universitarios millennials con 30 años en 2017 pierden un 20% de renta sobre la generación X precedente". Lo mismo ocurre con los millennials de 30 años sin estudios obligatorios. En 2017, tienen una retribución anual un 18% inferior a la de sus iguales en 2007 y "prácticamente la misma que hace 20 años".

2. El ascensor social se ha ralentizado. Otra de las conclusiones a las que llega Martínez-Celorrio es que el ascensor social se está parando. El experto cita el ranking mundial Global Social Mobility de 2020 para sustentar su afirmación. En esta lista, España ocupa el puesto 28 de 82 países, que encabezan los estados escandinavos.

Por tanto, no es un problema individual. Los millennials están atrapados, según Martínez-Celorrio, en "una contramovilidad viscosa y descendente" sin igual a ninguna generación anterior, que no les deja avanzar hacia sus propias expectativas vitales.

Además, en su texto también señala que el factor determinante que suele regir el futuro de esta generación: "No es el nivel educativo, sino el origen social de los padres".

 3. El fracaso de la meritocracia. Por tanto, por mucho que uno se esfuerce, el capital que pueda aportar la familia pesa tanto o más que el académico. Elsa Santamaría-López e Izaskun Artegui-Alcaide son contundentes en el tercer capítulo del libro: "De la mano de la extensión de la formación en los diferentes estratos sociales, podemos comprobar cómo la estrategia meritocrática basada en la acumulación de capital formativo deja de tener la efectividad de tiempos pasados como herramienta de ascensor social".

Las autoras hilan su argumento con el desencanto con el que chocan algunos millennials que son mileuristas aunque tengan una licenciatura universitaria y varios másteres. Aunque la meritocracia no sea siempre efectiva, las expertas creen "en el imaginario colectivo sigue presente y funciona como niveladora de expectativas".

4. Vidas sin arraigo laboral. Los bajos salarios y la temporalidad laboral son dos de los yugos que suelen presionar a la juventud. En algunas ocasiones, se entienden como un "peaje" a pagar por entrar en el mercado laboral, pero la incertidumbre se acaba alargando toda la década. Siempre están de paso por las empresas.

 Si en 2007 cada joven asalariado temporal registraba 2,8 contratos de media, en 2017 necesitó firmar 4,5 contratos para poder trabajar durante todo el año, según cifras de CCOO.

5. Ser joven siempre ha sido difícil en España. El desempleo juvenil se arrastra desde hace décadas, tal y como recuerdan Jaime Aja Valle, José Hernández Asacanio y Eduardo Sánchez Iglesias en su análisis: "La tasa de paro entre las personas de 16 a 29 años ha mantenido un diferencial importante con respecto a la población mayor". Esto apunta a que no es un problema puntual, sino estructural, aunque sufrió un pico en la crisis de 2008 a 2013 cuando alcanzó una media anual del 43,2%. Lo que sí ha ocurrido, a juicio de los autores, es que ha ido "perdiendo importancia relativa en el debate público".

Aún así, los investigadores no ignoran que hay procesos que han acelerado esta cuestión en España. Citan a Laparra para subrayar el efecto precarizador que han tenido iniciativas políticas como "las reformas laborales, las políticas públicas de empleo y las políticas de plantillas del sector público" que ha tenido en nuestro país.

6. Una estrategia para individualizar el fracaso. Los tres autores mencionados también hacen un recorrido sobre cuándo comenzó a fraguarse la culpabilización del precariado. La estrategia consistió en situar las carencias (formativas, culturales o motivacionales) del trabajador como la causa del problema. Si una persona no tiene empleo o tiene un salario bajo, se achaca a que no está suficientemente formado, motivado o no tendrá una actitud emprendedora, recayendo la responsabilidad en el individuo y no en las políticas públicas o las empresas.

Elsa Santamaría-López e Izaskun Artegui-Alcaide recuerdan en el tercer capítulo del libro que sobre esta generación han recaído continuos  "procesos de precarización, individualización y psicologización" desde las que se abordan las problemáticas laborales.

Además, hay otra herencia que los millennials tendrán que gestionar: la debilidad de un Estado del bienestar menguante.

7. La población juvenil, un "ejército de reserva" de mano de obra. El mercado absorbe trabajadores en épocas de bonanza y los vomita en escenarios de recesión. Aja, Hernández y Sánchez observan en su análisis que "el impacto de las crisis siempre ha sido más alto en la población joven, a la vez que el desempleo juvenil desciende más rápidamente en los periodos de crecimiento del desempleo".

Para ellos, esta convulsión demuestra que la juventud tiene una posición "complementaria o subsidiaria" en el mercado de trabajo general, siendo relegada a "una posición de ejército de reserva de mano de obra".

8. Los jóvenes sí están politizados. Además de tener que construir la vida sobre unas condiciones materiales adversas, la juventud tiene que lidiar también con los estereotipos. Entre ellos, hay uno que se ha convertido en un clásico: la creencia de que no les interesa la política ni la organización.

Sin embargo, el Informe Juventud en España 2020, del Instituto de la Juventud (Injuve), indica que el 37% de los encuestados confiesa tener interés por ella. Durante los últimos años, los jóvenes han organizado y llenado manifestaciones contra el machismo,la crisis climática o la homofobia.

Además, Martínez-Celorrio recuerda en su análisis que la última década política ha estado protagonizada por una nueva generación de dirigentes que han cambiado el tablero institucional: "La aparición del movimiento Juventud sin Futuro, del posterior 15-M y el surgimiento de nuevos partidos igualitaristas han favorecido una mayoría progresista de gobierno desde junio de 2018 en España que ha puesto fin a casi una década de políticas anti-distributivas y de austeridad desde la derecha". A una de estas formaciones pertenece, de hecho, la actual ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, miembro del Ejecutivo por parte de Unidas Podemos.

9. Una "revitalización" sindical. Aja, Hernández y Sánchez apuntan a que en la última década "se constata una tendencia a la revitalización sindical" que ha conseguido detener el declive de las décadas anteriores".

Aún teniendo trayectorias vitales más discontinuas, hay jóvenes que también se sindican. Como ejemplo, los 49.378 trabajadores de menos de 30 años afiliados a Comisiones Obreras.

10. El discurso que enfrenta a generaciones. Los autores también alertan sobre la tentación de espolear el enfrentamiento generacional. Aja, Hernández y Sánchez advierten de que las soluciones que han intentado culpabilizar a los mayores y han buscado el reequilibrio reduciendo los derechos de los trabajadores más estables, "han aumentado la asimetría del mercado de trabajo", endurecido la competencia por el lado de la oferta y "redundado en peores condiciones para los jóvenes".