Otras miradas

El "momentum" de la transición energética en las islas

Pep Malagrava

Director General de Energía y Cambio Climático del Govern de les Illes Balears

Históricamente, Balears ha sido infrafinanciada por parte del Estado y en contadas ocasiones ha sido reconocido de forma contundente el hecho singular insular que nos penaliza en tantos sectores, como el comercial, industrial o energético. En los últimos tiempos se ha aprobado un Régimen Especial para las Illes Balears (REIB), que aún falta para desarrollar.

Dicho esto, se tiene que reconocer que desde el Gobierno de coalición estatal, en materia energética se ha tenido y se tiene una especial sensibilidad con Balears. De hecho, la parte con mayor grado de cumplimiento del REIB es el capítulo que hace referencia a la energía. Se ha constituido un grupo de trabajo bilateral entre la Comunidad Autónoma y el Estado que se reúne de forma periódica, han llegado más de 70 millones de euros para aumentar la potencia renovable, mejorar la eficiencia energética o electrificar el parque móvil, se ha programado un segundo enlace submarino con la península que aportara una gran estabilidad al sistema eléctrico balear y se está trabajando de forma conjunta en muchas otras cuestiones que atañen a la transición energética del archipiélago balear.

Pero la gran noticia y el gran reto son los fondos de recuperación, transformación y resiliencia. Balears tiene una economía basada prácticamente en el turismo y esto ha provocado que haya sido la comunidad autónoma con mayor caída del PIB en 2020 debido a la covid-19. Ya llevamos algunos años trabajando desde el Gobierno progresista para diversificar el modelo productivo, pero es el momento de subir dos marchas y acelerar en este proceso. El sector energético se convierte en este sentido en un elemento clave para realizar esta diversificación, incluyendo al sector turístico e industrial. Las obligaciones legales que establece la Ley de Cambio Climático balear, la Ley de Cambio Climático estatal y las directivas europeas son el marco para conocer el alcance de las posibles inversiones en los próximos años. Pero son los fondos de recuperación los que estimulan esas inversiones, por que la UE sabe perfectamente que los objetivos, cada vez más ambiciosos, que se va marcando necesitan de promoción y estímulo públicos.

En este sentido, el Ministerio ya ha sacado algunas líneas de ayuda que se han ido territorializando, como el MOVES 3 para adquisición de vehículos eléctricos y puntos de carga, del cual Balears fue la primera comunidad en publicar la convocatoria, mostrando así el compromiso con los objetivos del programa, y del cual ya se ha solicitado un tercio del presupuesto en tan sólo un par de semanas. También las comunidades estamos tramitando las ayudas de autoconsumo con almacenamiento para todos los sectores, empresas, particulares y administraciones que verán la luz en otoño.

Aunque la joya de la corona es la aportación que se hará de los fondos de recuperación a las islas para realizar ese acelerón necesario que necesitan estos territorios en materia de transición energética para acercarse a los números de renovables y eficiencia que dispone el territorio peninsular. Esta aportación es de alrededor de 230 millones de euros para Balears, una cantidad que añadida al resto de ayudas, multiplica por diez la inversión en energía limpia anual en Balears.

Estas ayudas deben llegar en forma de lluvia fina a la sociedad balear, para que la transición energética sea también justa. Y además sabemos de nuestra fragilidad territorial y queremos que estos fondos promuevan el uso de renovables en cubiertas, aparcamientos y zonas antropizadas, así como sirvan para reducir nuestro consumo energético a través de la eficiencia energética. Todo ello nos debe dar un resultado de más potencia renovable instalada y seguir con el paso firme hacia el objetivo de nuestra ley de cambio climático que nos marca un 35% de renovables en 2030. Para ello necesitamos el consenso social, con administraciones, empresas y particulares, que apuesten de forma decidida por estas acciones.

Esta financiación junto con los nuevos objetivos marcados por legislación estatal, autonómica y europea; sumando el abaratamiento de los productos y por lo tanto bajando periodos de amortización,  crea un momentum para el desarrollo de la transición energética en Balears que no se debe desaprovechar.

Además, todo ello en el marco de un aumento de precios de la energía imparable. Las acciones que se llevan desde el gobierno estatal, como la bajada del IVA o las iniciativas de más largo recorrido como recortar los "beneficios caídos del cielo" son importantes, pero no suficientes. Necesitamos un paraguas europeo que mire por los consumidores antes que por los beneficios empresariales. Pero mientras, en lo que sí nos compete, tenemos una herramienta a corto y otra a medio plazo para reducir la factura. La primera es que en 3 años, en Baleares, hemos multiplicado por 10 la instalación de autoconsumo en viviendas y empresas, con ayudas de hasta el 50% por parte de la administración, que ve superada año tras año la expectativa del anterior y ya son más de 2.800 los usuarios que se benefician de esta modalidad. Una modalidad que se seguirá ampliando con los fondos de recuperación y que darán un impulso aún mayor a este formato. La segunda, a medio plazo, es la comercialización de energía por parte de una empresa pública, el Institut Balear de l’Energia (IBE) que después de nacer en los albores de la pandemia ha sido capaz de sacar proyectos de autoconsumo renovable para la administración, y también autoconsumos compartidos en diversos municipios. Una vez exista una red de generación renovable con participación pública, el IBE podrá comercializar energía a un precio mucho más económico que el que estamos viendo actualmente.

El Estado ha dado el paso adelante que desde nuestras illes hemos venido reclamando durante años, y ahora, entre las administraciones, las empresas y la ciudadanía debemos demostrar que somos capaces de dar el paso adelante que se nos pide y consumir estos recursos para reducir de formar drástica nuestras emisiones de efecto invernadero, diversificar nuestro modelo productivo para tener más de un motor económico fiable y abaratar los costes energéticos, que suponen un porcentaje importante tanto en la economía familiar como en la empresarial y de la administración.

El reto es inmenso pero sé que estaremos a la altura, las actuaciones para mitigar el cambio climático en materia energética han cobrado una especial relevancia en los dos últimos años y a pesar de que hay que seguir haciendo pedagogía, hay una masa social importante ya concienciada y que ayudará a aquellas personas que aún no lo estén, a convencerse de que el cambio no sólo es posible, sino necesario.