Otras miradas

Pablo Iglesias y la obligación militante de seguir haciendo política

Pablo Iglesias. Foto. Dani Gago
Pablo Iglesias. Foto. Dani Gago

Después de las elecciones autonómicas madrileñas, se repitió hasta la saciedad en diferentes medios de comunicación, y también en muchas conversaciones privadas, que Pablo Iglesias dejaba "la política", y más de uno brindó para celebrarlo. Mucho me temo que quienes levantaron sus copas lo hicieron porque no entendieron absolutamente nada, o porque el deseo les cegaba (y les sigue cegando) ante la realidad. El propio Pablo Iglesias lo verbalizó muy claramente durante aquella noche electoral, en el momento de anunciar su decisión, tomada probablemente mucho tiempo antes de aquel 4 de mayo ayusiano: "Dejo todos mis cargos. Dejo la política, entendida como política de partido, como política institucional". La especificación es importante y a pocos les pasó por alto. Muchos, de hecho, arrugaron la nariz al escucharla, sobre todo quienes más odio han vertido hacia Iglesias durante todos estos años. Aquí quiero hacer una anotación preliminar y personal: opino que deberíamos preocuparnos al ver que un dirigente de poco más de cuarenta años, con tan sólo siete en la política institucional, la abandone. No tengo claro que lo que se ha dado en llamar "turbopolítica" sea positivo para nuestra sociedad. Un fenómeno que, en este caso particular, va unido indudablemente al acoso y derribo de la ultraderecha hacia la figura de Iglesias. Si nuestra democracia no dispone de los mecanismos necesarios para proteger a un servidor público del más alto nivel ante el ataque sin descanso de quienes trabajan por destruir nuestra convivencia, tenemos motivos más que de sobras para preocuparnos muy seriamente.

Quienes conocen realmente en qué consiste la política de verdad, sabían de sobras que Pablo Iglesias no "dejaba la política", porque probablemente no la deje nunca. Porque es un militante. Para algunos desinformados o despistados, dejar la política de partido o un determinado cargo público significa el abandono de la práctica política de forma definitiva. Pero la pregunta es de sencilla respuesta: ¿acaso han abandonado nunca la política Felipe González o José María Aznar. o más recientemente Albert Rivera? ¿no hacen política diariamente Inda, Marhuenda, Herrera, Ramírez o Quintana? ¿no se hace política desde multitud de organizaciones sociales o deportivas, o medios de comunicación?

Recuperemos brevemente a Antonio Gramsci y su concepto de hegemonía cultural. Según éste, a través de la dirección cultural de la sociedad, construida mediante las instituciones educativas, religiosas, los partidos políticos, los medios de comunicación, etc., la clase dominante fortalece y consolida su predominio económico. De ahí la necesidad gramsciana de universalizar el campo de la acción política obrera. Sólo así es posible derrotar a un enemigo que "no está presente exclusivamente en el aparato gubernamental, sino que se halla diseminado en todas las instituciones de la sociedad civil" (Portantiero, Juan Carlos, 1977, citado en Álbarez Gómez, Natalia, 2006). Tomemos buena nota.

En aquellos momentos en que Pablo Iglesias anunció que dejaba la política institucional y de partido, se multiplicaron los panegíricos hacia su persona, los elogios que no hacían más que demostrar el alivio que sentían algunos adversarios políticos. Como había pasado un año antes después de la muerte de Julio Anguita, salvando las distancias. No fueron pocos quienes se pusieron a elogiar a Pablo Iglesias, mientras que no fueron capaces de mostrar el más mínimo gesto de solidaridad cuando se le atacó personalmente sin descanso, cuando los fachas hacían guardia a las puertas de su casa, cuando se pusieron a funcionar a pleno rendimiento las cloacas del estado para desprestigiarlo a él y a su partido, cuando se amenazó a su padre y a su madre, a su compañera, a sus hijos... Entonces no abundaron las muestras de solidaridad por parte de sus adversarios. Machacaron a Iglesias hasta la saciedad, nunca ningún líder político sufrió esa persecución en la historia reciente española. Y esto representaba y representa un auténtico aviso a navegantes: "a ti te puede pasar lo mismo si te metes en política". Es muy peligroso lo que hemos vivido durante demasiado tiempo: aún con mentiras, aún con malas artes, te podemos machacar. Esa era la idea que la ultraderecha se encarga de transmitir día sí y día también.

Parece que Pablo Iglesias está de vuelta. Después de estos meses de descanso y de silencio mediático voluntario, vamos conociendo algunos detalles de las responsabilidades que va a ir asumiendo, a nivel académico y mediático: investigador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), colaborador de una tertulia radiofónica en la emisora RAC1... Los medios de ultraderecha se han dedicado durante semanas a expandir rumores falsos sobre su vida personal y familiar, cosa que demuestra, una vez más, el miedo que sigue infundiendo la figura de Iglesias a aquellos poderes fácticos que han cortado el bacalao en España desde la noche de los tiempos. No únicamente por ser quien es, sino también por lo que representa colectivamente. Que le pregunten si no también a Yolanda Díaz, por ejemplo.

Con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y errores, nadie podrá negar nunca que Pablo Iglesias fue un protagonista fundamental en los cambios políticos que se han producido en los últimos años en nuestro país: fin del bipartidismo, entrada de la izquierda alternativa en el gobierno de la nación, etc. Y repito: porque pese a sus errores, que los cometió, tuvo éxito en determinadas decisiones estratégicas. Cosas que nadie vio él sí. Cuando nadie daba un duro por la constitución de un gobierno de izquierdas, él apostó fuerte y se salió con la suya, superando adversidades también en el interior de su formación política. La izquierda no puede permitirse el lujo de perder la intuición, la influencia y la inteligencia de Pablo Iglesias. Y no me cabe duda de que él es consciente de quien es, de qué representa colectivamente y de su responsabilidad como destacado exdirigente y, sobre todo, como militante. Porque siempre se comportó como tal, como un militante, con sus defectos y sus virtudes. Y apostaría a que seguirá siéndolo y no se resignará a ser un jarrón chino. Porque lo mamó desde la cuna. Seguramente su último servicio al proyecto colectivo, dejar la vicepresidencia del Gobierno para salvar la representación en Madrid, fue un servicio militante.

Iglesias nunca ha dejado de ser un activista, y eso no tiene por qué ser necesariamente malo. Porque hay que seguir siéndolo. Siempre, también cuando se ostenta una responsabilidad pública, algo que no siempre es sencillo. Como afirmó Jordi Amat en un artículo en eldiario.es, poco después de la dimisión de Iglesias, "el activista había ganado al vicepresidente". ¿Fue eso necesariamente negativo? Que cada uno responda lo que considere oportuno. Ahora se sentirá libre de ataduras. Quizá eso sí sea indudablemente una buena noticia para las izquierdas.

Durante estos meses de silencio, Pablo Iglesias ha efectuado muy pocos "movimientos" públicamente. En su biografía de Twitter, después de abandonar sus cargos públicos y de partido incluyó la siguiente frase: "You come at the king, you best not miss" ("Si vienes a por el rey, mejor no falles", en español). La frase es del personaje de la serie The Wire Omar Little, quien la pronuncia en el episodio 8 de la temporada 1 para burlarse de quienes han intentado matarle. Iglesias afirmó en la fatídica noche del 4 de mayo que, al margen de los resultados electorales, lo que le llevó a tomar su decisión fue haberse "convertido en un chivo expiatorio", lo que hizo que su "papel para que mejorase la democracia" estuviese "enormemente limitado y movilizase lo peor de los que odian la democracia". Esta cita que hemos comentado antes se puede leer como un dardo envenenado hacia los que celebraron su marcha, su "muerte" política, como los que querían acabar con la vida de Omar Little en The Wire. Todavía está por ver cuál será el papel de Iglesias a partir de ahora. Pero sabiendo que nunca da puntada sin hilo, esta frase de The Wire es significativa. En su actual biografía en Twitter, donde mantiene la cita, también se define como "Caballero jedi según Vallín". Como es sabido, en la saga de La Guerra de las Galaxias los padawan (apredices de Jedi) llevan coleta hasta que se convierten en caballeros Jedi. Sobran aquí los comentarios adicionales.

Una persona que conoce bien a Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, recordaba poco después de las elecciones madrileñas que "asaltar los cielos desde las instituciones es complicado. Se puede mejorar la vida de la gente, sí, pero no es suficiente. Pablo Iglesias deja la política institucional y regresa al asalto a los cielos, un cielo que en esta etapa tendrá más del Show de Truman que de El cielo puede esperar... Una abría los ojos y lo otro era una historia ñoña que nos entretenía, pero no nos ayudaba a salir de la mentira... Pablo Iglesias regresa a la política". Palabras de Monedero, hace casi cuatro meses. Recuérdenlas y estén atentos, porque Iglesias seguirá haciendo política. De la de verdad. Es su responsabilidad militante y no dudo que la ejercerá.