Otras miradas

¡Que vienen los terroristas!

Afganos evacuados por Italia llegan a Roma este sábado 28 de agosto. EFE/EPA/EMANUELE VALERI

A principios de esta semana, antes de los atentados en el aeropuerto de Kabul, en mitad del éxodo afgano retransmitido con éxito de ratings televisivos maridado con nuestra culpa y la espectacularidad de un deadline que era más dead que nunca, llegaba la noticia de que entre los refugiados tal vez se había colado un terrorista y empezaron los titulares y los análisis interesados sobre como esta tragedia humanitaria puede traer terrorismo islámico a Occidente, a Europa. Y, entonces, se encogió un poco más el alma europea o sin nacionalidad precisa. 

Porque es descorazonador que Von Der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, tilde al contingente español como "ejemplo del alma europea en su máxima expresión", cuando lo que hemos hecho es tan ínfimo. Porque lo que ha hecho nuestro gobierno por los afganos es poner una tirita en mitad de una hemorragia inmensa en un momento en el que nadie –nadienadie en Europa, ni en ninguna parte– quiere hacer ni eso, aunque el presidente del Gobierno lo llame "misión cumplida". 

Cuando escribo estas líneas han llegado 2.206 afganos a suelo patrio, cuando en 1992 acogimos a 25.000 bosnios y Alemania, en 2015, a un millón de sirios. 

¿Qué alma europea espantosa es esta que se conforma cada vez con limosnas más pequeñas para pueblos que viven circunstancias parecidas a las que vivimos aquí no hace tanto tiempo? 

¿Qué mezquindad gigantesca hay detrás de que nos preocupe el terrorismo aquí cuando solo el 2,5% de los ataques terroristas mortales de los últimos años han ocurrido en occidente, según un estudio de la BBC que compila los datos del Global Terrorism Database?

En 2020 se registraron 2.350 atentados yihadistas en el mundo, 23 en suelo occidental; 9748 víctimas mortales fruto de esos ataques, de las que solo 19 cayeron en países occidentales, según el Anuario del Terrorismo Yihadista 2020 elaborado por el Observatorio Internacional de estudios sobre Terrorismo (OIET). ¡19 víctimas de yihadismo en suelos nobles el año pasado! ¡Seguro que murió mucha más gente en occidente de un macetazo! Sin embargo, ante el desastre absoluto para treinta y ocho millones de afganos solo se nos ocurre gritar: ¡que vienen los terroristas! SOS.

Estos números cuentan que "la guerra contra el terror" es un negocio de dimensiones planetarias que ha demostrado que solo sirve para decirle a los yihadistas contra quiénes no deben meterse ni un poco. Mientras en occidente sigamos centrados en nuestro ombligo, el yihadismo seguirá ganando terreno y su amenaza será cada vez mayor. Y esto parece tan de cajón como que estas democracias de encuestas pueden llevarnos a horrores impredecibles y planetarios. 

Porque Biden se va de Afganistán porque su opinión pública ya no apoya el gasto que supone. Europa ya no acepta refugiados porque la ultraderecha está ganando terreno y los gobiernos no quieren arriesgarse a engordarles ni a perder escaños. Aquí, en casa, las autonomías reclaman que les manden urgente a sus afganos y mejor si son mujeres. La Comunidad de Madrid incluso se declara discriminada porque no le han entregado ya a nadie de su cuotita. Mientras, hay más de 1.000 niños en Ceuta y 2.500 en Canarias que ninguna comunidad quiere ni reclama. 

Europa el año pasado rechazó el 50% de las peticiones de asilo de afganos. Según el Banco Mundial, ya antes de este abandono, el 45% de su población sufría desnutrición y necesitaba alimentos. En Afganistán la mayoría de las mujeres no han vivido mucho mejor en 20 años de invasión norteamericana que con los talibanes. El 80% de sus mujeres son analfabetas, el 75% soporta matrimonios forzosos, el 50% son víctimas de violencia de género en sus familias, las cifras de agresiones sexuales –incluso por parte de las fuerzas de seguridad del estado– son incalculables, según las ONG que trabajan en el terreno. 

España aceptó el 70% de las peticiones de asilo que le llegaron de este país en el mismo año, pero es que no es aquí donde más piden ir los afganos. Los que huyen siempre buscan los países donde hay comunidades de los suyos asentados. 

España solo aceptó el 5% de todas las peticiones de asilo recibidas en 2020, mientras la media europea es del 33%, según el informe de CEAR, la comisión española de ayuda al refugiado.  

Sí, resumiendo: el mundo, incluida España, es un asco. Pero, ¿cómo vamos a ser capaces de acabar con los infiernos lejanos cuando no somos capaces de acabar con los cercanos? ¿Qué soberbia, qué ceguera nos lleva a creernos capaces? ¿Qué ilusa esperanza colectiva alimentamos cada vez que llega un nuevo punto de inflexión, cada vez que todas esas sangrías constantes se vuelven hemorragias de tales dimensiones que los que mandan se ven obligados a poner algunas tiritas empujados por nuestra piedad de salón?  

En España, en 2020, más de 12 millones de personas, el 25% de la población, se encontraba en pobreza o en riesgo de pobreza o exclusión social, según el informe sobre el índice AROPE, elaborado por EAPN, European Anti Poverty Network. Las últimas cifras que he encontrado de Eurostat, la oficina de estadísticas de la Unión Europea, dicen que casi una cuarta parte de los europeos, más de 100 millones, viven también al borde o en el abismo, aunque haya un ídem entre las pobrezas del primer mundo y las de los otros.    

La desigualdad obscena es la madre de todos los males y también habita entre nosotros. "La guerra al terror" es solo otra máquina infernal con la que hacer dineros gigantes, otra manera de posponer lo trascendente, otra forma de hacernos mirar hacia otra parte. Mientras nos asustamos/asustan con el ¡que vienen los terroristas! no pensamos en lo impensable: cómo, de verdad, arreglar las cosas.