Otras miradas

No, Madrid no es España

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, al inicio del pleno de la Asamblea de Madrid.- EFE/Juan Carlos Hidalgo

Ahora que están sobre la mesa los presupuestos de la Comunidad de Madrid para 2021 es oportuno rescatar aquellas arrogantes declaraciones de Isabel Díaz Ayuso en las que afirmaba que "Madrid es España dentro de España" o que "tratar a Madrid como al resto de las comunidades es muy injusto". Con este alarde de orgullo centralista albergábamos la esperanza de unas cuentas que diera sopas con hondas al resto de comunidades. Vanas esperanzas. ¿Dónde sitúan estos presupuestos a Madrid? ¿Dentro de España? ¿Fuera? ¿Arriba? Despejo incógnita: Madrid no está ni dentro, ni fuera, ni arriba de España: está debajo. La región más rica de España y una de las más prósperas de Europa encabeza también el ranking de pobreza, desigualdad y segregación, y con unos servicios públicos cada vez más deteriorados.

Me voy a centrar en el gasto educativo. Éste no llega al 3% del PIB en la Comunidad de Madrid, cuando la media nacional se sitúa en el 4,25%. Es, con diferencia, la región que menos gasta por alumno en toda España: 4.727 euros al año frente a los 5.779 euros de media, más de mil euros de diferencia, que se dispara a más de cuatro mil euros si nos comparamos con la comunidad que más gasta, que es el País Vasco, con 9.298 euros por alumno y año. Así se explica que Madrid sea la región española con peores datos en segregación escolar, con las ratios más altas, donde más dinero de su bolsillo se ven obligadas las familias a gastar en educación y donde se ha despedido a más docentes durante la pandemia. En contraste, es la segunda comunidad que más dinero regala a la concertada.

Con sus nuevos presupuestos, Díaz Ayuso sigue cavando el hoyo donde se empeña en meter a Madrid. Un agujero social cada vez más profundo. Mientras tanto, su Gobierno se echa flores y celebra el gran aumento en inversión educativa, que cifran en un 15,7%. No se engañen. Descontando la inflación del 4,7% y teniendo en cuenta que el 4,3% de los fondos viene de Europa y del Gobierno central, el aumento estructural se queda en un  6,7%, un porcentaje irrisorio que no sirve para recuperar la inversión perdida tras décadas de recortes.

Sin ir más lejos, sólo han presupuestado el 60% de la demanda de Formación Profesional, de manera que de los 136.000 estudiantes de FP actuales los presupuestos de este año contemplan solamente 81.000 alumnos. Abandonan así al 40% de jóvenes madrileños que quieren formarse, a los que arrojan o a la precariedad o a los precios abusivos de la educación privada. Tampoco han incluido en sus presupuestos la segunda y tercera fase de centros educativos que llevan años en obras, dejando a su alumnado otro año más en barracones. Y la subida de ratio que prometieron no se traduce en plazas nuevas, porque si bien han anunciado 3.140 plazas nuevas en educación infantil, primaria y especial, las matrículas han crecido en 15.562 alumnos y alumnas en el último año.

Entonces, si no se baja la ratio, ni se contratan más docentes, ni se construyen más centros, ¿adónde va el dinero?

Para empezar, 1.164 millones se regalan a la privada vía conciertos educativos. Exorbitante cifra que va en aumento, exactamente un 10% más que la de los presupuestos de 2019. Igualmente, de los 151 millones que se dedican a becas una gran parte va directamente a la privada (cheque guardería, cheque FP, becas de segunda oportunidad), en un descarado trasvase de dinero público hacia las empresas privadas. Privada, privada y más privada, ahí es donde acaba una parte cada vez más grande del dinero que sale de los bolsillos de toda la ciudadanía. También acaban en la oficina de la presidenta regional, que aumenta un 18% el gasto en asesores y un 19% los sueldos de altos cargos. Qué pena que nuestros impuestos financien la propaganda de Ayuso, la misma propaganda de la que se sirve para denostar la educación pública.

Con estos presupuestos no hay futuro. Son una involución hacia una ciudad más desigual, más privada y menos formada. El Madrid que quiere construir Ayuso no es España, es un territorio entregado al egoísmo y a la reacción, y punta de lanza del poder privado en nuestro país.

Pero Madrid, que no se nos olvide, es también la ciudad de quienes llevamos décadas luchando por una educación pública de calidad, diversa y equitativa, que llegue a cada familia y a cada barrio y reivindicando todos los recursos necesarios para lograrlo. Seguiremos defendiendo la educación pública. Contra viento y marea.