Otras miradas

Los presupuestos de Madrid bailan Capoeira

Guillermo Zapata

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida (i), y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (centro), durante una visita a la escuela regional de tauromaquia ‘José Cubero Yiyo’, a 16 de diciembre de 2021, en Madrid (España). - EUROPA PRESS

El miércoles por la mañana supimos que Vox iba a a rechazar y presentar una enmienda a la totalidad al proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno municipal del PP y Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid. Contrasta la posición de Vox en el Ayuntamiento con el acuerdo llegado a la Comunidad de Madrid, donde el gobierno de Ayuso tiene garantizado el apoyo con una impronta mínima de la extrema derecha en algunas medidas cosméticas. Ha quedado fuera del acuerdo la derogación de las leyes trans y LGTBIQ, iniciativas de VOX que el jueves mismo decaían tras la abstención del PP en un debate en la asamblea.

Para entender estos aparentes contrastes tenemos que mirar un poco más atrás, al momento en el que Almeida sacó adelante la derogación de Madrid Central (esta semana, por cierto, Madrid volvía a niveles tan altos de óxidos de Nitrógeno que han sido necesaria restricciones a la movilidad en coche).

La derogación se llevó a cabo con cuatro votos del recién aprobado "Grupo Mixto" del Ayuntamiento de Madrid. La constitución del grupo, recurrida en los tribunales por parte de Más Madrid por tratarse de una anomalía institucional inédita y aún pendiente de la definitiva resolución judicial, llegaba justo a tiempo para conseguir la mayoría necesaria. De esta forma se modificaban las mayorías nacidas de las elecciones de manera artificial. Aquel día Vox descubrió que podía oponerse a las políticas de Almeida sin que eso supusiera paralizarlas, y Almeida descubrió que podía seguir marcando perfil propio sin depender de forma sistemática de Vox. Ese día se inauguró un camino que sigue sin cerrarse.

La relación del alcalde con el recién creado grupo mixto quedaba definida de forma clara en una intervención en el pleno del 26 de octubre en la que Almeida se expresaba de la siguiente manera: "Ustedes cuatro no son solo comodines para mí, sino que son tremendamente cómodos (...) Son ustedes el comodín, pero no van a elegir ustedes cuanto utilizarlo, ya lo elegiré yo".

La doble relación se explica también por la pelea interna que vive el Partido Popular en estos momentos y en la relación que Vox tiene con ella y con el nuevo ciclo político.

Hay que tener en cuenta para ello una secuencia de acontecimientos también anterior al momento presente. El ciclo político anterior se abrió en las elecciones andaluzas de diciembre de 2018 y se cerró con las generales de diciembre del 19. Este ciclo en el que estamos se abrió, muy probablemente, con dos elementos. El gobierno de coalición entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y la victoria de Ayuso en las elecciones adelantadas en Madrid de mayo de 2019. Entre las elecciones andaluzas de 2019 y las generales del año siguiente Vox subió en Andalucía más de 400.000 votos. Fundamentalmente de la descomposición del espacio político de Ciudadanos. En Madrid, sin embargo, dicha descomposición ha ido íntegramente hacia Ayuso.

La pelea entre Ayuso y Casado tiene un aliciente para Vox. Si Casado no se ve como un líder con posibilidades de victoria, es posible que una parte del votante que ha oscilado entre el PP y Ciudadanos y Vox empiece a confiar más en Vox. Para eso es necesario que Ayuso siempre parezca tener el viento a su favor y que el resto de los y las líderes populares (y muy especialmente Almeida, que no en vano es portavoz nacional del Partido Popular) parezcan incapaces, inoperantes y dependientes de Vox.

Es decir, los gobiernos madrileños están encerrados en una dinámica interna pensada fundamentalmente para las elecciones generales. Un problema, por otro lado, típicamente madrileño. ¿Cabe pensar que esas dinámicas pasaran factura de alguna manera a alguno de los grupos políticos que las protagonizan? Me temo que muy probablemente no, en la medida en que son dinámicas internas de bloques con bases de votos muy consolidadas. Por eso, más allá de entender cuáles son las dinámicas que están operando, el nulo interés por Madrid como territorio que hoy por hoy demuestran tanto Vox como el PP, la cuestión es si en torno a esos juegos de capoeira en los que unos y otros parecen pelearse, pero en realidad no se tocan, es posible conformar una mayoría social nueva y distinta.

En mi opinión no es posible. A principio de legislatura se planteó una opción en torno a un proyecto institucional de mayoría distinta, en el que Más Madrid votaba a favor de un gobierno PSOE-Ciudadanos. Una realidad que Ciudadanos no aceptó y que ha terminado por hundirle. Al fin y al cabo, la capoeira es para dos.

Desencajar Madrid de las tensiones y dinámicas del congreso de los diputados, las ambiciones del gobierno de España, etc. sigue siendo una tarea esencial para conformar mayorías sociales diferentes. Es una tarea difícil porque, entre otras cosas, no existe una esfera pública de debate, discusión, información explícitamente madrileña. España son los medios de Madrid y eso hace que, paradójicamente, mientras toda España siente (con razón) que sólo se habla de Madrid, de Madrid no se está hablando casi nunca.