Otras miradas

Transversalidad para ganar España

Naiara Davó

Diputada de Unides Podem en les Corts

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, interviene en la reunión en el Ministerio de Trabajo y Economía Social, a 22 de diciembre de 2021, en Madrid, (España).- Carlos Luján / Europa Press

La victoria de Boric en Chile ha supuesto un plus de fuerza para cerrar un 2021 en el que se han cosechado muchísimas victorias de la izquierda en cada una de las elecciones generales que se han ido produciendo: Perú, con un cambio de sentido histórico tras décadas de gobiernos de la derecha neoliberal, Honduras y, más cerca de nosotras, Noruega y Alemania. En estos últimos, victorias de la socialdemocracia que han configurado, por primera vez en 60 años, un mapa de gobiernos socialdemócratas en el norte y centro de Europa. Pese a que guste hablar de ofensiva reaccionaria, lo cierto es que se han contado todas las elecciones a escala estatal como victorias de la izquierda.

Si en Chile se cierra un año impresionante para las fuerzas progresistas, la victoria tiene un añadido simbólico. Fue en Chile donde los Chicago Boys hicieron un laboratorio neoliberal en los 70 y 80. Es en Chile donde nace y puede que donde muera, el neoliberalismo más dogmático. Más allá de esta dimensión, Boric ha ganado apelando a una transversalidad política, rehusando hacer una campaña a la contra de Kast en un sentido "anti". La afirmación en positivo de la comunidad y de las esperanzas de un pueblo diverso han sido la piedra angular sobre la que ha pivotado toda la campaña. Y, en España, Yolanda Díaz está decidida a emprender este camino.

Una imagen: el encuentro entre Yolanda Díaz y el papa Francisco. Una reacción: Macarena Puentes, secretaria de comunicación del PP Comunidad de Madrid, tildando el encuentro de cumbre comunista. A la derecha española le ha escocido y mucho el encuentro entre la Vicepresidenta y Bergoglio, al que Abascal llama "ciudadano". Está claro que, si de batallas culturales se trata, esta ha sido una ganada por la izquierda. La derecha española es tan sectaria que es capaz de convertirse al evangelismo si el catolicismo recupera su vertiente de ayudar a los pobres y los desamparados de la Tierra.

Hay muchas lecciones que extraer de este movimiento. La primera: pese a lo que dicen muchos agoreros, somos capaces de dar batallas culturales inteligentes, arrinconando a la derecha en una esquinita. España es un país culturalmente católico, aunque ya no sea muy creyente. Politizar de esta manera la religión es un error de su parte: "no es de los míos, dejo de ser católico". Enric Juliana lo señalaba hace poco en un artículo, la influencia de la derecha ultra latinoamericana empieza a ser determinante en la derecha española. Una derecha latinoamericana que no dudó en alejarse del catolicismo cuando éste no servía a sus propósitos. Parece que a VOX y al PP no les parecería descabellado seguir por ese camino.

La segunda lección es la necesidad de abrir el campo político al otro. Yolanda Díaz ha reforzado sus atributos de gobernabilidad, dibujándose como una presidenta capaz de hablar y dialogar con todos. Es más, también la han reconocido como una presidenciable, validando su liderazgo desde fuera. El diálogo será muy importante en una época en la que todas buscamos más cuidados, más palabra y menos polarización y enfrentamientos violentos. Se buscan certezas porque estamos en una época más fría, una nueva época marcada por una pandemia que trastocó profundamente nuestras vidas y nos demostró nuestra fragilidad.

La tercera lección del encuentro, la transversalidad no es ocupar un centro político inexistente, ni ceder demandas. La transversalidad es una práctica política que aspira a situar las demandas que atraviesan a las distintas identidades prefijadas en la centralidad, para construir una nueva identidad popular y capaz de ser hegemónica.

Se lo oímos a Yolanda Díaz hace un par de semanas: la sanidad pública no es ni de izquierdas ni de derechas. No le falta razón, si en algo consiste el espacio público y los derechos es que no se pregunta por tu carnet de partido para atenderte en un hospital. Tampoco se pide tu afiliación sindical para disfrutar de las vacaciones que ganaron sus luchas. Una idea importante que tenemos que recuperar y poner en valor es que luchar por la transformación social y por ampliar derechos se hace para todas las personas, sin excepción.

La transversalidad también va de eso. De levantar puentes donde hay trincheras ideológicas, religiosas o partidistas. Atravesar el campo del rival nunca es sencillo, pero si alguien aspira a ser presidenta de un país debe hacerse cargo del conjunto de su pueblo, no solo de una parte.

Por cierto, el trabajo es otra cuestión transversal. Garantizar empleos, condiciones laborales dignas y aumentar salarios es algo a lo que todo el mundo puede adherir, salvo una parte de la patronal y altos ejecutivos que siempre pensarán antes en su bolsillo que en el interés general de un país. Por ello la gestión al frente del Ministerio de Trabajo se está convirtiendo en un aval muy importante ante la gente.

Por último, la plurinacionalidad. Otra visión de España, que escapa al centralismo madrileño, tan protagonista en los últimos años tras una gran sucesión de liderazgos madrileños que, o bien nacieron en Madrid, o bien hicieron carrera en Madrid. Una visión de España pensada desde la periferia, desde naciones históricas (como la gallega) que han formado parte de nuestro país, es la que puede ayudar de forma determinante a la reforma territorial pendiente. Del mismo modo, conecta con muchas personas que también venimos de singularidades territoriales, y que aspiramos a una España que nos reconozca en ella.

Trabajo (laborismo), modelo de Estado (plurinacionalidad) y valores: tres elementos de primera magnitud para aspirar a ser la primera Presidenta del Gobierno. Una aspiración que también casa con un sentimiento que empieza a ser mayoritario: el de ver a una mujer al frente del gobierno de España.

Hay que seguir empujando desde todos los frentes para convertir la esperanza en realidad.