Otras miradas

Vox, el odio contra la clase trabajadora

Sebastián Pérez

Coordinador Provincial de IU en Córdoba | Politólogo

El líder de Vox, Santiago Abascal (i), conversa con el portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 16 de diciembre de 2021, en Madrid, (España).- Alberto Ortega / Europa Press

La aparición de una fuerza política de carácter reaccionaria, neofascista o/y de extrema derecha en España, con capacidad de lograr representación parlamentaria, era vista, hace tan solo unos años, como algo absolutamente alejado de la realidad. Las elecciones andaluzas de 2018 dieron como resultado la aparición de una organización política de esas características, Vox, que obtuvo 12 escaños. A partir de ahí comenzó la expansión por el resto del país. Habría que recordar que este fenómeno se estaba desarrollando en Europa desde finales del siglo pasado y principios del actual con el Frente Nacional de Le Pen en Francia, padre e hija, con Haider en Austria o con Umberto Bossi y la Liga Norte en Italia, etcétera. Mientras tanto, desde España la visión era contemplativa a este respecto. Esa percepción se justificaba bajo diferentes argumentos que servían para explicar que tal proceso no se iba a desarrollar en nuestras fronteras. Algunos de ellos se explicaban con que el final de la dictadura franquista era demasiado reciente y eso provocaba que la memoria colectiva impugnase tal proyecto ideológico y político. Que el Partido Popular había concentrado a todo el espectro ideológico, desde el centro derecha hasta el filofascismo, y eso provocaba el ahogamiento de tales ideas (no debemos olvidar que Vox es una escisión del PP). O que las élites y poderes económicos sustentaban mejor su posición, control y dominación sobre el régimen del 78 y no eran "necesarias" tales ideas y proyectos reaccionarios…

El hecho es que a día de hoy una fuerza política como Vox forma parte de las instituciones democráticas, con capacidad legislativa y normativa y con un discurso e ideas fascistizantes que se expanden. Paralelamente debemos señalar que el proceso de fascistización, en el cual estamos inmersos, no se fundamenta ni puede ser entendido solo en el crecimiento de una fuerza fascista como tal, sino en el proceso de expansión y extensión de la cultura política fascista y en su asimilación por parte de las fuerzas y sectores liberales, conservadores y derechistas y, por ende, su penetración, impregnación e influencia en la sociedad.

Vox es una organización profundamente elitista, oligárquica y antiobrerista. Sus nichos electorales se encuentran mayoritariamente en sectores sociales profundamente conservadores y en altos niveles socioeconómicos. Vox es perfectamente sabedora de que su imagen y su percepción pública se ajusta a su razón de ser. Por ello mismo, conocedores del espacio electoral y sociológico en el que se sitúan y de las limitaciones del mismo, han iniciado un camino para superar esos límites que les permita aumentar su base social para poder crecer electoralmente. Las esperpénticas, vergonzantes e indignantes apelaciones a Federico García Lorca, a Julio Anguita y a los trabajadores del metal de Cádiz o la creación de una filial como Solidaridad, legalmente constituida como sindicato, son la mejor prueba del intento de empezar a ampliar su base social, de penetrar en la clase trabajadora.

Por más que de forma lógica tal movimiento nos pueda parecer histriónico, artificial e ineficaz, estas declaraciones tácticas de los movimientos fascistas y reaccionarios no responden a ocurrencias, ni es algo genuino o reciente. Son acciones que en el pasado utilizaron, del mismo modo que hoy vuelven a realizarlas con una clara pretensión: intentar convertirse en un movimiento de masas. Algunos de esos estrambóticos intentos los podemos ver en la propia Falange, que determinó que su color rojo y negro tenía como objeto el intentar asimilarse a un movimiento de masas y de las clases populares como era el anarcosindicalismo de la CNT, o el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, que tiene su primer nombre en el Partido Obrero Alemán y es fundacional y constitutivamente antiobrerista, anticomunista y antisocialista. Con su nomenclatura pretendía poder acceder a la clase trabajadora y a las masas, que se situaban de forma extraordinaria en el Partido Comunista, en el Partido Socialdemócrata y en el sindicalismo.

Al margen de la consideración conceptual e ideológica del fascismo y las ideas reaccionarias y más allá del proyecto, de las ideas y del discurso de Vox y sus dirigentes (ejercicio intelectualmente complejo), debemos conocer y valorar las decisiones de carácter legislativo que han tomado hacia la clase trabajadora, y qué mejor comparativa que describir el voto de Vox en la sede de la soberanía nacional: el Congreso de los Diputados. Estas son algunas de las decisiones tomadas por Vox:

- Vox se abstuvo en la votación para la aprobación del Ingreso Mínimo Vital.

- Vox se abstuvo en la votación para dotar de más carga de trabajo y declarar la industria de la Bahía de Cádiz y Algeciras como sector estratégico.

- Vox votó en contra de prohibir el despido por causas relacionadas con la covid-19 y de la hibernación de sectores no esenciales.

- Vox votó en contra de la reforma de la revalorización de las pensiones para su aumento.

- Vox votó en contra de la moratoria de la deuda hipotecaria para la adquisición de la vivienda habitual de quienes padecen extraordinarias dificultades para atender su pago como consecuencia de la crisis de la covid-19.

- Vox votó en contra de las medidas para garantizar el suministro energético, de agua y de otros servicios para trabajadores y trabajadoras, familias y colectivos vulnerables.

- Vox votó en contra del decreto ley que prorrogaba los ERTEs y las ayudas extraordinarias a autónomos.

- Vox votó en contra de la igualación de los permisos de paternidad y maternidad. El permiso de paternidad era de 4 meses. Actualmente ambos son de 16 semanas.

- Vox votó en contra de la nulidad de la extinción de contrato en periodo de prueba durante el embarazo. Antes, al ser periodo de prueba, se presumía correcta y sin indemnización.

- Vox votó en contra de la derogación del despido por acumulación de faltas de asistencia justificada. Antes te podían echar por acumular, por ejemplo, 9 días de ausencias por dos bajas médicas de dos meses.

- Vox votó en contra de que ambos progenitores puedan disfrutar del permiso de lactancia. Antes solo lo podía disfrutar uno de los dos.

- Vox votó en contra del registro salarial por sexos.

- Vox votó en contra del derecho a la adaptación voluntaria de jornada por razones de conciliación familiar. Antes este derecho no existía, salvo que apareciera en el convenio.

- Vox votó en contra de la "ley rider", que es la que ha impedido que grandes multinacionales   contraten a trabajadores y trabajadoras asalariadas como falsos autónomos.

- Vox votó en contra del decreto que recogía un plan de ayuda para aliviar los daños provocados por el volcán de Cumbre Vieja en La Palma.

- Vox votó en contra de la Ley de Infancia para proteger a los menores. La ley retrasa la prescripción de los delitos abusos sexuales a menores a partir de los 35 años, quita la patria potestad para condenados por homicidio o maltrato, elimina el Síndrome de Alienación Parental e incorpora el deber de denunciar cualquier indicio de violencia a la infancia.

- En el Parlamento Europeo, Vox votó en contra de "garantizar que los trabajadores de la Unión estén protegidos por salarios mínimos adecuados que permitan vivir dignamente", a través de una resolución sobre la Reducción de las desigualdades, con especial atención a la pobreza de los trabajadores.

Estas son algunas de las muchas decisiones legislativas que Vox ha tomado en el Congreso de los Diputados, muchas de ellas conjuntamente con el PP, que vienen a mostrar sin ambigüedades y con certeza cuál es su proyecto político, ideológico y económico. Datos que definen que es Vox: un proyecto oligárquico, elitista y clasista, constitutivamente antiobrerista y antidemocrático, que promueve una sociedad de desigualdades, explotación y opresión donde las personas con más dificultades y debilidades sociales y económicas, la mayoría social, la clase trabajadora, sean subyugadas, sometidas y dominadas por una minoría acumuladora de riqueza y poder.

Describe la Biblia en su versículo, Mateo 7:15-20:

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis".

La institucionalización de la amnesia, el ocultamiento y la legitimidad del pasado fascista y de los movimientos reaccionarios que ha sufrido nuestro país y nuestra sociedad nos sitúan en unas condiciones excepcionales, que les permiten tener capacidad de generar confusión y, así, penetrar discursivamente.  No podemos mirar hacia otro lado, como si no existiesen o no tuvieran relevancia. Existen, tienen relevancia y son conscientes de ello. Sus ideas, discursos y acciones deber ser confrontadas, desarticuladas y desarmadas. Tienen un proyecto para nuestro país y para nuestra sociedad: un proyecto de odio contra la clase trabajadora.