Otras miradas

Yolanda Díaz o la soledad de la corredora de fondo

María Corrales

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, interviene en una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 1 de diciembre de 2021, en Madrid, (España).- Eduardo Parra / Europa Press

2022 empieza con el acelerón electoral de Pablo Casado. Eso significa que después de dos años de Gobierno marcados por la gestión de una pandemia sobrevenida, volvemos a la carrera sin que Pedro Sánchez controle de nuevo los tiempos. Perder el control en política es siempre una mala noticia para cualquiera. Sin embargo, para un Presidente cuya trayectoria se ha definido por ser un hombre de jugada rápida y mirada corta, está claro que iniciar el año a remolque con tu principal adversario político a los pedales supone algo más que un contrapié.

El líder del Partido Popular sabe que el reloj corre en contra de su análogo socialista. Lo deja claro la última encuesta de 40db que apunta claramente a la desmovilización del voto progresista. Y es que en el proyecto de Pedro Sánchez existe hoy un vacío y es el de la falta de un mito de gobierno, es decir, del elemento unificador que simbolice la dirección, voluntad y justificación de sus políticas nucleares. Este concepto, acuñado por el consultor argentino Mario Riorda, hace referencia a la capacidad de un ejecutivo para crear consensos en torno a sí mismo, siendo el mito la fase superior de un relato cuando este ha sido apropiado por la ciudadanía.

Lejos de la figura del protagonista clásico, el Presidente ha jugado siempre a ser el primus inter pares dentro del Consejo de Ministros delegando en cada ámbito las políticas sectoriales para luego capitalizar algunos de los logros en primera persona. Sin embargo, a día de hoy, lo cierto es que Pedro Sánchez cuenta con apenas tres hitos principales a sus espaldas: la exhumación de Franco, los indultos en Catalunya y el primer tramo del Estado de Alarma. Asimismo, la situación se complica si tenemos en cuenta que la remodelación del Gobierno ha provocado que los nuevos ministros y ministras del PSOE sean hoy absolutos desconocidos según el CIS. Un hecho que dificulta enormemente la capacidad del jefe del Ejecutivo para que nuevas medidas de dichas carteras consigan traspasar la frontera del BOE a la opinión pública.

No obstante, si miramos dos sillas a su izquierda del hemiciclo, hay alguien que sí se ha presentado a la meta de salida de 2022 con su mito de gobierno bajo el brazo. Ese alguien es Yolanda Díaz quién, frente al sprint táctico del Presidente, ha demostrado su capacidad como corredora de fondo y ha empezado el año con tres de sus políticas nucleares sobre la mesa: los ERTEs, la subida del salario mínimo y la nueva reforma laboral. Justamente, dos de las medidas que más apoyo han tenido entre la población según la reciente encuesta publicada en El País.

Esta es una carrera que la lideresa gallega ha llevado por el camino del llamado "nuevo laborismo" y por la banda del diálogo social. Mariano Rajoy ya demostró que la creación de empleo podía ser el eje troncal de la política española en un país con paro crónico. Sin embargo, a diferencia de su paisano, Yolanda Díaz no ha contrapuesto en ningún caso la creación de empleo desde el ámbito privado al Estado Social, sino que ha conseguido situar el Estado como el principal garante de la protección del empleo. Un giro de 180 grados que ha conseguido entroncar la propuesta laboralista de la Vicepresidenta con la corriente de fondo socialdemócrata al alza en Europa.

Mención aparte merece el papel destacado del diálogo social en el avance de dicho mito de gobierno. Y es que, a pesar de la crisis que los sindicatos mayoritarios han vivido en los últimos años, lo cierto es que seguramente estemos hablando del último reducto de la Transición con suficiente legitimidad como para generar consensos más o menos transversales en España. Gracias a ello, la Ministra de Trabajo ha conseguido desplazar su perfil de la bronca parlamentaria para convertir el altavoz del Congreso en un espacio desde el que amplificar sus avances. Todo, frente a los intentos igualmente insistentes de la derecha por desplazar el debate hacia otras cuestiones más incómodas.

Este mapa no ha pasado desapercibido para el Presidente quién desde el minuto uno de la negociación para la reforma laboral intentó colocar a Nadia Calviño en el espacio privilegiado de la concertación social. Asimismo, a nadie se le escapan las declaraciones de estos últimos días en las que Sánchez ha intentado disputar dicha medida como "un logro socialista". Y ojo, porque esta operación discursiva no es menor. Significa que ha habido un cambio relevante en el reparto de posiciones dónde el jefe del ejecutivo ha pasado a anunciarse como parte porque la Vicepresidenta ha conseguido presentarse como el todo.

Si todo transcurre según lo previsible, este debe ser el año en el que el Gobierno se plantee cuál es el horizonte con el que quiere concurrir a las elecciones de 2023. Y digo horizonte, más que legado, porque de lo que se trata es de ofrecer un rumbo de país acorde con las expectativas. Una tarea que necesita de mirada larga por mucho que sus adversarios empujen hacia el cortoplacismo electoral. Por el momento, Sánchez cuenta en su pelotón con el empuje del mito laborista de su vicepresidenta capaz de dibujar para el conjunto del ejecutivo una actualización del socialismo acorde con la nueva ola socialdemócrata. Sin embargo, estamos hablando hoy de la situación en la meta de salida. Y el Presidente sabe que, igual que el protagonista de la célebre película, su corredora de fondo puede decidir en cualquier momento emprender el camino por su cuenta.