Otras miradas

La tesis oculta de Pedro Sánchez: diplomacia neoliberal

Ariel Jerez

Miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos

Ariel Jerez
Miembro del Consejo Ciudadano Estatal de Podemos

¿Qué dicen los candidatos de la economía internacional? ¿En qué medida tienen en cuenta este ámbito en su propuesta económica? En un contexto de profunda crisis, con un modelo productivo que sobrevive precarizando al grueso de los asalariados y con una posición deudora que agrava la vulnerabilidad internacional de España, convendría analizar las propuestas de reinserción de la economía española en el sistema financiero y económico internacional.

Pero a pesar de que es evidente que los procesos de transnacionalización se intensifican condicionando cada vez más las políticas económicas internas de los estados, ni políticos ni medios de comunicación muestran mucho interés en abordar este problema externo con creciente peso interno. La inmensa mayoría de la prensa y de los portavoces políticos siguen presentando las grandes líneas de la política económica europea como dictados tecnocráticos inescapables, sin poner en evidencia sus cerriles y periclitadas orientaciones neoliberales que ni siquiera Estados Unidos hoy ya mantiene.

Sin esta perspectiva es difícil entender cómo se redefine un proyecto de país para salir de la crisis. La tan anunciada regeneración socialdemócrata no parece estar dando muestra de lucidez y coraje frente a las cada vez más extorsivas condiciones impuestas por los "mercados" a las políticas económicas nacionales. En el partido socialista, el crítico Pérez Tapias recriminaba a su líder que utilizase como munición electoral las dificultades del Gobierno de Tsipras en Grecia extorsionado por la Troika.

¿Cuál es la tesis de Pedro Sánchez? La doctoral, presentada en la universidad privada para colgarse una medalla académica para su carrera política, debe ser de dudosa calidad y autoría porque inexplicablemente no es de acceso público. Así que nos tenemos que conformar con la edición compartida con Carlos Ocaña, director general del Gabinete de Miguel Sebastián, un autor negro de lujo que no pierde el tiempo haciendo girar puertas (hoy en nómina de de Florentino Pérez en el Real Madrid, amén de otros consejos de administración de empresas públicas). Publicada en una editorial casi desconocida (Delta) sin embargo fue presentada por todo lo alto con personalidades socialistas como Trinidad Jiménez, Elena Valenciano, Ramón Jáuregui o Eduardo Madina.

Las limitaciones de esta "investigación de urgencia" ya se hacen evidentes en los prólogos. En el del propio Sebastián, otro ministro de Industria que ayudó a que nuestros polígonos se conviertan en centros de logística del comercio chino, se conforma con calificarla de "guía útil" y "buen manual" a pesar de que el libro está centrado en la labor de su legislatura, que sentó las bases del proyecto Marca España. Pero es todavía es más interesante el prólogo "académico" de Patxi Aldecoa, donde se puede ver claramente la incomodidad intelectual con un enfoque economicista sobre la "diplomacia económica". Este catedrático socialista de Relaciones Internacionales insiste una y otra vez en la "indeterminación" de esta noción, "imprecisa", "poco definida", donde "no hay claro acuerdo sobre la conceptualización y delimitación" del "interés económico" del Estado. Tras el reciente caso Wolkswagen, con su criminal engaño ambiental a los consumidores, no creo que en Europa convenga emular alegremente a Wilson, campeón de las puertas giratorias, diciendo que lo que "es bueno para la General Motors es bueno para Estados Unidos". Empieza a estar claro que la sostenibilidad ambiental y social reclama otro tipo de intervención pública, más audaz y valiente para exigir comportamientos más responsables y solidarios a las empresas.

En el libro La nueva diplomacia económica española se reafirman una y otra vez tres tesis neoliberales que insisten, primero, en el papel preponderante que tiene la economía sobre la política, la consiguiente importancia que asumen los actores privados (empresas) en las relaciones internacionales y, por último, que el principal criterio –pareciera en el libro que exclusivo– para evaluar la acción del Estado es su contribución al crecimiento económico. Con esta perspectiva, su definición de diplomacia económica se reduce a "la utilización de la capacidad de influencia política de los estados en favor de sus intereses económicos en los mercados internacionales".

Esta concepción tan sesgada se entiende si atendemos a la deriva neoliberal que lleva gestándose en el PSOE ya desde los años ochenta con el llamado "Clan Minnesota", un grupo de economistas neoliberales que después de trabajar en numerosas entidades privadas como el BBVA, ocuparon cargos importantes en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, especialmente en los ministerios de Economía e Industria. Es en esta época cuando se vuelven a presentar oficialmente como el "Grupo de Economistas 2004", cuya cara más visible será el propio Miguel Sebastián.

De aquí que cabe preguntarse: ¿cuáles son estos intereses económicos de los estados? Y lo que viene afirmar la tesis de Sánchez y Ocaña es que se puede identificar con el de las empresas, las grandes, a las que confía un eventual efecto arrastre de las exportaciones como factor de la recuperación económica. Pero ésta es la ecuación neoliberal más simple, ya fracasada en otras latitudes durante décadas y de la que sólo han logrado recuperarse aquellos países que han logrado promover un papel mucho más activo del Estado en la intermediación económica con los actores privados. Sin una estrategia activa de redistribución, sostenida en una política de I+D+i que oriente un aparato productivo hasta ahora dinamizado a base de burbujas creadas políticamente, la política exportadora sólo puede jugar a la baja (reduciendo salarios y ofertando una mano de obra cada vez más barata a las empresas extranjeras).

En la tesis de Sánchez y Ocaña apenas se rozan temas vitales como la transición energética o el calentamiento global, temas que también son objeto de intensas negociaciones diplomáticas. Contemplan la Cooperación al Desarrollo como mero instrumento económico, al punto de poner como ejemplo nada menos que a China, que utiliza el CAD Fund para consolidar su presencia en África. Contra todos los principios de las ONGD que apuestan por la coherencia de políticas de las instituciones públicas, que deben ser consecuentes con los valores de democracia, justicia social y respeto por los derechos humanos. Pero es que Sánchez y Ocaña mencionan con total soslayo el entramado económico de Naciones Unidas, un espacio institucional clave donde buena parte de los funcionarios de nuestro servicio exterior participan del reordenamiento económico internacional en organismos multilaterales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial del Comercio, o la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura.

La tesis oculta es que la diplomacia económica que plantea Sánchez se limita a poner a trabajar la administración pública para las empresas que, con la excusa de la imagen exterior, se convierten en las protagonistas excluyentes de la Marca España. Pero una vez más no son las PYMES que representan el 99% del tejido empresarial, ni el mundo de las ONG de Desarrollo y de Derechos Humanos, la España real, la que no está representada por la España oficial. Son las del IBEX 35 que participan en el Foro de Marcas Renombradas, y las que hacen girar sus puertas para sentar sus políticos en sus consejos de administración. La actual Marca España es un instrumento exclusivo de un selecto club de empresas. Con su perspectiva intelectual acrítica e indolente, Pedro Sánchez parece estar esperando su oportunidad de participar en él.