Otras miradas

Giorgia Meloni y la desdiabolización del posfascismo italiano

Jaime Bordel Gil

Politólogo. Coautor de 'Salvini & Meloni: Hijos de la misma rabia'

Giorgia Meloni, en un programa del canal Rai 1 el pasado 21 de enero, con Salvini al fondo RICCARDO ANTIMIANI / EFE

Este fin de semana, Fratelli d’Italia (FdI), el partido dirigido por Giorgia Meloni, celebró una convención nacional que supuso el pistoletazo de salida para la candidatura de su presidenta a liderar la derecha italiana. El mensaje es más claro que nunca. Sin Salvini, sin Berlusconi, y en un feudo de ambos, Milán, Meloni hizo toda una demostración de poder y una declaración de intenciones para los próximos meses.

A la cabeza de muchas encuestas y con un Matteo Salvini que podría empeorar sus resultados electorales de 2018, Meloni y su equipo saben que es el momento, y desde hace meses llevan poniendo en marcha un proceso de desdiabolización que pretende llevar a la líder de FdI al Palacio Chigi. Un proceso similar al llevado a cabo por Marine Le Pen en Francia que va encaminado a mostrar una imagen más presidenciable de la líder de FdI.

En el acto de este fin de semana todo estuvo perfectamente orquestado para proyectar esta nueva imagen de Meloni. Desde el eslogan del congreso - "Italia, energía por liberar. Independencia, libertad, crecimiento" - hasta los temas a los que más atención prestó en su discurso de cierre. A diferencia de eventos anteriores, la inmigración y la familia pasaron a un lugar secundario, ocupando apenas un par de minutos de los más de 50 de discurso. La líder romana comenzó hablando de Europa, de una reconversión industrial centrada en fomentar productos "made in Italy", lanzó mensajes a empresarios, trabajadores y propietarios, se opuso a las restricciones de la pandemia clamando que los italianos "no querían ser chinos" y dejó el que puede ser uno de sus grandes eslóganes para los próximos meses: "Nosotros somos navegantes, no surfistas". Meloni comparó a los políticos actuales con surfistas, que sortean los acontecimientos como si fueran olas que tienen que surcar. El problema, para la líder de FdI, es que "estamos viviendo una tempestad, y en una tempestad no puedes surfear entre las olas". Por eso, según Meloni, los miembros de FdI no son "surfistas que se dejan dominar por los acontecimientos, sino navegantes, porque no quieren surcar las olas, sino dominar el océano". Un mensaje potente acorde tanto a la coyuntura política de la derecha italiana como a los tiempos que atraviesa la nación. En una época más incierta que nunca, Meloni no solo quiere capitanear la derecha italiana, sino ser quien maneje el barco de una nación que según ella se encuentra a la deriva.

Una carrera de fondo

Pero, ¿Cuánto tiempo lleva Giorgia Meloni recorriendo este camino? Hay quien diría que desde agosto del 2019 cuando Salvini tiró abajo el gobierno Conte I y empezó a caer en las encuestas, pero lo cierto es que en Fratelli d’Italia hay una serie de ideas fuerza que llevan presente desde antes del reciente éxito de Giorgia Meloni. La solidez ideológica, el no exponerse a los juegos de palacio de la política italiana, o la potencia de un liderazgo femenino a la hora de interpelar a las mujeres, son algunos de estos principios que llevan presentes desde hace años en el discurso de FdI. Ya en 2016 Meloni reivindicaba frente a Berlusconi, su rol como mujer y como madre, después de que el líder de Forza Italia dijera que Meloni no podría ser alcaldesa de Roma y madre al mismo tiempo. En esta ocasión lo utilizó frente a la izquierda, a quien acusó de ser una hipócrita y relegar a las mujeres a puestos secundarios mientras se le llenaba la boca con la palabra igualdad.

La líder romana también reivindicó en su discurso de clausura el hecho de ser el único partido que organizaba un evento de estas características. Unas jornadas cuyo objetivo era desarrollar un programa completo para el partido, con conferencias, mesas redondas y grupos de trabajo enfocados a distintos temas como Europa, la familia el medio ambiente o el crecimiento económico. Y es que lo cierto es que, aunque Fratelli no esté inventando la pólvora organizando un congreso de partido, sí es la formación italiana que más importancia le ha dado a la batalla de las ideas.

Desde hace décadas, el espacio heredero del neofascista Movimiento Social Italiano lleva organizando eventos de este estilo cada año como es el caso de Atreju, y siempre ha dado mucha más importancia que otros partidos a sus bases programáticas. Ya en 2017 FdI celebraba en la ciudad de Trieste un congreso del cual saldrían sus bases ideológicas de los años siguientes, conocidas como "Las Tesis de Trieste". Un documento que defiende líneas muy parecidas a las que FdI sigue defendiendo hoy y que sorprende por la cantidad de citas y referencias que contiene. En sus páginas se hablaba de modernidad líquida, se criticaba a Sartre, y se citaba a figuras que van desde un discípulo de Heidegger como Hans Georg Gadamer, a líderes históricos como De Gaulle o Garibaldi, a escritores como Dostoievski o el defensor de las teorías del reemplazo Jean Raspail, y a figuras de la actualidad como Eric Zemmour. Algo bastante sorprendente, teniendo en cuenta el nivel de elaboración teórica de otros líderes recientes de la derecha italiana como Salvini o Berlusconi, que en los últimos años simplificaron al máximo los programas de sus partidos.

Esta solidez ideológica, según Meloni es la que hace de su partido el más fiable y coherente de todo el hemiciclo, algo que no dudó en recordar en su intervención en Milan. Además, la líder de FdI habló explícitamente de la principal consecuencia de la "coherencia" de su partido: su no entrada en ningún gobierno nacional. FdI pudo entrar tanto en 2018 con Salvini y el Movimento 5 Stelle como en el actual gobierno Draghi, pero eligió quedarse fuera en ambas ocasiones. Meloni sabía que gobernar con sus adversarios podía minar su imagen y someter al partido a duras contradicciones, así que eligió quedar fuera en ambas ocasiones aun a riesgo de caer en la irrelevancia. Unas decisiones que en su momento tuvieron sus detractores pero que a día de hoy vistas las tendencias de Meloni y Salvini parece que fueron las adecuadas.

Meloni también aprovechó para reivindicar el rol de FdI como oposición al gobierno Draghi, se reafirmó de la decisión de haber permanecido fuera del gobierno, y avisó que de cara al 2023 no entrará en el ejecutivo a cualquier coste. "Nosotros solo vamos al gobierno si los italianos nos envían al gobierno a hacer lo que ellos quieren que hagamos. No nos venderemos por interés personal". Lo que podría traducirse más bien como "solo entraremos en el gobierno si estamos en una posición lo suficientemente cómoda como para poder aplicar nuestro programa". El objetivo sigue estando claro: asumir las menores contradicciones posibles y seguir siendo "la única líder que siempre hace lo que dice".

El orgullo

Otro de los puntos más interesantes del discurso de Meloni fue su apelación al orgullo. Un orgullo que iba más allá del orgullo nacional y que se refería especialmente al orgullo de ser de derechas y defender sus ideas. La líder de FdI señaló que tenían la responsabilidad de representar a miles de italianos que por décadas se ha considerado que "tenían menos derechos por no ser de izquierdas" y a los que se ha condenado a ser mayoría silenciosa. Una afirmación cuestionable, si tenemos en cuenta que en el siglo XXI la izquierda y la derecha han gobernado el mismo número de años, que la política italiana ha estado durante décadas dominada por el Berlusconismo, y que los medios de comunicación llevan años siendo un altavoz idóneo los discursos antiinmigración. Por no hablar de que la derecha lleva décadas haciendo leyes sobre materias de las que se lamenta continuamente, como la ley de inmigración del año 2002, conocida como ley Bossi-Fini porque fue redactada por los líderes de los dos partidos de la derecha radical (Lega y Alleanza Nazionale) bajo el segundo gobierno de Silvio Berlusconi.

Este ostracismo que según Meloni sufren los ciudadanos de derechas no es ni mucho menos real, pero apela a un sentimiento que reina desde hace tiempo en parte de la ciudadanía italiana. El desamparo en un mundo cada vez más difícil de comprender y en el que Italia no parece tener capacidad suficiente de intervenir sobre su propio destino. Ese "volver a ser grandes" en un mundo cada vez más convulso impregna todo el discurso de Meloni. Desde el sentirnos orgullosos de nosotros mismos, hasta el desarrollar una estrategia industrial basada en el "made in Italy". En cada frase de su programa Meloni le recuerda a los italianos que son únicos y que el declive nacional se debe a la mediocridad y el complejo de inferioridad de los gobiernos de la izquierda. Ser capaz de dar respuesta a estos anhelos será una de las grandes tareas del centroizquierda si no quiere ponerle el país en bandeja a Meloni.

En medio de esta tempestad, Meloni quiere ser quien capitanee el maltrecho barco italiano. Un barco que podría dirigirse a aguas como las checas o las polacas, dos países que a día de hoy son los principales aliados de FdI tras el distanciamiento con la Hungría de Orban en los últimos meses. No obstante, aún queda mucho tiempo para las elecciones de 2023, donde Meloni tendrá opciones, pero no será ni mucho menos un camino de rosas. No sería la primera vez que un favorito naufraga en las aguas italianas antes de llegar a buen puerto.