Otras miradas

Más violencia machista pero aquí no pasa nada

Ana Bernal Triviño

Agentes de la policía científica en el domicilio de Tarancón, donde este lunes una mujer, de unos 40 años, ha sido asesinada, en un nuevo caso de violencia machista. EFE/ José del Olmo

Trece asesinatos este año, 1.139 desde 2003 pero aquí apenas pasa nada. En los asesinatos machistas quien nunca es responsable son las mujeres. Pero cuando, desde los medios, preguntamos qué ha pasado para que el sistema fallara y quién es responsable, no hay respuesta salvo el silencio. 

Esta semana tres menores de dos, cuatro y cinco años han visto cómo su padre asesinaba a su madre, que se llamaba Ouardia. Cuentan los vecinos que ya habían escuchado gritos en la vivienda otras veces anteriores, que en esta ocasión traspasaban aún más las paredes pero, al final, ninguno alertó a la Guardia Civil a tiempo. Una vez cometido el asesinato fue el agresor quien se personó ante el cuerpo. 

Dicen también que, en otra ocasión, la víctima tuvo que recluirse en casa de una vecina. A la misma vez, en una entrevista en TVE, la responsable del Instituto de la Mujer de Castilla La Mancha comenta que esta mujer hacía uso de esos servicios pero que, de haber sabido su situación porque ella lo hubiese trasladado, la hubieran derivado a una de las casas de acogida. Un periodista añadió que el agresor seguía viviendo con ella y los hijos. Y sí, seguramente seguiría con él porque después de hablar y de denunciar hasta dos veces, la justicia y los servicios de atención la dejaron sola. Porque en una de esas denuncias consiguió una orden de alejamiento que luego fue anulada porque él quedó absuelto. 

No sabemos el motivo, puede ser desde falta de pruebas a que ella se echase atrás en su testimonio pero tanto en la justicia como en el Instituto saben que una mujer, por mucho que retire su testimonio, no puede pasar de tener un riesgo alto a un riesgo inexistente, porque el maltratador no cambia de opinión de golpe ni la violencia es una enfermedad con cura. El propio Instituto debió de estar aún más alerta en su caso, tras esta resolución judicial y siendo inmigrante, porque sabemos que tienen aún más dificultades no solo en la denuncia sino en otras cuestiones por su situación económica más precaria. 

Estos días leía la carta que la madre de Sara, una joven asesinada en Tenerife en 2019, ha publicado en un medio de comunicación. En ella dice que "como madre de una víctima de violencia de género no puedo entender que a día de hoy las familias tengamos que luchar en los juzgados para que estos sujetos sean condenados por asesinato.  Estamos hablando de sujetos que, en la mayoría de los casos, después de años de maltrato físico y psicológico, cuando estas mujeres intentan rehacer sus vidas, las vigilan, las acosan, las controlan y, en el momento de mayor indefensión, las asesinan. Tras esto, vemos que, en la mayoría de los casos, estos sujetos llegan a los juzgados acusados de homicidio". Aquí es el fiscal quien pedía ser juzgado por homicidio doloso. 

Y ayer mismo, también leímos que un menor de 13 años está en la UCI con graves daños cerebrales después de ser golpeado por su padre por no ducharse. Luego hemos sabido que ese padre ya fue condenado por violencia de género, con pena de prisión y quebró una orden de alejamiento armado con un cuchillo. En cambio, seguía teniendo este contacto con su hijo. El padre ni siquiera avisó a los servicios sanitarios tras la agresión, sino que esperó a la mañana siguiente cuando estaba inconsciente. Además, dijo a los médicos que fue el propio hijo quien se cayó y se golpeó, aunque ya saben que las lesiones no se corresponden con el relato del padre, ahora en prisión provisional. El pequeño tiene ahora dificultad para comunicarse. La madre dice que antes de quedar inconsciente el menor le mandó un mensaje de Whatsapp con un emoticono de un niño llorando. Era su última forma de decir qué sentía sin poder hablar.

Y me pregunto cuántas madres de hijos e hijas acuden a los servicios sociales y a la justicia y son ayudadas, pero cuántas otras quedan a la deriva, cuántas otras son encima señaladas de malas madres, cuántas otras tienen que seguir hablando por sus hijas maltratadas y ya asesinadas en los juicios, cuántas otras han advertido y siguen dando detalles… y cuántas palabras vacías y cuánto silencio al otro lado, de un sistema que sigue sin dar respuestas que salven sus vida