Otras miradas

Ser cabeza de león para ganar a Ayuso

Carolina Alonso

Portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (c), se fotografía momentos antes del inicio de la tradicional corrida Goyesca del 2 de mayo, con toros de la ganadería de El Cortijillo, este lunes en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid. EFE/ Chema Moya

Hoy se cumple un año del irresponsable capricho electoral de Ayuso para eliminar a su socio de gobierno. En un momento crítico de la pandemia, con el cansancio acumulado durante los meses más duros, el PP escondió sus cadáveres en el armario y ganó con la vaga promesa de libertad y poco más. Cambió a la veleta naranja por el partido de ultras y caciques trasnochados. La jugada le había salido redonda.

En esta vuelta al sol podemos confirmar que sus cantos de libertad han desaparecido y lo que queda es la cruda realidad: la Comunidad de Madrid como epicentro español de la corrupción, menos democrática, más empobrecida, y con unos servicios públicos tremendamente debilitados.

Cuando presumía de libertad ¿Se refería a tener que esperar 15 minutos un metro? ¿A que te den cita en el médico de familia con dos semanas vista? ¿A mantener las urgencias cerradas y despedir a 6.000 sanitarios? ¿A dejar sin plaza pública de FP a 25.000 jóvenes? ¿A despedir 5.000 profesores y volver a masificar las aulas? ¿A trampear las listas de espera? ¿A recortar el gasto social mientras crecen las colas del hambre? ¿A tramitar una ley para recortar en control democrático? ¿A asaltar Telemadrid? ¿A no tomar ni una medida para aliviar el impacto de la guerra de Ucrania? ¿O a dar contratos a dedo a su hermano Tomás? Dime de qué presumes…

Pero todas estas decisiones no han sido fruto de la casualidad y la coyuntura, son meditadas y tienen dos objetivos concretos: el primero, profundizar en su modelo depredador que consiste en reducir los servicios públicos a la mínima expresión, aunque, por supuesto, sin renunciar a regar de dinero público a familiares y amigos; el segundo, la confrontación contra el Gobierno de coalición, el enemigo que le queda después de haber pasado por el machete pandillero a todos sus rivales.

Eso sí, todo ello aderezado de "buena prensa", es decir, gozar de la propaganda de medios y tabloides afines, y pasarle la factura al contribuyente. Nada menos que 27 millones y medio de euros al año. Por ese módico precio no importa que hayas beneficiado a tu hermano o le hayas dado 1,5 millones a un amigo de la infancia, la víctima eres tú y tu reputación está asegurada.

En este aniversario constatamos, cifras mediante, que la victoria de Ayuso ha sido la derrota de los madrileños. Y que en 365 días ya no le caben más muertos en el armario. Queda tiempo y existe una oportunidad de recuperar la Comunidad de Madrid pero es necesario que nos preparemos desde ya con inteligencia colectiva para la siguiente contienda electoral.

Venimos de una derrota sin paliativos donde Ayuso ha sumado más escaños que las tres fuerzas de la izquierda. Tanto Más Madrid como Unidas Podemos hemos mejorado los resultados, pero no ha sido suficiente. En un contexto galopante de desafección —alimentado por la estrategia made in Ayuso de instalarse en la crispación y la bronca para no hablar de su pésima gestión— es momento de que aprendamos de los errores e innovemos.

Debemos empezar a tocar teclas nuevas para ilusionar y eso pasa por pensar el espacio político del cambio en relación con la gente. Se trata de construir un sujeto cualificado que sustituya las fracturas entre fuerzas hermanas que solo benefician a la derecha. No es la unidad en vacío, es la construcción de un proyecto que tenga ambición por ganar. Porque si seguimos repitiendo las mismas fórmulas, si seguimos dispersando fuerzas, obtendremos resultados similares. Y sí, tal vez podamos subir algunos escaños pero desde luego no habremos armado un proyecto ganador capaz de mandar a Ayuso al rincón de pensar, junto a Casado. Necesitamos ambición, porque ningún votante quiere ver a una fuerza política conformarse con ser cabeza de ratón, ni cola de león, pudiendo ser una cabeza de león cualificada para ganar las próximas elecciones.

Esta vez la cosa no es como hace un año. Sabemos la fecha y tenemos tiempo para hacer algo diferente, pero necesitamos la voluntad de no querer conformarnos, necesitamos soñar a lo grande. Vamos a hablar de proyecto y de gestión, vamos a hablar de la alternativa que ya existe en los municipios donde gobernamos, vamos a hablar de Madrid para sumar. Los madrileños merecen algo más que a una radical de la corrupción como presidenta y se lo vamos a dar.