Otras miradas

Olona, el fraude y “efecto Dunning-Kruger”

Luis Ángel Hierro

Exparlamentario Andaluz por el PSOE (VI legislatura)

Macarena Olona, candidata de Vox a la presidencia de la Junta de Andalucía, arranca la campaña electoral este jueves en Granada. EFE/Miguel Ángel Molina

Que Olona es un fraude político en su condición de candidata a la Junta de Andalucía es una evidencia irrefutable. Imaginémonos un sevillista quisiera ser presidente del Betis, un pastor protestante que quisiera ser Papa de la Iglesia en Roma, o un ruso quisiera ser presidente de Ucrania. Pues exactamente eso es Olona para Andalucía, una persona que quiere representar a los andaluces/as para destruir sus instituciones. Nada más que por eso, Olona es un fraude político.

Pero Olona también es un fraude por su ignorancia de Andalucía. Afortunadamente, en democracia, cualquiera puede aspirar a acceder al gobierno, pero es obvio que si no has pisado una tierra, nada más que alguna que otra vez de vacaciones, no estás capacitada para dirigir las instituciones de esa tierra. Olona tendrá suerte si sabe dónde están Dos Hermanas o Algeciras, pero si le preguntáramos dónde está Aguilar de la Frontera se pondría blanca y si le preguntamos dónde está Santa Barbara de Casa, Canena, Pueblo Blanco, Valle de Abdalajís o Cortes y Graena, entonces le daría vueltas la cabeza como a "la niña del exorcista". No os voy a decir si se le pregunta por la historia del 28F o sobre dónde se produce en Andalucía mobiliario de frío industrial. La realidad es que Olona de Andalucía no tiene ni pajolera idea, por eso también es un fraude.

Es más, hasta la venta que hace Vox de la candidatura de Olona es un fraude. Vox ha vendido que mandan a Andalucía a una crack (en el país de los ciegos el tuerto es el rey) pero en realidad la candidatura de Olona se debe a que Vox no tiene a nadie en Andalucía que genere el más mínimo liderazgo. En las últimas elecciones Vox tenía al frente a Francisco Serrano, un juez expulsado de la carrera y ahora investigado por fraude en subvenciones, y tras su huida no encuentran a nadie que dé la talla. La escasez de capital humano de Vox en Andalucía es tal que han tenido que recurrir a una "paracaidista", lo que en política se llama "cunera", para resolver ese problema de liderazgo. Pueden tener por seguro que, si Vox no participa en el gobierno de la Junta o no consigue la presidencia del Parlamento, Abascal le buscará otro destino en las próximas elecciones municipales y autonómicas y Olona será la candidata a la presidencia andaluza más efímera de la historia.

No obstante, no son de esos fraudes los que ocupan mi interés. Esos los resolverán los/as andaluces/zas votando. Mi interés en el "caso Olona" se centra en cómo la ley permite que, mediante el engaño, una persona que no tiene derecho a ser candidata lo sea.  Olona se ha empadronado en Salobreña firmando un documento público, la ficha de empadronamiento, en el que dice residir en una vivienda de la que no tenía ni la llave del portal. ¿Ha mentido al firmar la ficha? Obviamente sí. ¿Ha mentido con el fin de tener un derecho de sufragio pasivo del que no dispone? Sí. ¿Sabía que con su firma estaba mintiendo? Sí. Pues bien, con esa mentira consciente, Olona se ha apropiado de un derecho que legalmente no le pertenece, el de concurrir a las elecciones andaluzas. Cualquiera a quien se le pregunte sobre el asunto te dirá que eso es un fraude y la mayoría pensará que incluso debería perseguírsela penalmente, porque cuando te apropias de algo que no es tuyo te llevan ante la justicia, pero en España lo que ha hecho Olona no es delito.

No soy jurista, y si me equivoco pido disculpas, pero después de repasar el código penal he comprobado que en España mentir a la Administración no es delito. Existe el delito de falsedad documental, pero es cuando alteras un documento no cuando mientes en el documento; existe el delito de estafa, pero es cuando engañas para obtener un beneficio económico no en otros casos; existe el delito de fraude fiscal, pero es cuando engañas en la declaración de impuestos y dejas de ingresar a hacienda; existe el delito de falso testimonio, pero es cuando un testigo miente en un procedimiento judicial; y existe el fraude electoral, pero es cuando intentas manipular las urnas o los resultados de unas votaciones. Lo que no existe es un delito por mentir en una declaración oficial a la Administración. Traducido: haces una declaración oficial falsa y te vas de rositas.

Pero es aún peor, no es que no te sancionen, es que te pillan robando el carrito de los helados y te dejan que te lo lleves a casa. En efecto, en este país mentir en un documento a la administración no determina la nulidad del acto administrativo. El acto no es nulo, es anulable, por lo que, mientras no se produzca la anulación por el Ayuntamiento de Salobreña, el empadronamiento de Olona es legal. Ha sido apoyándose en esta particularidad jurídica como la Junta Electoral granadina ha resuelto a su favor. Andaluces Levantaos, ha intentado el recurso contencioso-administrativo por acto en fraude de ley, al parecer única forma de intentar conseguir la nulidad judicial, pero curiosamente el tribunal lo ha inadmitido por estar fuera de plazo, a pesar de que la fiscalía avalaba que estaba en plazo. O sea, que el sistema le va a permitir a Olona conseguir un derecho del que legalmente no dispone. Primera conclusión, por tanto, hay que modificar la ley para que los actos administrativos basados en una declaración oficial falsa del solicitante sean nulos de pleno derecho.

La segunda conclusión del "caso Olona" es que hechos políticos de este tipo son lo suficientemente importantes como para sancionar aquellos que los cometen. El resultado de unas elecciones también se manipula colando en las instituciones a quien no tiene derecho de sufragio pasivo, por eso debemos reformar la ley para que el delito electoral comprenda no solo a comportamientos ilegales en la votación y recuento sino también en la presentación de candidaturas.

Una última cuestión, a la "paracaidista" Olona la han dejado caer en Andalucía, una tierra de la que no tiene ni idea, y el lanzamiento le ha producido lo que se conoce "efecto Dunning-Kruger", la "arrogancia del ignorante", de forma que en lugar de ser prudente y humilde, la han pillado birlando derechos, en un ataque de soberbia se ha lanzado a denunciar a la alcaldesa de Salobreña, montando un teatrillo en la puerta del Ayuntamiento. Teatrillo que tiene el mismo soniquete que el de Cristina Cifuentes cuando la pillaron en el asunto master, y si no juzguen ustedes mismos.

Pdta.: Sra. Olona ¿Que diría Ud. sí, por ejemplo, a un búlgaro le concedieran la nacionalidad española porque hubiera mentido en sus años de residencia y se presentara para presidente del gobierno de España? Pues eso es Ud.

En Andalucía lo diríamos con un poco de guasa: ese es un "guiri trilero".