Otras miradas

Colombia: cambio, ¿de qué?

Alfredo Serrano Mancilla

La vicepresidente electa Francia Márquez (izq.) saluda al presidente de la Comisión de la Verdad, el sacerdote Francisco De Roux, en la presentación del informe final de la Comisión de la Verdad, hoy en Bogotá (Colombia).- EFE

Ni el tipo de cambio se ha duplicado ni la economía se ha quebrado. Ningún gran banco se ha ido del país, ni petrolera alguna. Los propietarios continúan conservando sus propiedades y los que estaban condenados por delitos permanecen en las cárceles. Y, por supuesto, Colombia sigue siendo Colombia y no ese país al que se alude siempre en toda campaña electoral.

¿Significa eso que el nuevo Gobierno de Petro será lo mismo? Definitivamente, no.

El uso frecuente de la palabra ‘Cambio’ puede llevar a equívocos por dos razones.

Una, porque este término suele ser utilizado superficialmente en muchas campañas electorales a modo de eslogan y, en consecuencia, se acaba quedando en eso, en un significante vacío para usar y tirar.

Dos, porque un determinado sector opositor (mediático y partidario) lo aprovecha para meter miedo aplicando un libreto ya por todos conocido. Es decir: si gana el candidato del Cambio, siempre y cuando sea progresista, entonces llega el Fin de todo y el Inicio de la Era del Horror.

El Cambio no es lo uno ni lo otro.

Recuerdo que en el libro Nuevo Examen de la Desigualdad de Amartya Sen (Premio Nobel de Economía), se plantea la necesidad imperiosa de identificar la ‘variable focal’ a la hora de realizar cualquier tipo de análisis sobre la desigualdad que pretenda ser preciso y riguroso. ¿De qué? Esa es la pregunta a la que hay que responder para saber a qué tipo de desigualdad nos estamos refiriendo.

Algo similar ocurre con el Cambio.

Cambio, ¿de qué?

No será un Cambio de todo, pero tampoco de nada.

Hay ejes muy claros marcados en campaña, y también antes de ella. El ahora presidente electo no habla nunca en modo curvilíneo. Cuando le preguntan algo y no tiene la respuesta, suele decir ‘lo estoy pensando’. Y, por el contrario, aunque la pregunta sea muy comprometedora, si tiene una reflexión cerrada al respecto, entonces, sin duda, lo expone sin titubeos ni filtros.

El pensamiento político y económico de Petro pivotea sobre determinados ejes de Cambio que son, precisamente, aquéllos por los que ha sido respaldado con esta votación histórica. Y digo histórica porque siempre es mucho más determinante lo que se logra en primera vuelta que en segunda (Petro logró 8,5 millones de votos, lo que ningún otro presidente obtuvo).

La Paz, la Vida y el Amor componen indudablemente el nuevo triángulo de gravedad del cambio que se viene en Colombia. Y no se trata de un lema sin contenidos. Petro lo ha expresado como la base esencial de todo. El ‘entendimiento’ entre sectores diferentes es la única vía para edificar lo que se viene. Y, de manera inédita, seguramente dará muestras de ello con un Gabinete Amplio, en el que quepan muchas piezas de una Colombia muy diversa. Inclusive con personalidades con las que no coincide ideológicamente (salvo uribistas). Sin embargo, esto no significa que Petro se convierta en ‘un presidente de centro’ ni tampoco que acabe naufragando en un mar lampedusiano donde todo cambia para que nada cambie. No. En absoluto. Petro aboga por el Acuerdo Nacional, pero entendido éste como Herramienta y no como un Objetivo en sí mismo.

El fin de los privilegios es, tal como lo plantea y practica AMLO en México, la manera más justa y eficiente para comenzar a ‘organizar la casa’ en cualquier país. Petro lo ha manifestado de mil maneras; por ejemplo, en relación a los bancos que especulan y ganan a costa de la pérdida de la mayoría; a las exenciones tributarias que únicamente gozan unos pocos; a unos fondos que se aprovechan de los planes de pensiones. Todo esto cambiará, aunque una minoría proteste y haga tal cantidad de ruido que parezca una mayoría.

El ambientalismo y el feminismo son dos dimensiones que diferencian el progresismo que propone Petro de otros en América Latina. Tampoco son banderas de campaña electoral. Vienen de lejos. En lo primero, no se saltará etapas, pero tampoco dejará de transitarlas. Es consciente de que no hay ningún software que permita salir del extractivismo de la noche a la mañana. Lo ha explicado, aunque haya sido descaradamente tergiversado por cierta prensa conservadora. Se ha reunido con Ecopetrol y hay más coincidencias en ese plan de transición energética de lo que parece. Será otro cambio, aunque lento.

En lo segundo, su feminismo no es impostado. De hecho, lo va fraguando lentamente. Su propia hija, Sofía Petro, así lo ha dicho públicamente: "mi padre está en un proceso de deconstrucción". Y esos procesos son los más sólidos. Los que van desde el lugar de partida hasta el de llegada, y no aparentan partir desde un lugar en el que no estás. A ciencia cierta, será un Gobierno con más equidad, pero no solo en las formas sino también en el fondo.

La soberanía en política internacional será otra arista del Cambio que se viene en Colombia. Petro lo demostró desde la primera hora en una doble llamada el mismo día a Maduro y Biden. El mensaje fue claro: no voy a obviar la importancia de Estados Unidos, pero tampoco voy a subordinar el interés nacional a lo que me dictaminen desde el Norte en relación a un país vecino con el que tengo más ‘cotidianeidad’ que con cualquier otro. A este primer punto habría que sumarle otro: su decidido latinoamericanismo.

El Estado Colombiano de Bienestar será el gran reto del Cambio para dejar atrás una suerte de mercantilización excluyente en materia de derechos sociales. Educación, salud, vivienda y pensiones formarán el cuadrilátero social imprescindible para que la gente en Colombia viva bien. En esta tarea, el Estado ha de estar presente, y eso definitivamente será otro gran diferencial.

La relación con la prensa es otro componente de la nueva manera de hacer política que se viene. Petro es muy propenso a conversar con los medios afines y no afines. No es de los que rehúye el debate y la discusión. Ese será otro Cambio.

A todas esas líneas hay que sumarle una clave transversal del Cambio. Se llama Francia Márquez, su vicepresidenta. Que además de su valor simbólico, por lo que es y representa, trae consigo una corriente de pensamiento colectivo que aporta bases y matices sustanciales. Ella delinea un campo del Cambio muy auténtico y genuino, que no solo tiene asidero en su biografía, aunque también. Sino que marca horizonte, pone los puntos sobre las íes y constituye una garantía de inclusión real, de esas que se logra reivindicando y no callando. Y, ciertamente, será una voz-alerta cada vez que algunos factores de poder procuren maniatar esas ansias de transformaciones que tiene la sociedad colombiana.

En definitiva, atender al ‘de qué’ es la única manera de comenzar a dotarle de vida propia al Cambio, y de evitar caer en tópicos y lugares comunes. Entender el cambio que se viene también exige entender su tempo, su mientras tanto, sus tensiones, su montaña rusa, porque jamás de los jamases todo se hace en un día, ni en dos, ni en tres. Eso sí: la ciudadanía tiene una expectativa muy alta del Cambio que se necesita, con respuestas urgentes ante cada necesidad, y esas han de ser prioritarias, como, por ejemplo, que la gente tenga condiciones de vida dignas cuanto antes.