Otras miradas

Las reglas de la ética periodística y el caso Ferreras

Ramón Soriano

Catedrático emérito de Filosofía del Derecho y Política. Universidad Pablo de Olavide, Sevilla

Cabecera de Al Rojo Vivo
Cabecera de Al Rojo Vivo

La libertad de información es un derecho fundamental constitucional, que por su repercusión social es algo más que una libertad de las personas, y por ello la jurisprudencia constitucional la considera como una institución protectora de uno de los valores constitucionales, el pluralismo político. Tan importante era el pluralismo para nuestros constituyentes, comprensible tras cuarenta años de satanización de los partidos políticos por el franquismo, que lo colocaron nada menos que en el artículo 1.1 de la Constitución, que por su relevancia y constante olvido por los profesionales público-estatales y privados de nuestro país viene bien recordarlo: "España se constituye en Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores del ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político".

Sin libertad informativa no hay pluralismo y sin pluralismo no hay democracia. Por eso el caso del periodista García Ferreras, ahora tan vivo en la opinión pública, es tan importante, porque en él están concernidos ambos, el pluralismo político y la democracia. Daña a la libertad de información -derecho fundamental e institución pública según el Tribunal Constitucional- y derivadamente al pluralismo y la democracia. Porque la libertad de información no es la del sujeto activo o informante, sino especialmente y sobre todo la del sujeto pasivo o destinatario de la misma, el ciudadano, que tiene todo el derecho de una información veraz para construir su propia opinión y ejercer el derecho al voto. Quien daña a la libertad informativa, daña la libertad del voto del ciudadano y daña en definitiva a la democracia. De ahí que sea tan importante el caso Ferreras, al que a continuación trato desde el punto de vista de la ética periodística, materia propia de los profesores de filosofía del derecho, moral y política, que tiene la singularidad de atravesar las coordenadas de las tres especialidades -jurídica, moral y política- de la filosofía práctica.

El caso Ferreras es un caso de libro, un excelente ejemplo de caso práctico para ser explicado en clase, conectando las vicisitudes del caso con las reglas de la ética periodística. Veamos.

1.- Regla primera de la ética periodística: las idóneas, fiables y honestas fuentes de información.

El caso parte de una conversación del periodista Ferreras con el comisario Villarejo perteneciente a la UDEF, y Casals, delegado de una de las empresas del duopolio de comunicación de nuestro país, Atresmedia, y presidente del diario "La Razón", conocido por sus relaciones con el PP. Fíjese el lector en los participantes: un periodista, un policía y un alto empresario de una de las dos grandes empresas que mantienen el duopolio audiovisual en España. Se sabía que Villarejo era un comisario de bajos fondos en 2016, año de la conversación, a la que se refieren los audios publicados por Crónica Libre; poco después en 2017 sería detenido y entraría en prisión.

Luego el periodista ha vulnerado la primera regla de la ética periodística, porque sus fuentes de información no eran ni idóneas ni fiables ni honestas por razón de su procedencia.

2.- Regla segunda de la ética periodística: la revisión y contraste de la información obtenida.

Lo expresa el mismo periodista sin lugar a dudas, refiriéndose a que acoge un asunto burdo para publicarlo en su medio. Le dice a Inda, director de OK diario, transmisor de la noticia: "Inda, voy con ello, pero es demasiado burdo". El asunto no es moco de pavo: se trata de informar en el canal televisivo Al rojo vivo, de la Sexta, dirigido por Ferreras, de que el secretario general del partido político Podemos, Pablo Iglesias, tiene una cuenta en el paraíso fiscal Islas Granadinas, en la que ha depositado 272.000 euros el Gobierno venezolano del presidente Maduro. Pero el periodista ni revisó ni contrastó la noticia antes de publicarla y difundirla en su programa de gran audiencia.

El periodista vulneró la segunda regla de la ética periodística.

El contraste de una noticia es quizás el deber más relevante de los profesionales de la información. Desgraciadamente estamos asistiendo a un aluvión de noticias falsas de los medios de comunicación de todo tipo. Parece como si se hubiera puesto de "moda" dedicar una atención mínima, o ni eso, al necesario contraste. Y ello a pesar del perjuicio enorme que puede producir la información falsa en las personas, colectivos e instituciones. Porque la noticia falsa provoca un daño ya irreversible. Máxime cuando los medios que la publican y/o expanden no suelen hacerse eco de la falsedad de la misma, una vez comprobada. Ahora bien, hay dos motivaciones de la falta de contraste de la noticia: negra y blanca. La primera tiene lugar cuando no se contrasta por imposición del director/propietario del medio. La segunda cuando es el periodista quien no le dedica a la noticia la dedicación y tiempo que necesita el desvelamiento de su veracidad. Indudablemente el primer ejemplo es más grave. Pero el segundo no libra de responsabilidad al informante.

3.- Regla tercera de la ética periodística: la valoración de las consecuencias y resultados de la publicación de las noticias.

El periodista, al tanto de todo lo que pasa en nuestro país en la esfera pública, era consciente del enorme daño que la noticia produciría, de ser falsa, tanto a la persona del líder del partido, Iglesias, como al partido político Podemos, como en último lugar y más importante a la adulteración de las elecciones legislativas generales inminentes de 2016, ya que figuraba Podemos en las encuestas como segundo partido, sorpassando al PSOE. Directamente, sin pausa, la publicó y difundió. E invitó repetidas veces al primer transmisor de la noticia falsa, el pseudoperiodista Inda, a que participara como tertuliano en su programa Al rojo vivo, permitiéndole difundirla con su característica jactancia.

Es difícil precisar a cuántos votantes afectó la noticia, a cuántos les haría cambiar su voto favorable a Podemos en las elecciones de 2016. Pero es razonable pensar que una noticia de este calado, la perversión ética de un partido que acepta y oculta dinero del odiado presidente venezolano Maduro, debieron de caer como una bomba en iniciales votantes de Podemos, que como consecuencia de la noticia le retiraron su favor.

El periodista infringió la tercera regla de la ética periodística en un asunto de especial gravedad.

4.- Regla cuarta de la ética periodística: asunción de responsabilidad y necesaria explicación pública ante la transmisión de una noticia falsa.

Si un profesional de la información comete un comportamiento indebido, como es la publicación y/o propagación de una noticia falsa, debe hacer frente a las consecuencias ¿De qué manera? Explicando su actuación públicamente y asumiendo su responsabilidad en el mismo medio, al menos, donde se publicó la noticia falsa. Y lo tiene que hacer en la forma y el tiempo que corresponden al comportamiento indebido y en función de las expectativas generadas en la audiencia. Pero Ferreras despachó el asunto en siete minutos en su programa Al rojo vivo de tres horas de duración. Se limitó a decir que él no transmite una noticia "a sabiendas de que es falsa". Programa en el que a cualquier asunto de poca monta y mucho menor calado se le dedica un tiempo muy prolongado. Es más: el dañado por la noticia falsa, Iglesias, cuyo daño es ya irreversible, ha ofrecido el podcast que dirige para una explicación de los hechos, sin interrupciones. No ha habido respuesta.

El periodista ha vulnerado la cuarta regla de la ética periodística.

5.- Una reflexión final. El caso Ferreras no es únicamente el caso de un periodista. Es el caso de un alto número de medios de comunicación de España, que sin contrastar la noticia, y conociendo su procedencia y el enorme perjuicio que podía producir a un partido político y sobre todo a sus posibles electores (entonces varios millones), fueron muy rápidos en difundirla y propagarla. El periodismo en España tiene una gangrena: la facilidad de la transmisión de las noticias sin comprobación y la ausencia de la disculpa del medio cuando se comprueba que es falsa la noticia que propagó. ¿Cuántos medios que difundieron la falsa y gravísima noticia que nos ocupa han asumido ahora su responsabilidad pidiendo disculpa? Prácticamente ninguno.

El periodismo español debería seguir el ejemplo de otros países de democracia avanzada, ya que seguro que a estos irresponsables periodistas se les llena la boca hablando de nuestra democracia plena, y promover una Comisión de Ética periodística seria, con estatutos, procedimientos, garantías y sanciones. No podemos seguir con una extrema desregulación jurídica de los medios de comunicación. Nos va mucho en ello.