Otras miradas

Loli alguna vez tuvo suerte

Andrea Momoitio

Andrea Momoitio

"Tú también tienes que ver
que nunca tengo mi papel.
Nube gris, riega todo el jardín,
todo el jardín,
todas las flores que no probé"
Valiente
Vetusta Morla

El día que Érica me contactó supe que teníamos ante nosotras una gran historia. Su abuela, Manuela Martín Quijada, más conocida como Loli, había sido trabajadora sexual. Más tarde supimos que, además, había dedicado gran parte de su vida al tráfico de drogas. Loli había crecido en Moratalaz, Madrid, pero anduvo de acá para allá. Gran parte de su vida la pasó en Bilbao, en mi barrio, en San Francisco. Érica me contactó después de leer Lunática, el libro en el que cuento cómo se gestó una huelga de prostitutas en 1977 a partir de la muerte en prisión de la joven María Isabel Gutiérrez Velasco.

Pensó que era muy probable que su abuela y mi protagonista se conociesen. No hemos encontrado ninguna evidencia, pero, tras algo más de un año siguiendo las huellas de Loli, sabemos que es más que probable. Al menos, ambas vivieron en el mismo barrio, se dedicaron al mismo oficio y fueron víctimas de las mismas leyes de represión franquistas. Ni Loli ni María Isabel cumplieron nunca con el ideal de mujer que impusieron la dictadura y el nacionalcatolicismo.

La primera pista que encontramos de Loli la hallamos en Santander, la ciudad en la que creció María Isabel. Es una sentencia publicada en el Boletín oficial de la provincia de Santander, de diciembre de 1972. Entonces, Loli tenía 25 años. El juez declara que está más que probado que se dedicaba al ejercicio de la prostitución y que tenía "mala conducta". Cuentan que era una mujer "de constitución normal" y que, "sin defecto físico ni psíquico, ni enfermad orgánica alguna" se venía "dedicando últimamente a la prostitución, careciendo de otros ingresos que no sean los que obtiene del comercio carnal con su propio cuerpo".

El Ministerio Fiscal entendía que Loli ejercía habitualmente la prostitución, supuesto que se recogía la ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, por lo que solicitó su "internamiento en un establecimiento de reeducación para un año" –en teoría, en Alcázar de San Juan, Ciudad Real, hubo uno para prostitutas–; "sumisión a la vigilancia de los delegados y prohibición de frecuentar los bares de la calle San Pedro de Santander"" –la calle en la que se ha ejercido tradicionalmente la prostitución en la ciudad– "por tiempo de tres años".


Pero Loli alguna vez tuvo suerte.

El juez entendió que, efectivamente, era una mujer de mala conducta, pero alegó que no entendía que "del simple hecho del ejercicio de la prostitución brote inevitable e inseparablemente la peligrosidad social". Argumentó que, más allá de demostrar que era trabajadora sexual, debía poder argumentarse que era un peligro para la sociedad. Loli tuvo suerte, sí: fue absuelta.

Es probable que no tener "defecto físico ni psíquico, ni enfermedad orgánica alguna" le ayudase. Esta valoración era parte del trabajo de los médicos forenses adscritos a los juzgados de Peligrosidad Social. Había que llevar a cabo una "investigación antropológica, psíquica y patológica del sujeto a expediente, mediante dictamen pericial médico".


Bartolomé Nadal Moncadas, por ejemplo, era el médico forense del juzgado de Peligrosidad y Rehabilitación Social de Palma de Mallorca. En una entrevista con el profesor Andrés Nadal Cristóbal aporta algunas claves imprescindibles para entender cómo funcionaba esta ley. Él dice que "si bien en un principio había sido una ley que había intentado la rehabilitación, finalmente se convirtió en una ley punitiva". Cuenta, además, que era utilizada para aumentar la dureza de las penas: "Se aplicaba junto a los cargos de pequeños robos o pequeños delitos repetitivos, por los cuales no se podía procesar casi a los delincuentes".

En teoría, esta ley no contemplaba penas, sino medidas de rehabilitación. En teoría, se decretó la apertura de diferentes centros especializados en cada una de las conductas perseguidas, en diferentes rincones de la geografía del Estado español. Nadal cuenta que "era una ley especial que sometía a una rehabilitación en lo que se llamaban casas de templanza pero como estas no existían, aunque la ley las contemplaba, la supuesta rehabilitación se hacía en la cárcel".

"Técnicamente no era una condena, sino una rehabilitación, pero en la práctica se estaba recluido en la cárcel. Esto daba mucho miedo a los delincuentes, surgiendo la expresión me han aplicado la gandula como derivación de vago, gandul, gandula, en suma ley de Vagos y Maleantes de gran tradición, sustituida por la de Peligrosidad". En el preámbulo de la ley de Peligrosidad Social, abolida en 1995, se recogía que la aspiración era "corregir a sujetos caídos al más bajo nivel moral. No trata esta Ley de castigar, sino de proteger y reformar". Menos mal que, aquel día, Loli tuvo suerte.


Después, todo fue a peor, la verdad. Mientras esperaba la resolución del juicio estuvo en libertad condicional, aunque pasó los primeros días en prisión. No fue la primera vez que estuvo presa, ni mucho menos. Pero no quiero hacer ningún spoiler. Si queréis conocer más detalles de sus buenas y malas fortunas, lo hemos contado en Lunáticas. Es una serie de cinco capítulos del podcast De eso no se habla, de Isabel Cadenas Cañón, en coproducción con Producciones del KO.

 

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