Opinion · Punto y seguido

Kurdos: hombres conseguidores con bellas mujeres armadas detrás 

Un nuevo actor político irrumpe en el caótico escenario de Oriente Próximo: los kurdos, y eso a pesar de su milenaria presencia. Además del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) y del lamentable papel que está jugando el Gobierno Autonómico del Kurdistán Iraquí (GAKI), los kurdos sirios, que gracias a una calculada retirada del ejército de Bashar Al Assad en julio de 2013, cuyo objetivo era enredar a su gran enemigo turco, pasaron de vivir en un espejismo de autonomía a una situación a la que se añade hoy, y desde Kobani, más incertidumbre en el preocupante estado de la región, que no para de ir a la deriva.

¿Quiénes son los kurdos?

Posibles descendientes de los Qardu —comunidad nombrada en una tablilla sumeria de hace 5.000 años—, o quizás como plantea su mitología, hijos de los Gord (“corpulento, fuertes”), guerreros Medo-arios que habitaban las tierras iraníes, y que se salvaron de la matanza de Zahak, un sanguinario conquistador de Babilonia. Hablan además del kurdo —de la rama iraní de las lenguas indoeuropeas—, los idiomas oficiales de los estados donde habitan hoy. En Irak, Turquía y Siria profesan, mayoritariamente, un Islam suní, y en Irán también chií, y siempre con fuertes huellas de los credos preislámicos de Zaratustra, Izadí, budismo y judaísmo.

El término Kurdistán (stán, del verbo astán «estar, lugar de hábitat») aparece en 1150 como provincia iraní cuya capital era Ecbatana (Hamadan), urbe que alberga la tumba del Ciro El Grande. En el siglo XVI, Irán pierde buena parte del Kurdistán en la guerra con los otomanos. Es también cuando empezó el proceso de disolución de los principados semiautónomos kurdos en ambos lados, gracias a un fuerte centralismo de sus gobiernos: el último en 1847 en el Aldo turco.

La desintegración del imperio otomano en la Gran Guerra fue seguida del reparto de sus poblados por los colonialistas europeos entre Turquía, Irak y Siria, a espaldas de sus gentes,  y a pesar de que les prometieron asignarles también un Estado. La fundación de la URSS y en su seno la creación del Kurdistán rojo —donde por vez primera los kurdos pudieron investigar sobre sus orígenes, su lengua, credos, etc.— no  significó mejorar su situación en los estados nacionales seculares en Irak, Siria, Turquía o Irán.

Tuvo que acontecer otra guerra imperial con un nuevo reparto de las zonas de influencia en el año del derrumbe de la URSS para que la cuestión kurda volviese al escenario regional y mundial. Uno de los resultados del ataque dirigido por EEUU contra Irak en 1991 fue el inicio de su mutilación: los kurdos tendrán una autonomía, un oasis tutelado por Washington, con la condición de que no miraran al infierno de bombas, muertes y dolor del lado árabe, o de lo contrario les caería una maldición por desobedientes y se convertirían en una estatua de sal, como la mujer de Lot.

Los cerca de 30 millones de kurdos, que además de no poder ejercer su derecho de autodeterminación han tenido que vivir bajo regímenes despóticos en una región de primera orden estratégica, son repartidos de esta manera: Turquía con 14 millones; Irán, 7; Irak, 4 y Siria, 2 millones. Salvo en Irán, que son el tercer grupo étnico tras los persas y azeríes, han sido el segundo grupo más grande de dichos estados. El resto se encuentran en Armenia, Georgia, Israel, Azerbaiyán, Líbano, Europa y EEUU.

Proceden de las zonas kurdas el 40% del crudo iraquí, el 10% del iraní, y casi la totalidad del escaso fuel extraído en Siria y en Turquía.

Una lucha no siempre defendible

Los kurdos, al igual que los palestinos, no siempre han tenido líderes sensatos, hábiles, progresistas y modernos capaces de dirigir su durísima y compleja batalla en un cambiante contexto regional y global. Las influyentes familias kurdo-iraquíes de Masoud Barezani, el actual dirigente de la autonomía kurda y Jalal Talebani, el presidente de Irak, representan esta situación, enturbiada y supeditada a los intereses de la élite kurda y sus aliados regionales (Turquía, Qatar, Israel) y mundiales (EEUU y la UE), quienes desde hace décadas echan arena en los ojos de los kurdos de a pie para confundirles sobre quiénes son sus verdaderos amigos y quienes los oportunistas o interesados despiadados  que se forran gracias a su tragedia.

Sacar 14 mini estados de las entrañas de cinco

El NewYork Times del 23 de septiembre del 2013 pronosticaba que el Nuevo Oriente Medio de EEUU  nacerá del descuartizamiento de cinco grandes países convertidos en 14 diminutos países controlables y sometidos. Cambiar el mapa de Irak, por ejemplo, supondría expulsar del sur y de Bagdad a unos 400.000 kurdos.

Un Estado kurdo sirio  y otro iraquí forman parte del borrador de este diseño, al que Arabia Saudí se opone: romper Irak significaría la tutela de Irán sobre la región petrolera del sur chií, y regalarle un acceso terrestre directo a la zona también chií de la Tierra de Mahoma.

La ONU sigue muda, observando cómo mueren miles de personas en la zona, y cómo se bombardea el silo o las plantas petrolíferas de Siria.

El papel de los kurdos desde el drama de Kobani y la masiva atención de los medios de comunicación en parte se deben a que los kurdos podrán llevar a cabo la estrategia del Pentágono de EEUU en la zona mejor que los islamistas, que han provocado un profundo rechazo y odio de los propios musulmanes. Afirma el exdirector de la CIA, Michael Hayden, que un Kurdistán «independiente« asegurará la presencia de EEUU (o sea, convertirse en otro Israel), donde pueden «tener una base desde donde operar, y cuando sea necesario, aplicar cuidadosamente el poder estadounidense».

Los intereses de los pueblos no pueden coincidir con los de la oligarquía energética o armamentística que organizan y dirigen estas guerras.

Tras el fracaso de los experimentos con los «rebeldes sirios», asimilar su incapacidad para derrocar a Assad y ser una alternativa a su régimen, Washington recurre a los kurdos afines: son más presentables y sus mujeres van sin velo y además recuerdan a las partisanas europeas. Esta opción le permite domesticar al PKK, y no sólo a través de Barezani, sino negociando directamente con el Partido de la Unión Democrática Kurda (PYD), a cambio de la promesa de “salvarles”. Esta también es una apuesta inútil: por exagerar el poder y la capacidad de los kurdos, y por no contar con la reacción de Irán, o de lo que ha quedado de un Irak balcanizado, o la de Turquía a la que EEUU pretende contener sus ambiciones antes de que vaya por libre y amenace sus intereses. Además, su derrota por no poder hacerse con un escaño del Consejo de Seguridad fue de lo más humillante: sólo 60 votos frente a los 132 de España o 180 de Venezuela. Esto ha sido un aperitivo.

La alianza kurdo-israelí 

Gran parte de los partidos kurdos aseguran que un acercamiento a EEUU e Israel es la única garantía de conseguir un Estado. ¿Hablan de los mismos que impiden un Estado palestino? ¿No fue Mossad quien secuestró y entregó al líder kurdo Abdulá Ocalan a los militares turcos para que se pudriese en la cárcel? Cierto que Tel Aviv, que desde 1960 entrena a la milicia kurda iraquí a cambio de su cooperación en espionajes (en 2006 la BBC emitió imágenes de militares israelíes entrenando de forma secreta a peshamergas y en julio del 2007 el Programa Newsnight de la misma cadena revelaba torturas y malos tratos en sus prisiones), presiona a Obama para que se invente un Kurdistán, y no sólo por convertirlo en su base militar en las fronteras de Irán, Irak y Turquía, o llevarse el petróleo kurdo, sino también por imponer un largo conflicto de desgaste entre los kurdos y aquellos estados. El hijo de Morris Amitay —ex director ejecutivo de AIPAC— dirigió el Instituto Kurdo en Washington.

La llegada del primer cargamento de petróleo kurdo iraquí a Israel ha sido prueba de lo que venimos diciendo en la víspera de la invasión de la OTAN a Irak en 2003: el acceso de Israel al petróleo y agua de este país era uno de los principales objetivos en la doctrina Doble Contención y la guerra que Tel Aviv delegó en Bush. 

Los kurdos se hubieran beneficiado de un Irak estable y democrático. ¿Desconocen, realmente, que las leyes de la dialéctica e incluso de la química les impedirán vivir en un oasis creado en el medio de un infierno de guerras de expolio?

Los caudillos kurdos, desde un nacionalismo clasista, miope e insolidario han sido y son cómplices necesarios de los ataques de las potencias mundiales a los desarrapados de la región.

La pakistanización de Turquía

En 1978 Pakistán, Arabia Saudí y EEUU organizaron en primer lugar al grupo terrorista de Muyahedines afganos, invitándole incluso al Despacho Oval  para derrocar al Gobierno socialista de Kabul y acosar a la URSS en sus fronteras sureñas, y después a los Talibán para que pusieran fin al caos creado por la anterior criatura, y poder construir el gaseoducto transafgano. Hoy, Pakistán es uno de los países más azotados por un terrorismo que ha arrancado la vida a miles de pakistaníes.

El rifle de las mujeres bellas

Las imágenes de las mujeres kurdas —atractivas, sonrientes, sin velo y armadas— ocupan las primeras páginas de la prensa, contrastando las fotos de las muchachas de Yihad Al-Nikah, envueltas en la abaya y abducidas por jóvenes barbudos y aventureros que pretenden completar el triángulo  de “violencia, dinero y sexo” allí, en las míticas tierras sirias.  En ambos casos, ellas no son más que la carne de cañón de intereses ajenos, al igual que los hombres que las acompañan.

Los líderes masculinos kurdos, que pretenden vender este conflicto reaccionario e imperialista como una lucha por la liberación nacional, y pasar por progresista, no dicen a cuántas mujeres han permitido estar en los órganos de toma de decisiones, o cuántas han sido asesinadas en los crímenes de honor y otras fórmulas autóctonas de la violencia contra ellas, o forzadas a casarse.

No es feminista querer igualdad con los hombres en cuestiones de matar y morir o en desatar conflictos armados ni es masculino organizar matanzas de poblaciones enteras: para eso están los poderes financiados por las empresas de armas y de energía, sin o con rostro humano.

Los kurdos, que han vuelto a ponerse en el lado incorrecto de la historia, van a mostrar cómo la administración del espacio político en esta zona, basada en las identidades étnicas y confesionales, puede acabar en una monumental catástrofe, de la que ellos tampoco se salvarán. Si hay una coalición local-regional e internacional para repartirse el pastel de esta azotada región, también debe haber otra alianza con las mismas dimensiones para sabotear este megaproyecto y esta mini guerra mundial.