Opinion · Punto y seguido

Irán, Israel y la ‘realpolitik’

Año 1980. Seis meses después de que en la sede diplomática de Israel en Teherán se izara la bandera palestina, los israelíes preparan una reunión en París entre representantes de Irán y del Partido Republicano de EEUU. Pactan que los ayatolás, a cambio de recibir armas, no liberen a los rehenes de la embajada de EEUU en Teherán para así provocar el fracaso electoral de Jimmy Carter.

1985. Ariel Sharon negocia con Irán el canje de los rehenes estadounidenses en el Líbano por armas autorizadas por la Administración Reagan. La operación, conocida como Irán-Contra, sellaba los intereses comunes de los tres Estados en su lucha contra el comunismo y contra Irak. En 1991, con la caída de la URSS, el inicio del fin de Irak y la OTAN en el Golfo Pérsico, Israel cambia de alianzas: se acerca a Jordania y Egipto para luchar contra Irán.

Siglo V a. C. Ciro el Grande libera al pueblo judío del cautiverio en Babilonia y miles de ellos emigran a Irán, país que volverá a acoger a cientos de judíos perseguidos por el Holocausto, entre ellos 871 niños polacos, que llevaban pasaportes iraníes expedidos por las embajadas persas.

1950. Irán es el primer país “musulmán” en reconocer a Israel, aunque luego, por sus estrechos lazos con Reza Pahleví, se convirtiera en el “amigo del dictador”. Por este motivo, el Gobierno de doctor Mosadegh –quien nacionalizó el petróleo– suspendió las relaciones con Tel Aviv. La vuelta del Sha al poder en 1953, la arabización del problema palestino y la polarización del mundo diseñan nuevas alianzas: los Estados no árabes de la región se aproximan a EEUU, conteniendo el avance del nacionalismo árabe encarnado en Gamal Abdel Nasser y apoyado por la URSS.

1979. Con la República Islámica, cerca de 70.000 judíos (de los casi cien mil censados) abandonan Irán junto con otros cinco millones de sus compatriotas, aunque se mantiene la posibilidad de una “coexistencia pacífica” entre Irán e Israel. Prueba de ello, la propuesta del presidente Jatamí a Bush en 2003 que pedía garantías de seguridad para Irán a cambio de congelar su apoyo a los palestinos.

El discurso de Ahmadineyad no procede de una cultura de antisemitismo en Irán. La “amenaza de Israel” tiene para Irán la misma función que la “amenaza de Irán” para Israel: cortina de humo para cubrir los graves problemas internos, y un pulso por la hegemonía regional. Y escenario surrealista: Israel se une a los países musulmanes, incluido al Azerbaiyán chiíta, frente al eje Irán-Armenia-Rusia.