Punto y seguido

Cohabitación 'a la egipcia'

La derecha religiosa y militar de Egipto, con un trapicheo de ultima hora y a espaldas del pueblo, ha decidido compartir el poder político: Los generales controlarán la seguridad interna, la política exterior y mantendrán su dominio sobre el 25% de la economía del país. Los Hermanos Musulmanes (entidad parecida al Opus Dei) utilizarán su experiencia en gestionar la caridad para paliar la pobreza extrema de 30 millones de egipcios e impedir que una nueva rebelión de los hambrientos y desempleados robe el sueño a la oligarquía corrupta que vive del profundo subdesarrollo del gigante árabe. Para salir del colapso económico, el presidente Mursi necesita una ingente inyección de dinero que llegará, en parte, del Congreso de EEUU, siempre y cuando Egipto garantice respetar el tratado de paz con Israel, presione a Hamás para dejar las armas y siga siendo el baluarte suní contra Irán y Siria (ya han pedido la cabeza de Al Asad). Otra parte vendría desde Arabia Saudí y Qatar, a condición de que Egipto se aleje de Turquía y entregue algún ministerio a los salafistas.

La garantía de que los islamistas egipcios no convertirán el país en otro Irán es justamente esa dependencia económica de la ayuda externa; aún más ahora que está al borde de la bancarrota. La República Islámica ha podido llevar adelante su agenda y actuar de forma autónoma gracias a la fabulosa renta del petróleo. Dinero que, a falta de un control democrático, mantendrá la corrupción y hará que la falsa bandera de "moralidad, seguridad y estabilidad" desplace a la de "pan, justicia y libertad para todos".

El modelo de Turquía, aliada de la OTAN, de un islamismo moderado tiene difícil adaptación. El Ejército egipcio no es guardián del secularismo, ni la sociedad tiene el nivel del desarrollo ni la tradición laica turca. A Mursi le gusta el modelo malasio. Sin embargo la ubicación estratégica de Egipto, junto al historial y al programa de la Hermandad, pueden imponer el patrón paquistaní: Gobierno de militares islamistas aliados, aunque poco fiables, de Occidente. Para ello, pueden seguir la receta iraní: crear una fuerza militar religiosa profesional que controle al Ejército una vez que se aparten los generales mubaraquistas.

La Hermandad --que atentó contra la vida de Nasser, colaboró con Anuar el Sadat en la persecución de los "rojos" y luego lo mató por acercarse a Israel-- hoy condena el asalto a la embajada israelí en El Cairo y acepta que Washington dirija la "transición ordenada" para su país. Es más, tiene que agradecer a Barack Obama que forzara a los militares a entregarles la Presidencia. El aún inquilino de la Casa Blanca necesita para su curriculum electoral presentar al Gobierno egipcio como una democracia. Ejemplos: Irak y Afganistán. ¿Fue una casualidad que en junio de 2009 Obama eligiera Egipto --en vez de Indonesia, con sus más de 200 millones de fieles del islam-- para su famoso discurso dirigido al mundo musulmán, que pronunció en la Universidad de Al Azhar --bastión de la Hermandad-- en vez de en un centro laico?

Un sector de la Hermandad ya está tocando el violín mientras arde Roma: piden un turismo moral y convierten el pelo y el cuerpo de la mujer en el campo de su batalla para desviar la atención pública sobre su falta de un programa eficaz. Tienen la posibilidad y habilidad de utilizar la fe de las masas –que no la fuerza ni la razón de la ciudadanía-- para convertir lo que iba a ser una primavera en un seísmo cuyo polvo y escombros sepulte las genuinas esperanzas de la plaza Tahrir. Una prolongada inestabilidad política acecha al país del Nilo.