Opinión · Punto y seguido

Mujeres de Argelia: por la democracia, pero sin reivindicaciones propias

Una mujer con una bandera de Argelia celebra el anuncio de dimisión del presidente Abdelaziz Bouteflika. /REUTERS
Una mujer con una bandera de Argelia celebra el anuncio de dimisión del presidente Abdelaziz Bouteflika. /REUTERS

El movimiento ciudadano ha conseguido forzar a los militares a desprenderse del presidente-fantasma Abdelaziz Buteflika. La presencia de las mujeres en las actuales manifestaciones por una democracia política y una república verdadera recuerda el papel que desempeñaron durante la guerra de la independencia.

Sí, una revolución anticolonial, pero machista

A pesar de su decisiva participación en la lucha contra el colonialismo francés (1954–62) en el papel de partisanas, espías, recaudadoras de fondos, creadoras de redes de apoyo, enfermeras y cocineras, las mujeres argelinas tras la independencia en 1962 fueron traicionadas, e incluso su famosa iniciativa de llevar el velo para mostrar su rechazo hacia los opresores europeos que por casualidad eran laicos, se convirtió más tarde en un arma contra sus derechos. Si el país colonialista hubiera sido un país musulmán, por ejemplo, Arabia Saudí, obviamente el velo no hubiera adoptado este simbolismo. En Irán, conquistado en el siglo VII por los árabes-musulmanes, esta prenda simbolizaba el dominio de los invasores.

Tras el triunfo, el núcleo duro del Frente de Liberación Nacional (FLN) que se sentía incómodo con el activismo femenino, y además había perdido la bandera unificadora del nacionalismo, recurrió a las ideologías tradicionales religiosas-patriarcales para dotarse de una identidad.

A pesar de que la Constitución del 1963 reconoce el derecho de la mujer al voto y garantiza la igualdad entre los sexos, la primera Asamblea Nacional entrega a las mujeres sólo 10 de sus 194 escaños, y en la segunda 2 de los 138.

En la década de 1970, la extrema derecha religiosa (mal llamada “fundamentalista”) empezó su ataque serpentino al resultado de tibio esfuerzo del sector progresista del FLN, apuntando a las activistas feministas que siguen con su resistencia esta vez al poderoso enemigo interno: en 1981, Louisa Hanoune (1954), se convierte en la Secretaria General del Partido de los Trabajadores y en 2004 será la segunda mujer de un país de mayoría árabe en presentarse como candidata a la presidencia (la primera fue la mauritana Aicha Mint Jiddan en 2003).

El gobierno, que dirige un estado de mayoría musulmana sunnita y árabe- amazig, poco a poco va cediendo a la presión de los islamistas, sacrificando a las mujeres: En 1984, introduce la Sharia en el Código de la Familia y en el Código Penal, para considerar a las mujeres menores de edad eternamente y necesitadas de por vida de un tutor varón; mantiene la poliginia; no reconoce la violación marital como delito; criminaliza las relaciones sexuales consensuales fuera del matrimonio y las relaciones entre personas del mismo sexo, mientras autoriza que un violador se escape del castigo si hace el favor a la violada y se casa con ella (es la misma ley judeo-islámica que en el marzo de 2012 hizo que la marroquí Amina Filali, de 16 años, se suicidara con matarratas cuando le obligaron a casarse con el delincuente que la había violado). Como resultado, la gran mayoría de las mujeres agredidas sexualmente no denunciarán la tragedia sufrida, para no dormir con su enemigo el resto de su vida.

Como aviso del tsunami que iba a hundir le país, el 22 de junio de 1989, dichos grupos incendiaron la casa de Oum Ali, una mujer de 34 años abandonada por su marido y con siete hijos, matándola junto con su hija de tres años. Pues consideran que las mujeres sin hombres “perturban el orden social” provocando una fitna (tensión) entre los hombres que al ver una mujer sin dueño pensarán que pertenece al conjunto de los varones.

La oposición de este sector de la población a la democracia política, a la “Tercera Vía” y al “socialismo árabe-islámico” argelinos, a las cercanas relaciones de Argel con la Unión Soviética, y a la creciente participación de la mujer en la vida social continuó hasta la fundación del Frente Islámico de Salvación (FIS) en 1989: llevaban décadas controlando las mezquitas del país. El principal obstáculo a su avance serán las mujeres: organizaciones como “Derechos iguales para hombres y mujeres”; “La defensa y promoción de la mujer” o “La emancipación de la mujer” entre otras, y ellas también serán sus primeras víctimas.

Un partido como el FIS ya tiene su cauce: la ausencia de una democracia política y económica, una corrupción profunda, el desempleo, escasez de viviendas, el aumento de la pauperización de la población, las políticas de austeridad del gobierno y destinar los fondos de la igualdad a la creación de empleo para los hombres, o negarse a transformar la fuerte cultura patriarcal-religiosa del país cuyo eje era la subordinación de la mujer al hombre.

En nombre de salvar las tradiciones más oscurantistas y medievales construidas en torno al poder absoluto del hombre, FIS identificará la modernidad de las mujeres (que no de los hombres) con la “occidentalización”, sinónimo del Mal absoluto. Atacarán a las activistas feministas (incluso con ácido), a las estudiantes universitarias y las que utilizan su derecho a elegir su vestimenta. El terror religioso campará a sus anchas.

FIS: El Talibán argelino

Con el apoyo de los sectores más subdesarrollados y marginados de la sociedad, y gracias a la crisis de un capitalismo estéril los populistas del FIS podrán hacerse con decenas de municipios en 1990. Entre sus medidas, resucitar el matrimonio provisional por horas o por días (llamados Motaa «de placer»), imponer el velo, separar las niñas de los niños en los parvularios y colegios, a los hombres y mujeres en los transportes públicos, prohibir el deporte femenino, etc…

La única fuente de poder es Alá a través del Corán, y no la gente. Si la gente vota en contra de la ley de Dios, esto no es otra cosa que la blasfemia” argumentaba FIS en su rechazo al “gobierno del pueblo para el pueblo”.

Nabila Djahnine asesinada el 15 de febrero del 1995
Nabila Djahnine asesinada el 15 de febrero del 1995

La reacción de los militares gobernantes ante una “jominización” de Argelia fue prohibir el FIS, provocando una Guerra Civil entre los años 1991-2002. Su brazo armado, el grupo Islámico Armado (GIA) cometerá atroces atentados contra las mujeres, periodistas, artistas, intelectuales, sindicalistas, y cualquiera que se saliese de las normas “islámicas” de comportamiento.

En medio de la batalla, cientos de mujeres fueron violadas y/o asesinadas. Entre ellas, la destacada feminista Nabila Djahnine o la joven de 17 años Katia Bengana, por no llevar el hiyab.

Los ultras han perdido la batalla

Una vez que FIS fue derrotado, las mujeres de este país africano de Oriente Próximo pudieron respirar, pero no cantar victoria: el Código de Familia mantuvo gran parte de las leyes de la Sharia contra la mujer, y su “reforma” en 2005 fue tan decepcionante como que en caso del divorcio, la mujer podrá tener la custodia de los hijos, siempre y cuando no vuelva a casarse, mientras no existe tal condena perpetua a la soltería para los padres divorciados.

En 2014, siete mujeres se hicieron cargo de los ministerios como el de Comunicación, o el Ordenamiento Territorial. Dos años antes, por la ley de las cuotas del 30% de las listas electorales, 145 mujeres entraron en el parlamento de 462 escaños, aunque “como plantas decorativas”, afirma la profesora de la Universidad de Argelia Zalane Abderrahmane. Algunas no tenían ni rostro: la cara de las candidatas de los grupos islamistas como Esperanza era un círculo en blanco.

Los diputados conservadores muy críticos con la ley aprobada en 2015 que prohíbe la violencia contra la mujer alegan que “intervenir en el ámbito privado del matrimonio, contrario a los valores del islam”. Mientras, la extrema derecha islámica siga controlando las mezquitas y también la mayoría de las escuelas privadas, habrá este tipo de perlas. El gobierno ha prohibido el velo integral, alegando razones de “seguridad”, siendo esta prenda la bandera política del wahabismo de Arabia Saudí, padrino de la mayoría de los grupos terroristas que operan bajo el nombre del islam-sunnita.

A pesar de ellos, cerca del 25% de los jueces y el 50% de los docentes y el personal sanitario, que trabajan en la administración pública, son mujeres, al igual que el 53% de los estudiantes universitarios, aunque siguen apuntándose en carreras tradicionalmente “femeninas”. Esta desventaja de los hombres se debe a su papel tradicional de ser el sustento de la familia: empiezan a trabajar desde la adolescencia y dejan los estudios.  En las zonas rurales, la pobreza, el analfabetismo y la violencia azota a la mujer igual que a las bereberes, y a las inmigrantes de piel oscura como las subsaharianas.

El celibato forzoso

Según la agencia de noticias Al Alam, en 2017 en este país de 40 millones de habitantes había 11 millones de mujeres solteras mayores de 25 años, y 5 millones que superan los 35, con el “agravante” de que las argelinas no pueden tener pareja ni tener hijos sin casarse. Algo parecido sucede en Irán, aunque sus chicas han inventado el término “matrimonio blanco” para vivir con los chavales sin pasar por el juzgado.

La crisis económica, la subordinación legal de la mujer al hombre, la violencia integral  (institucional, física, simbólica, psicológica, económica o sexual) que sufre, el temor al fracaso matrimonial y llevar el estigma de ser “divorciada” (sinónimo de ser despreciada por el hombre-esposo), los altos precios de “sadaqa”, que es el regalo obligatorio que el novio debe hacerle a la novia en el contrato matrimonial cuya cuantía depende del valor de la mujer en el mercado, por su belleza, edad, virginidad, estatus social, etc.; la emigración de los jóvenes a Europa y EEUU, la prioridad de las mujeres de tener la independencia económica que un marido, además de trabajos precarios con sueldos míseros que el sistema está ofreciendo a los hombres y mujeres jóvenes.

En este marco de transición, no hay que descartar un largo periodo de tensión por el pulso entre los ultras religiosos y los militares, del que podrá salir una mala copia del general egipcio Al Sisi para presentarse como el Salvador de la patria del “yihadismo”.

En las actuales protestas de mujeres, hay un elemento preocupante: mientras exigen una república sin disfraces, no se ven consignas en favor de la igualdad. La “trampa de prioridades” suele convertir “lo primero” en lo único, eliminando otras reivindicaciones. Pasó lo mismo durante la batalla anticolonial.