Punto y seguido

Sin noticias de las mujeres

Ya se conocen cifras aproximadas de las personas muertas y desplazadas en el último conflicto armado sucedido en Kirguistán. Como de costumbre, brillan por su ausencia los datos sobre niñas y mujeres, kirguises y uzbekas, que han sido violadas.
Reducida a un problema femenino, una de las atrocidades más repetidas y asimiladas en todos los conflictos es la violación, un antiguo incentivo para los regimientos de hombres enviados a conquistar y defender territorios. Incluso en los textos sagrados, las mujeres son señaladas como botín de guerra para los devotos soldados.
Es una cruel ironía que las personas menos implicadas en los combates sean quienes más tengan que pagar por la guerra en lo más íntimo de su ser. Presas de la vergüenza, las víctimas guardan el desgarrador secreto en sus cuerpos por temor al estigma y a la expulsión de la comunidad que las considera traidoras (¡confundiendo la violación con hacer el amor!) y que, para salvar el honor de sus hombres, en ocasiones llegan a matarlas antes de que caigan en las garras enemigas. El impacto físico, psicológico y social de la agresión sexual en las contiendas se perpetúa durante generaciones y el drama se extiende ocultando en sus entrañas a las criaturas nacidas de la violación, rechazadas, abandonadas y a merced de los abusos.
Ni en Núremberg se castigaron los masivos crímenes sexuales del nazismo, ni hoy Obama levanta la impunidad a sus soldados, que llegaron a plasmar la violación a las iraquíes en imágenes.
La agresión que han sufrido, en las últimas décadas, cientos de miles de niñas, madres, embarazadas y abuelas en Congo, Afganistán, Colombia, Sierra Leona, Yugoslavia, Irak, y un largo etcétera, es algo más que un abuso primitivo de la fuerza. Se trata de dar un mensaje claro, de saquear la propiedad del hombre vencido, mientras se aterroriza a la población civil. La violación durante las contiendas es el resultado de una educación que en tiempos de paz ve a la mujer como una posesión masculina. Y es que, una vez firmados los armisticios, se vuelve a minimizar la gravedad de la barbarie y ellas regresan a la dolorosa invisibilidad. La violación sexual es un sofisticado crimen de género contra la humanidad.