Punto y seguido

¡No pasarán!

Hoy se cumplen 74 años de la sublevación fascista contra la II República española, algo que provocó la formación de una insólita iniciativa de solidaridad que no conocía fronteras, las Brigadas Internacionales.

Sacrificando lo mejor de sus vidas, cuando no su propia existencia, decenas de miles de mujeres y hombres llegaron de todos los rincones del mundo para detener el avance del fascismo desde esta tierra. Aunque tuvieron que desplazarse a un territorio extraño y en llamas, aquellos maravillosos individuos  anónimos se sentían en deuda con la defensa universal de la libertad y las conquistas democráticas, que en el caso español se materializaban en avances amenazados, como la Reforma Agraria o el sufragio universal.

Estadounidenses blancos y negros, alemanes y franceses, judíos y árabes... juntos, codo con codo, demostraron que la unión es algo posible y mucho más que una consigna hueca. Fue posible gracias a poderosas organizaciones centralizadas, encargadas del reclutamiento de voluntarios, así como de transmitir la información. La humanidad nunca antes había presenciado un ejemplo de ternura popular de tanto calado, ni hasta la fecha se ha producido ningún otro movimiento equiparable.

Hoy todo ha cambiado. A pesar de que en demasiados lugares del planeta millones de seres mueren o malviven en carnicerías perpetradas por legiones de mercenarios imperialistas y sufragadas con nuestros impuestos, la gente de bien a duras penas consigue arrancar un rutinario lamento.

Una porción nada desdeñable de las fuerzas progresistas carece de un marco ideológico capaz de inyectar fuerza, esperanza y coherencia a sus simpatizantes, que terminan bostezando en aburridas reuniones. Mientras tanto, la reacción avanza al unísono y sus mentiras se disfrazan como verdades, para justificar las guerras de rapiña.

Aun así, contra viento y marea, son muchas las personas que siguen bregando cada día para derribar el muro de la desesperación, tendiendo puentes entre la realidad y la utopía.

Que no se deje de soñar con un mundo decente y con la felicidad compartida. Sigamos poniendo ungüento a las heridas planetarias y recordemos siempre a la gente cuyo compromiso nos ha legado la dignidad.