Opinion · Punto y seguido

Terroristas “en diferido” del ministro Díaz, y Siria

“No estamos hablando de combatientes, de soldados, en el conflicto bélico en Siria, sino de captar yihadistas con la finalidad de cometer atentados», afirmó el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, al explicar el cometido de un grupo de hombres detenidos en España, acusados de enviar a Siria a voluntarios para luchar contra Bashar Al Asad, quienes al regresar –añadió- podían actuar de “lobos solitarios”.

Hay que ver el lío terminológico en el que se meten los políticos para defender una posición injustificable ante una audiencia que consideran indocta. Si, por un lado, no se pueden captar “soldados” -nombre dado a los reclutas de las fuerzas armadas de un país soberano- en un territorio extranjero y hostil; por otro, no explica que si este hecho es un delito, por qué EEUU está alistando a mercenarios -¡disculpe, soldados!- para enviarlos a Siria (ver The Pentagon’s “Salvador Option”: The Deployment of Death Squads in Iraq and Syria). Antes lo había hecho en Afganistán (donde Ronald Reagan llamaba “combatientes por la libertad” a las huestes de Bin Laden), en Irak y en Libia. En este país, los delincuentes y rebeldes extremistas, a pesar de haber sido financiados y armados por la OTAN, una vez tomado el poder mataron al propio embajador de EEUU e izaron la bandera negra de Al Qaeda en la sede diplomática, demostrando que estos mercenarios, estén donde estén, además de ejercer el terrorismo delegado, carecen de ética para con la familia y pueden morder la mano que les dio de comer.

Del terrorismo proxy (delegado) de la OTAN al otro directo, y no sólo en su formato de lanzar bombas sobre los civiles de países atacados: el 11 de Octubre de 2005 la Policía de Basora detuvo a dos militares británicos disfrazados de árabes que conducían un camión lleno de explosivos listos para ser detonados (ver: ¿Quién pone las bombas en Irak?). Ninguna explicación por parte de Tony Blair sobre unas prácticas que son un secreto de voces.

Obama y sus rostros

El presidente Barak Obama, que no pasará a la historia por su coraje ni por su integridad moral, volvió a ceder a las presiones de los halcones republicanos: acusó al Gobierno de Al Asad del uso de armas químicas contra los rebeldes,  y prometió suministrarles armas. Dos pasos importantes que anuncian la abierta injerencia de EEUU en la guerra siria: tomará el mando y el control de la insurgencia, con el objetivo de fortalecer su cohesión y convertirla en una oposición organizada, capaz de sustituir a Asad. Ha apartado a Qatar del juego (donde se producirá la abdicación del jeque Al Thani en favor de su hijo), y va a coordinar las acciones de Jordania, Arabia Saudí, Israel y otros implicados, contra Irán y Hizbolá, en la región.

Obama falta a la verdad, pues si por un lado la CIA ya entrena a rebeldes desde 2012, según Los Angeles Times (ver US has secretly provided arms training to Syria rebels since 2012), por otro, la justificación de la intervención –el uso de las armas químicas por Damasco- está sin demostrar, mientras sí que se confirma el empleo del agente nervioso sarín por los rebeldes alqaedistas del Frente al Nusra. Informó de ello el Gobierno turco, el 30 de mayo, tras detener a 12 miembros del grupo e incautarse de dos kilos de este gas. El caníbal que destripó a un caído y se comió sus órganos fue un soldado de este frente, compañero de lucha de Occidente en la destrucción del Estado sirio.

Otra conclusión: que EEUU no está preocupado por que las armas químicas caigan en manos de los yihadistas sirios, ni cuando tomen el poder. Así lo confirmó el general Meir Dagan, ex jefe del Mosad de Tel Aviv, revelando que Arabia Saudí se comprometió a garantizar que el régimen sucesor de Asad será amigo de Israel y de EEUU. ¡Como si los actuales gobiernos de Irak y de Afganistán lo fueran! ¡Ni Dios podrá proteger a Washington en su caída libre en el pantano sirio!

Vladimir Putin, preocupado por los planes de la Administración Obama para Oriente Próximo, al referirse a la instalación de los misiles Patriot, en enero de 2012, en Turquía (al parecer para coaccionar a Damasco), en enero de 2012 comentó «la regla de la pistola de Chéjov»: «Si en el primer acto de una obra de teatro aparece un arma colgada en la pared, significa que se disparará en el último telón». Aun así, Moscú no entregará los misiles S-300 a Irán ni a Siria, como parte del acuerdo con Israel en 2008, a cambio de que Tel Aviv no armara a Georgia. El miedo de Moscú a los islamistas en la zona de su influencia es mayor que el de perder la base de Tartus en Siria. Eso sí, rompería el acuerdo si EEUU instalara los escudos antimisil en Europa Este.

Hay rumores que apuntan a un acuerdo entre Putin y Obama por el que Asad aceptaría unas elecciones y se marcharía del país, antes de que el Pentágono enviara a miles de rebeldes que está entrenando en Jordania y Turquía.

Cambios en el escenario

Hay una serie de factores que indican las posibles razones de que EEUU haya decidido una intervención directa: la incapacidad del Ejército Libre de Siria en hacerse con el poder en Siria, marcada por la pérdida de la estratégica ciudad Al Qusair;  la crisis social de Turquía, que no sólo debilitó a Tayyeb Erdogan, sino que mostró que gran parte de los ciudadanos no apoyan su guerra contra Siria a pesar de que los kurdos sirios, que habían mantenido una postura  neutral hasta las negociaciones de paz entre Ankara y el PKK, ahora dirigen sus armas contra Damasco; que al mismo tiempo que Hasan Rohani, el nuevo presidente de Irán, presentaba su diplomacia de poder blando e «interacción constructiva» con la comunidad internacional, los Guardianes Islámicos enviaban a 4.000 militares a Siria con el objetivo de abrir un nuevo frente en la meseta del Golán y aligerar la presión sobre Damasco; y que Rusia e Irán hayan fortalecido su posición y aumenten sus demandas a cambio de dejar caer a Asad, como por ejemplo, por parte de Teherán, el levantamiento de las sanciones económicas a la República Islámica. Se unen a todo ello los últimos escándalos del espionaje que han debilitado a Obama, quien ahora ve en el conflicto sirio la oportunidad de mostrar su lado de hombre fuerte capaz de dirigir el imperio (ya de papel) que heredó de Bush.

Israel, al igual que los neocon, está encantado de que la tragedia siria haya archivado la cuestión palestina, aunque cometió el error, en mayo pasado, de bombardear Siria, mostrándose ante la opinión pública de la zona como el verdadero peligro para la soberanía de los países y dando la posibilidad a Asad de recurrir al patriotismo y atraer el apoyo de buena parte de su pueblo, ya asustado por la amenaza integrista.

Catástrofe  del verano

Las altas temperaturas en la región ya siegan la vida de los más vulnerables de los refugiados sirios, enfermos, hambrientos sin agua ni alimentos.  ¿A quién le importa? Entretanto, John Kerry expone las bondades del modelo del bombardeo aéreo de los Balcanes y sin tener en cuenta (o, se le escapa) que Siria no está sola y que goza de un fuerte respaldo de Rusia e Irán.

Washington no ha aprendido las lecciones de la guerra contra Irak: la de “no mentirás sobre las armas de destrucción masiva”, la de “no derrocarás a un mandatario sin tener una alternativa favorable a tus intereses”, y sobre todo la de “no tocarás la estructuras étnico-religiosas de esta compleja región”… si quieres mantener tu posición ya de por sí precaria.

Se inicia otra catástrofe a nivel regional, en una guerra sin fecha final y sin victoria para los gobiernos implicados, que deberían confesar a sus ciudadanos que arriesgan la seguridad nacional de sus países e infligen tanto dolor y sufrimiento a millones de personas sólo por mantener la influencia de las élites gobernantes en tierras ajenas, a espaldas de los verdaderos intereses de sus pueblos.