El mismo barco

El PSOE veta la eutanasia en el Congreso hasta que la sociedad, dice, suba un peldaño. El peldaño al que se refiere debe de ser el de la madurez. Pero lo tiene que subir el PSOE, pues, según una encuesta de hace tiempo del Senado, el 67% de los españoles es partidario de regular la eutanasia y el suicidio asistido. Lo que se puede discutir es cómo se desarrolla esa regulación, pero no vetar el debate. Lo que sucede es que el Gobierno considera que ya tiene suficiente polémica con la ampliación de la ley del aborto y no quiere meterse en más complicaciones.

ANTONIO NADAL PERÍA ZARAGOZA

Pues claro: ¿cómo van a hablar papá y mamá de eso delante de nosotros, que aún no estamos maduros? ¡Pst, cuidado, que hay ropa tendida! Tenemos a papá, un Partido Providencial, el PP, cuyo destino manifiesto es restaurar la grandeza visigoda en los campos de Castilla y unir, como en un haz (o quizá fascio), a todos los españoles (de bien, claro está) en un impulso imperial bajo palio. También contamos con mamá, un Partido Súper Ocurrente y Enrollado, el PSOE, cuya tarea mesiánica es mirarnos por encima del hombro y luego, no sin condescendencia, sacarnos de las tinieblas y llevarnos poco a poco, de la mano, hacia la luz de la razón que a todos nos volverá, como por arte de birlibirloque, útiles, benéficos, tolerantes, igualitarios, solidarios, etc.

Como decía Melville, la proa es un púlpito. El PSOE, en la proa de su evangélico Gobierno maternal, decide como un dómine si estamos maduros para la democracia o la eutanasia, a imitación del Caudillo. Ellos saben mejor que nosotros mismos lo que nos conviene, por supuesto. El PP, por su parte, sabe (por ciencia infusa) que “lo que de verdad preocupa a los españoles” es la grandeza: menos minúsculas libertades y más libertad épica, grandiosa, para poder ser por fin “unidad de destino en lo universal”.

¿Qué más queremos, amigo? Nos quejamos de vicio. Podemos embarcarnos en el Love Boat del PSOE o en la Armada Invencible del PP. ¿Por qué los eternos descontentos nos empeñamos en pensar que papá y mamá van en el mismo barco? ¿Por qué nos amotinamos, si podemos alternar estos dos capitanes intrépidos? Somos peores que piratas somalíes, oiga.