Tengo una pregunta

El presidente de la Conferencia Episcopal ha asegurado que “no saldremos de la crisis económica hasta que no salgamos de la crisis moral”. Dicho con ese aplomo y teniendo en cuenta que la sentencia procede de la mano derecha del que todo lo ve en España –el pasado, el presente, el futuro y hasta los más ocultos pensamientos–, no sé qué hace el Gobierno que no crea el Ministerio de Moralidad con la categoría de Vicepresidencia Primera y se deja de créditos ICO.

ENRIQUE CHICOTE SERNA ARGANDA DEL REY (MADRID)

Si sólo fuera eso! Ya no son sólo los curas al rescate, sino que (según revelaba Público), “escritores y editores hablan sobre el valor de los libros ante la deriva moral y política”. De la crisis económica parece que nos tienen que salvar los bancos; y de la crisis moral, nada menos que los obispos y el gremio editorial, con don José Manuel Lara y Rouco a la cabeza, y detrás una pandilla de plumíferos y empleados de sucursales bancarias. Pues vamos apañaos, la verdad. Si el salvamento a cargo de los bancos consiste en enriquecer a los banqueros, no quiero ni imaginarme el plan de rescate que pueden fabricar las sotanas y las editoriales. Pongámonos en sus manos y ya verá cómo aumenta el paro y esa moral acomodaticia que es propia de un mercado laboral flexible y de la lectura de novedades editoriales.

Como decía Voltaire: “Veinte volúmenes en folio no provocarán nunca una revolución; los peligrosos son los libros pequeños y de bolsillo a 30 céntimos. Si el Evangelio hubiera costado 1.200 sestercios, la religión cristiana no se habría impuesto nunca”. ¿Será por eso que Zapatero lee al brevísimo Borges? ¿Por eso habrán hecho académico a José María Merino? ¿Por eso Obama no ha leído a Eduardo Galeano?

Una pregunta: ¿qué libros de menos de cien páginas y menos de diez euros incluiría usted en un plan de rescate moral? ¿Puede leerse hoy, todavía, algún libro peligroso? Yo propongo uno: el Manifiesto comunista, de Karl Marx y Friedrich Engels. ¿En español? Sin duda el Lazarillo de Tormes. Los dos, por cierto, libres de derechos, para suplicio de la ministra de Cultura y su cruzada a favor de la propiedad.