El fruto de tu vientre

Cuando se dice que un feto de 13 semanas es un ser vivo, pero no es un ser humano, ¿qué se quiere decir? Un perro es un ser vivo y un loro y un caracol y no son seres humanos. ¿Quizás la ministra quiso decir que una mujer embarazada de 13 semanas lleva en su vientre un alien? De tal palo, tal astilla, (de tal presidente, tal ministra).

DANIEL GONZÁLEZ BARCELONA

Al parecer, a las 13 semanas (ni una más ni una menos), viene el BOE, sopla sobre la gestante y le insufla humanidad al ser vivo de especie desconocida que llevaba en su vientre. ¿Qué era antes? ¿Un caso de posesión diabólica, un parásito oportunista, un geranio de maceta? Averígüelo Vargas. Derecho al aborto, sí; pero también derecho a no oír idioteces. En el bar de abajo la pregunta es parecida: ¿qué eran antes? ¿Ya eran tontos y por eso les dan ministerios o es al revés: se vuelven tontos en cuanto montan en coche oficial?

Unos creen que se toma a una persona normal, se le da una cartera de ministro, se la rehoga con halagos y prebendas, se sazona con incienso, una pizca de perejil y ropa de diseño y… ¡ale-hop!: como por arte de birlibirloque aparece un majadero o una necia que excreta soplapolleces sin parar, como si le hubiera rozado la frente el ala del ángel de la imbecilidad. ¡Insondable misterio, mayor aún que el del feto vegetal que se transforma en humano por orden del Ministerio! Una propone “miembras”, otra ve sin parar “brotes verdes”. “Serán ortigas”, dice uno. Otro afirma que “es que algo habrán fumao”. Es la sección de la barra partidaria de la metamorfosis y el coñac. “Les ha dado un aire”, diagnostican, pues se sabe que en los ministerios hay corrientes de idiotez heladoras. Puede que no corrompa el poder, pero desde luego atonta. La leal oposición, que bebe anís en la misma barra, opina que ya venían así de su casa: apuntaban maneras.

“Lo que pasa es que se ha malinterpretado”, intenta terciar ese tipo que pide sacarina y corta el cruasán con cuchillo y tenedor. Hay un abucheo espontáneo. El Papa, los adolescentes, los ministros y los tontos de capirote siempre dicen lo mismo: ¡nadie me comprende!