Carta con respuesta

La lectura gratis

Dice Antonio Orejudo en su columna ‘Analfabetos’ que, para mejorar la enseñanza escolar española, se podría empezar por invertir en ella el dinero que se lleva la enseñanza concertada. No sé si se tomará esa buena medida; lo que sí me temo es que, si no lo evitamos, se va a tomar en breve otra que perjudicará aún más el nivel intelectual de nuestros escolares. Si ya les cuesta leer teniendo todos los libros del mundo disponibles, gratis, en las bibliotecas, ¿cuánto leerán cuando la directiva europea 2006/115/CE obligue a pagar un canon por tomarlos prestados?

MICOL LAGARDE RODRÍGUEZ MADRID

Bueno, Micol, a mí no me tiene que convencer, me he manifestado a menudo contra ese canon, al igual que una inmensa cantidad de autores (los supuestos beneficiarios de la medida: aquí, ya sabe, todo lo hacen siempre por nuestro bien y a ellos les duele más que a nosotros). Pagar por leer equivale a dinamitar el concepto mismo de biblioteca pública. Si dices esto, te responden con papanatismo que "viene de Europa". Ah, claro, si lo dice doña Europa, la cosa es distinta: a la fuerza tiene que ser formidable, ¿no? Añaden que no lo pagará el usuario "en ningún caso". ¿Ah, no? ¿De dónde saca entonces el dinero la Administración, si no es de los usuarios? ¿De las comisiones de los constructores? ¿Del tráfico de armas? ¿Prostitución funcionarial encubierta?

Cuando volví a España, tras unos años en el extranjero, intenté regresar a la Biblioteca Nacional (donde había trabajado muy a gusto durante años). Fue imposible. Aunque era yo entonces profesor universitario en otro país, necesitaba la autorización de un profesor español. Sin el visto bueno de un funcionario local, nada. Además, tenía que explicar qué quería leer y para qué. Recuerdo haber intentado razonar con un alto cargo (en vano, claro: el coche oficial les lobotomiza ipso facto): esas normas son pura censura, así Karl Marx jamás habría podido escribir El Capital en el British Museum. "Mire, quiero leer algo para impulsar una revolución proletaria internacional que destruya el orden existente". Claro, don Karl: adelante. Siendo español, en ninguna biblioteca extranjera tuve jamás el menor problema para leer, salvo en la Nacional de Madrid, y no en la de la época de Franco: era un Gobierno que se decía socialista.

Ahora estamos igual. Pretenden cobrar por leer. ¿Qué será lo siguiente? ¿Cobrar por pasear en un parque? ¿Poner inspectores en el autobús para cobrar un canon cada vez que alguien lea el periódico por encima del hombro de otro? ¿Hay que pagar también si te recitan un poema? Ya verá: pronto se les ocurrirá que lo mejor es privatizar las bibliotecas y que las gestione la baronesa Thyssen, esa ejemplar filántropa.