Pato confinado

Vitamina D: un misterio, muchos suplementos, y algo de aporte en la dieta

Salmón, fuente de vitamina D.
Los pescados grasos son fuentes de vitamina D. Foto: Congerdesign en Pixabay.

Es misterioso el caso de la vitamina D. Para empezar, porque no es exactamente una vitamina, sino una hormona producida a partir del colesterol. Pero lo más extraño de todo es que vivimos en el sur de Europa, y tenemos sol, mucho sol, tanto que es un motor turístico.

Nos gusta salir a la calle, somos mediterráneos, y aún así presentamos en líneas generales bajas cantidades de esta vitamina, según la estadística. Y es misterioso porque este nutriente se sintetiza a través de la piel gracias al sol, y aquí presentamos peores índices que en los países nórdicos.

Del sol obtenemos entre el 80 y 90% de la síntesis de esta sustancia que es fundamental para el organismo. El otro 10% se refuerza a través de la dieta. Pero aún armados con la dieta mediterránea y un meteoro digno de Apolo, una parte importante de la población española presenta índices por debajo de los recomendados.

La vitamina D es un nutriente que tiene una función básica en el metabolismo del calcio y del fósforo (la calidad de los huesos), y opera, se cree, en la prevención de enfermedades crónicas al actuar en el sistema inmune, si bien faltan estudios concluyentes y hay mucha controversia.

Aunque los déficits moderados o leves no suelen causar síntomas, su carencia se ha relacionado en algunos estudios con patologías graves, especialmente entre la población más vulnerable, como las personas mayores, que son a los que les cuesta más sintetizarla.

Hoy muchos de ellos toman suplementación por prescripción médica por los bajos niveles de vitamina D que presentan (suele ser en forma de comprimido que se toma una vez al mes).

Esta carencia está relacionada con las fracturas de huesos, especialmente. Se asocia a la osteoporosis, y se ha vinculado también con problemas cardiovasculares, enfermedades inmunes, o raquitismo en niños. Incluso se ha apuntado que podría disminuir la carga viral del covid por su acción inmunomoduladora.

Pero también se discuten algunos de estos datos. Se discute si esto se debe a la carencia de la vitamina D en sí, o si esta carencia actúa como marcador de que las cosas en el organismo no van del todo bien.

Una persona con mala salud toma menos el sol. Es decir, que quizás no sería tanto la causa sino la consecuencia en el caso de algunas de estas enfermedades, más allá del debilitamiento de los huesos.

Incluso, como denuncia en este artículo el New York Times, se habla de hasta qué punto esta moderna preocupación por la vitamina D tendría detrás un poderoso impulso comercial, si hablamos del abuso de los complementos vitamínicos de moda.

Nadie discute su importancia y el peligro de su déficit, pero en ciencia es a veces difícil determinar cuáles son los niveles óptimos o deficientes. Y existe controversia sobre los necesarios en la vitamina D (las concentraciones séricas adecuadas).

La National Academy of Medicine de los Estados Unidos, por ejemplo, consideró en un análisis que la mayoría de los estadounidenses la obtienen en suficiencia de manera natural, y que solo sería necesaria la prescripción de suplementos en casos concretos, como con la osteoporosis.

Bajo estas nubes de incertidumbre, el misterio está en saber por qué tanto España como otros países de la cuenca mediterránea presentan peores índices que países del norte de Europa, que disponen en principio de menos horas de sol.

Hay estudios que cifran esta paradoja. El 75% de los habitantes de las cuencas mediterráneas tendrían peores datos que los del norte. En España se calcula que padecen hipovitaminosis alrededor del 80% de las personas mayores de 65 años, y un 40% de las menores de esa edad.

Se habla de que no aprovechamos bien nuestros largos veranos soleados, junto a que no incluimos en la dieta los alimentos que son más ricos en vitamina D.

Se dice que quizás se nos ha ido la mano con los protectores solares, que son tan necesarios, sin embargo, para prevenir el cáncer de piel; o que en el sur de Europa no se toman alimentos fortificados con vitamina D como si ocurre en el norte.

Se sugiere que quizás vamos demasiado vestidos (se recomienda una exposición de media hora directa al sol con pantalones y manga corta); o que influye la raza, pues las personas morenas, por la pigmentación, necesitan una mayor exposición que las personas de piel más blanca.

También se apunta a que como nuestro país, en su mayor parte, se encuentra por encima del paralelo 35°N, se reducen las posibilidades de sintetizarla en invierno y primavera. Y aunque tomemos el sol a través de una ventana en la oficina el problema es que la vitamina D no se sintetiza así, necesita una exposición directa.

De ser ciertos estos datos o reflexiones, parece ser que los nórdicos tienen mejor aprendida la lección: se exponen más al sol cuando es necesario y toman alimentos ricos en vitamina D, tanto naturales como fortificados.

En invierno es cuando se presentan mayores déficits, ya que nuestra exposición al sol, y la potencia de los rayos ultravioleta, se reducen.

Aunque se recomienda el consumo de alimentos ricos en vitamina D, con ellos no basta. El sol, o los suplementos, en caso de prescripción médica, son los artífices necesarios.

La alimentación solo opera aquí como un refuerzo, si bien ayuda en los casos de deficiencias. Pero todavía en el campo de la vitamina D hay mucha incertidumbre, se necesitan más estudios para determinar qué está pasando, y por qué estos datos parecen ser tan negativos.

Esta es la razón de que haya ido ganando peso el papel de los alimentos, tanto naturales como fortificados (a los que se le añade la vitamina artificialmente), o los suplementos dietéticos. El problema esencial es que hay pocos alimentos que contengan de manera natural la vitamina D.

¿Y cuáles son esos alimentos ricos en esta vitamina? Pues hablamos principalmente de pescados grasos, como el salmón (muy consumido en el norte de Europa), y en menor medida de huevos, setas y lácteos. Estos comestibles se han visto como aliados para reforzar o ayudar a alcanzar los valores óptimos que hoy los médicos consideran los apropiados.

Algunos expertos aseguran que con esto no basta, vistos los datos, que se tendría que seguir el ejemplo nórdico: fortificando determinados alimentos como se hace con el yodo de la sal para favorecer el tiroides.

En los Estados Unidos, por ejemplo, gran parte del consumo de leche está fortificado. Aquí destacarían la leche, pero también los cereales del desayuno fortificados. O las bebidas vegetales de avena, soja, almendras, o los yogures.

De manera natural, la vitamina D se encuentra en el aceite de hígado de bacalao, por ejemplo. El hígado de vacuno o la yema de los huevos la contienen también en pequeñas cantidades. Está en las nueces, y en las setas, especialmente las que han sido expuestas al sol o luz ultravioleta, aunque en menor medida. Siguen siendo, por tanto, los pescados grasos, la trucha, el atún, la caballa... los que la contienen en mayor cantidad de manera natural.

En caso de tomar suplementos dietéticos, se debe tener en cuenta que un exceso de esta vitamina puede ser igualmente nocivo. Tan malo es el déficit como el exceso. Hay estudios que han visto un aumento de la mortalidad entre personas que tienen exceso de vitamina D. Esto lo sabemos desde los tiempos de Hipócrates: todo en su justa medida, rezaban los griegos.

Y hay estudios que apuntan que estos complejos multivitamínicos que se utilizan como moderna panacea no sirven en realidad para nada más que fortalecer los huesos, y eso en personas mayores de cincuenta años. La suplementación de vitamina D no ha demostrado evidencia ni en las dolencias cardiacas ni en el cáncer.

En espera de mejores datos científicos, solo nos queda pensar que nuestro cuerpo es como un equilibrista. Necesita sol, ejercicio físico, y una alimentación saludable. Estar al aire libre, sin ventanas. Quizás sería mejor empezar por allí. Y en caso de necesitar tomar suplementos, siempre es necesaria la supervisión de un especialista. Alguien que haya valorado bien los datos, navegado en este mar de incertidumbre.