Opinión · Rosas y espinas

Corinna, la película

En la algarabía folclórica, electoral, santera, submediática y judicial que empoza España estos días, echaba yo de menos un rey. Me daba igual uno que otro de los dos reyes que gozamos. No pensaba meterlo en casa. Pero sí en las revistas y los periódicos.

En las semanas santas de antaño, los reyes no paraban de salir en todas partes, de ocupar el vacío informativo vacacional. Y ahora que me hago viejo, es que en estas fechas me hace falta un rey, y estaba a punto de conseguirlo. Pero este martes esa ilusión se desplomó como avecilla abatida.

El Tribunal Supremo archivaba, a media tarde del fatídico, la querella que habían puesto IU, PCE y el Foro de Abogadas de Izquierdas contra Juan Carlos I por las grabaciones de Corinna Zu Sayn Wittgenstein. Aquellas en las que la princesa platino disertaba sobre las comisiones y testaferros del emérito ante los lobeznos oídos del comisario Villarejo y del no menos nictálope Juan Villalonga, ex compañero de pupitre de José María Aznar, ex presidente de Telefónica y tal y tal.

En dichas grabaciones, hoy ya desestimadas por el TS, se oye a Corinna decir que “el Rey no distingue entre lo que es legal y lo que es ilegal”; “Villar Mir puso a Shahpari Zanganeh, mujer de Khasoggi, como intermediaria para el tren. Ellos decían que era yo, pero yo nunca tuve nada que ver con el tren. Y después el Rey me ha escrito por e-mail que Villar Mir estuvo en su despacho y le dijo: ‘Voy a ver si Zanganeh te paga la mitad de su comisión”; “[Corinna a Juan Carlos]: Vas a cobrar comisiones de las empresas españolas que han conseguido el tren. A ti te paga el Gobierno para representar a la industria española. ¡No puedes coger ese dinero!”.

No sigo, porque la tensión dramática empieza a ser insoportable para un columnista sensible o un vate vago. La grabación de Corinna con Villarejo y Villalonga destila por veces un toque negro clásico con heroína ambigua, amenazada y matahariesca; otras parece un novelón televisivo venezolano de colores borrosos; casi nunca da la talla para el género de espías, aunque la actriz se esfuerza en sublimar la cutreidad del guión; en el subgénero de pillos encajaría mejor, pero los personajes masculinos no están muy dotados para la comedia; y ahora nos enteramos de que el TS también le arrebata a la grabación la posibilidad de convertirse en película de juicios, con lo entretenidas que salen algunas.

El Supremo no ve necesario investigar estas grabaciones. Tampoco el juzgado de instrucción número 6 de la Audiencia Nacional creyó conveniente indagar mucho sobre el borbónico tema, y el 7 de septiembre del año pasado lo archivó de manera inusitadamente veloz. Una celeridad jamás vista antes en la historia de la justicia española.

Mientras todo esto sucedía entre humos de cigarros negros y farolas parpadeantes, Corinna emitía un comunicado a través de la revista Hola! (ya le vale), en el que no negaba la autenticidad de las cintas. Se limitó a denunciar “una campaña de descrédito con motivación política”. Los corinnólogos sostienen que así hace saber que sí están en su poder los documentos que dice guardar sobre las finanzas extranjeras del monarca. Que es su seguro de vida. Y en esto entra en juego la trama “dama en peligro”.

Pero ayer se acabó el sueño. Nuestros jueces no consideran que el guión contenga los suficientes elementos creíbles para convertir la producción en un éxito judicial. Serán muy honorables, pero de narrativa no tienen ni idea.