Rosas y espinas

Destierran a otro borbón

Ya tenía uno bastante lío con dos papas, dos venezuelas, dos javis y dos reyes como para que ahora me pongan a revisar otra vez el organigrama de la monarquía. No sabe uno ni en qué país vive. Después quieren que los africanos pasen un examen de historia y costumbres españolas antes de recibir los papeles.

--Que no, Maymûm. Que ahora es el Guadalquivir el que pasa por Pisuerga.

--Pero...

--Ni peros ni peras. Cógete la patera de vuelta a casa y regresas cuando hayas aprendido la lección, tarugo.

Ya nos había costado bastante asimilar en estos cinco últimos años que España es una  monarquía parlamentaria que florece imperial en la historia contemporánea bajo las miradas vigilantes y augustas de un rey muy meritorio y otro muy emérito, para que ahora nos exilien sin más miramientos a nuestro Juancar de toda la vida a la República Dominicana. Como lo oís, mis queridos trolls. Que se nos llevan a Juan Carlos allende los mares, como a un vulgar becario, a cursar el erasmus de la vergüenza en aquel infierno caribeño. Es inadmisible. No sé si echarme a las calles con una bayoneta o ponerme aun más violento y firmar una petición en change.org. ¿Cómo vamos los españoles a adorar desde tan lejos al auriga de nuestra sacrosanta y modélica transición? ¿Al deus ex machina que nos enseñó a votar de uno en uno a todos los posfranquistas? ¿Al autor de aquellos divertidos discursos de navidad?

Van tres borbones seguidos, chavales. Un poco de moderación. Esto de exiliar borbones se nos está convirtiendo en una costumbre muy insana. El pobre de Alfonso XIII, El Piernecillas, a París en 1931. Don Juan El Descoronao a Estoril, a empapar sus blasones en dry martini. Y ahora nuestro Juan Carlos I El Desterrao rumbo a la República Dominicana como un corsario de vacaciones en busca de ron, canciones y otro mapa del tesoro.

Yo a veces hasta creo que los borbones se exilian por patriotismo: sospechan que su país está mucho mejor sin ellos. Y eso es porque no les mostramos el cariño suficiente, me parece a mí. Por mucho que Pablo Casado repita viva el rey cada vez que se enciende una farola, como el loro del citado corsario pasado por el laboratorio de Pávlov.

A las Antillas envían a nuestro rey cual si fuera el marinero tatuado y maldito de una copla de Carlos Cano, pues parece ser que no caben dos reyes borbones en España. La institución ha cambiado, nos dicen. ¿Cómo puede cambiar una institución cuyo mayor atributo ontológico es su quietud en el tiempo, su anacronía? Nos están intentando engañar de nuevo. Esto es el clásico quítate tú para ponerme yo. Pasa en las mejores familias financieras.

Como con el franquismo, con el juancarlismo nos quieren escribir un fantasioso e idealizado borrón y cuenta nueva. Nada tuvo que ver Juan Carlos con Franco. Ahora nada tiene que ver Felipe con su padre. Si es que la historia reciente de España es clavadita a la de Luke Skywalker y Darth Vader. A folletinescos no nos empata nadie.