Rosas y espinas

El 'youtuber' Felipe VI

El rey Felipe VI. en su discurso de Navidad de 2019.
El rey Felipe VI. en su discurso de Navidad de 2019.

Se están haciendo muchas y muy simpáticas cábalas sobre cómo abordará Felipe VI su discurso de navidad de este año. Tiene abiertos varios frentes, el pobre borbón, empezando por el cotidiano reality show despistero con el que Juan Carlos I nos está amenizando la pandemia. También hay quien se muestra convencido de que Felipe VI tendría que pronunciarse sobre los llamamientos que ha recibido de ex militares fascistas para que tome el timón de esta España que se rompe (miedo da solo pensarlo), entre los que se ha colado el consejo de fusilar a 26 millones de españoles.

El asunto tiene su gracia, puesto que el pasado año 7,5 millones de espectadores siguieron la monárquica lectura, según los datos oficiales. Una barbaridad. Aunque todos sabemos que, aunque el rey esté en la tele, ese día y a esa hora todos estamos más pendientes de las cigalas y los albariños que de su graciosa majestad, a quien mucha gente baja el volumen en antipatriótico gesto.

Tampoco conviene olvidar que, como youtuber zarzuelero, Felipe VI no estaba dando la talla. No enganchaba a las grupies, y solo entre 2018 y 2019 había perdido medio millón de oyentes. Un 5,5 de cuota de pantalla. Se impone un giro estético y argumental para preservar la institución, no sea que España acabe siendo republicana por un problema de share (cosas más raras se han vivido en este país).

El caso es que el rey tiene trabajo serio por una vez en su reinado. Y es que, si se para uno a pensar, solo esta bicefalia real que vivimos podría habernos llevado a encallecer las manos de Felipe VI: solo un borbón fue capaz de poner a trabajar a otro borbón. Para que luego nos digan que nada tenemos que agradecerle a la dinastía.

Si Felipe VI decide abordar (como quieren los tertulianos) estos escabrosos temas, va a tener que hacer más malabarismos sintácticos y semánticos que un poeta modernista. Porque ya no puede utilizar, sin levantar sonrisas del respetable, generalidades sobre transparencia, ejemplaridad o servicio a España. Pues de todos es sabido que Felipe VI era beneficiario de una fundación opaca y lo ocultó al pueblo durante un año (hasta que la prensa extrajera lo aireó e hizo inviable más silencio), y porque también se ha sabido que El Preparao no hizo ascos al dinero de un empresario que pagó la mitad de su viaje de novios cuando aun era un vulgar príncipe. El generoso financiero se llama Josep Cusí y, oh casualidades, fue profesor de tiro de Francisco Franco durante 12 años. Todo muy entrañable y en familia. Y con un arrullador fondo de ruido de escopetas, que tanto gusta a franquistas y borbónicos.

El caso es que lo va a tener difícil Felipe VI. No puede ser sincero, pero tampoco está ya en posición de engañar a nadie. Salvo a esa buena parte de españoles que han nacido ya engañados, sometidos al vasallaje de la ignorancia, al borbonismo acrítico y (cada vez más) violento.

Ni siquiera está el rey en disposición de anunciar, más o menos veladamente, la inevitabilidad de una regulación legal de la monarquía impulsada desde el Gobierno. No es su función, ni es el momento ni el lugar. Pero además, Felipe VI tendría que responder de algunos asuntos con carácter retroactivo en caso de que esa ley saliera adelante: por ejemplo, sobre el cuarto de millón de euros que le regalaron para su principesco viaje de bodas, cuando aun no era inviolable.

No quiero imaginar el trajín que se estarán trayendo los gramáticos de Zarzuela para desfacer este entuerto. A lo mejor Felipe VI tendría que contratar a Valtónic para que le escriba un rap. Es la única manera que se me ocurre de salvar la audiencia del youtuber Preparao. Qué nochecita le espera. No os pongáis nada amarillo si vais a verlo al teatro. Y, mucho menos, lacitos.