Rosas y espinas

Traficantes de almas

Moneda de euro del año 2001 con el rostro del Rey emérito Juan Carlos I en la Filatelia-Numismática H.Sanza, en Madrid (España) a 7 de agosto de 2020.- Jesús Hellín / Europa Press

La tribulación y la desesperanza anidan en los corazones de la familia monárquica española desde que se ha sabido que nuestro rey emérito, Juan Carlos I, recibe en sus estancias de Abu Dabi a Abdul Rahman El Assir, un afamado y respetable traficante de armas con causas pendientes en España y Francia. Nos hemos enterado por El País, en buena exclusiva que sin embargo olvida loar los méritos de nuestro regio apandador, capaz de encontrar él solito a un delincuente internacional a quien la Interpol lleva años buscando. Para que luego digan que los borbones no son listos.

Me parece cruel que la prensa ande aireando con quién y cómo pasa los tedios vespertinos de Abu Dabi nuestro Juancar. Todos los que habéis sido comisionistas y ocultadores fiscales internacionales sabéis lo aburrida que es la vida en Emiratos Árabes Unidos. Y qué mejor personaje para combatir el letargo del desierto que un traficante de armas. Nadie elige para distraerse la compañía de un registrador de la propiedad (imaginaos combatiendo el tedio junto a Mariano Rajoy). Y ya no hay vedettes ni lentejuelas como las de antes.

No hay que olvidar que el emérito apandador está pasando una muy mala racha, y se merece un respiro. Primero, la novia se le fuga con la pasta. A continuación, su hijo le retira la paga del domingo. Su esposa casi no le habla, entre otras cosas porque doña Sofía no ha aprendido aún a hablar bien español. Los nietos se gastan el dinero de su tarjeta black en clases de piano y todo en este plan. A perro flaco todo son pulgas.

En otras épocas, a nadie escandalizaba que nuestro rey más ejemplar se codeara con traficantes de armas internacionales. Había más sensibilidad con las minorías perseguidas. Juan Carlos y Sofía se dejaban fotografiar por Hola y Diez Minutos en alegres estampas marbellís junto a Adnan Khashoggi. Eran los felices setenta y este traficante de armas entró en contacto con nuestro rey por mediación de Manuel Prado y Colón de Carvajal, un manco listísimo que era la mano derecha del borbón. Junto a este Khashoggi y otros personajes de igual o mejor calaña empezó nuestro emérito a labrar su trabajada y merecida fortuna.

Que un ex jefe de Estado se siente a tomar té con pastas junto a un traficante que ha delinquido contra ese mismo Estado no debería escandalizar a nadie. Son borbones, tíos. Leed la historia. Lo defensores de Felipe VI alegan que los hijos no son culpables de los pecados de los padres, y que no tienen por qué enterarse de las cuentas opacas en Suiza de las que son beneficiarios. Pero es que Felipe VI tiene los pecados del padre, los del abuelo, los del bisabuelo, los de la tata y así hasta el infinito borbónico. Y no fueron pecados veniales. Yo soy de esos que piensan, sin fundamento, que los borbones y la iglesia son los principales culpables del atraso español. Prefiero a un traficante de armas saudí que a un traficante de almas español. Así que dejad a mi Juancar en paz y que se tome los coñases con quien quiera.