Rosas y espinas

Electroduendes en el PP

La coordinadora general del PP, Cuca Gamarra, comparece después de la Junta de Portavoces, en el Congreso de los Diputados, a 29 de marzo de 2022.- Eduardo Parra / Europa Press

Observando al nuevo PP del moderato andante Alberto Núñez Feijóo, no le queda a uno más remedio que remedar aquella frase del eximio borbonista republicano Alfonso Guerra: "Esta gente se pasa la vida dando pasos hacia el centro. De dónde vendría esta gente".

Ayer, ya con Feijóo laureado in pectore, el PP nos ha demostrado que la táctica noesnoísta del cadavérico Pablo Casado no ha muerto con él. Ni mucho menos. Cuca Gamarra, portavocinglera del PP en el Congreso de los Diputados, cargó con dulces ferocidades contra la excepción energética hispano-lusa lograda por Pedro Sánchez y Antonio Costa para abaratar nuestra factura de la luz. "La excepción ibérica es una demostración de la debilidad como país".

Gamarra parece propensa a olvidar incluso lo que nunca ha aprendido, que será mucho. La discusión sobre la excepcionalidad ibérica se batalló en Bruselas a cara de amperio, como todo el mundo sabe, y PS y AC doblegaron ni más ni menos que al aprietatuercas del neoliberal motor europeo, el canciller alemán Olaf Scholz, contrario radical al divorcio eléctrico de españoles y portugueses. Que Alemania se contradiga para comprender las demandas de españoles y portugueses no me parece, querida y feroz Cuca, síntoma de la debilidad de estos estados. Rajoy, cuando lo paseaban por Europa y se encontraba a un político alemán, lo más que sabía hacer era inclinar demasiado la cabeza. Qué torpes galanuras adornan los vasallajes.

Supongo que, para no demostrar debilidad como país es este oxímoron de la isla energética peninsular, Cuca Gamarra hubiera mandado a Rafa Hernando a negociar a Bruselas, agarrando por un cojón al canciller Scholz y por otro cojón al primer ministro holandés Mark Rutte, hasta lograr un acuerdo civilizado y a la par acorde con la virilidad española.

Además, conviene añadir que las políticas energéticas del PP siempre han sido electrizantes, así que yo tampoco les haría mucho caso en este asunto. Su medida estrella en nuestra historia democrática fue el impuesto al sol que instauró Mariano Rajoy en 2015. Que te pongan un impuesto al sol puede resultar muy poético en una canción del noctívago Sabina, pero su aplicación política y no poética arruinó a muchas empresas de renovables, las pequeñas, proyectos de vocación ecologista que además iban siendo rentables. Buen trabajo, Eme Punto, susurraron las moquetas del Íbex-35.

De aquel impuesto al sol poco se habla ya, pero resulta que el Estado español está aun hoy sumido en centenares de demandas de empresas energéticas de todo el mundo, que invirtieron aquí antes de que el sol saliera caro y se sintieron estafadas por el cambio de normativa después de soltar la pasta. Es difícil de cuantificar, pero hay quien dice que tenemos pendientes demandas por hasta 20.000 millones de euros.

Curiosamente, la que era vicepresidenta cuando Rajoy apagó a impuestazos el floreciente parque de renovables español, Soraya Sáenz de Santamaría, se retiró de la vida política para fichar como socia en el bufete de abogados Cuatrecasas, un gigante legal que llevó varias demandas contra el Estado español de empresas afectadas por el recorte a las renovables. Es una de las piruetas políticas más graciosas que he conocido.

Primero como gobernante arruinas con tu ley lisérgica a los inversores, y después te forras defendiendo a esos mismos inversores contra tu antigua decisión de Estado. Ni puerta giratoria ni niño muerto: lo de Soraya es prestidigitación.

Menudos electroduendes habitan el PP. Con esta trayectoria, tienen toda la autoridad ética e intelectual para denigrar la ínsula energética y barataria que Sánchez y Costa han arrancado a Europa. De coherencia y patriotismo ya hablamos otro día, que los electroduendes me acaban de cortar la luz.