Rosas y espinas

Salvaos de 'Salvados'

El periodista Fernando González 'Gonzo' en el programa 'Salvados'
El periodista Fernando González 'Gonzo' en el programa 'Salvados'

El antiperiodismo es como la antipolítica. Un arma de destrucción masiva perfecta, que no daña solo al que lo practica sino a los que intentan, y a veces logran, no practicarlo. El antiperiodista que miente u oculta acaba siempre pillado, pero se lleva suficiente pasta como para no volver a tener que ejercer la profesión durante el resto de sus días. Sin embargo, deja un rastro de cizaña y excremento que nos alcanza a todos. Un descrédito a toda la profesión que ya está siendo incurable. El antiperiodista es como el jugador de fútbol vendido que arrastra a sus incautos compañeros a la derrota. Cuando el partido termina, todos son culpables. Todos son indignos de lucir los colores de la deportividad, de la verdad, de cara al público. El corrupto se lleva una pasta y la deshonra. A los demás, a los inocentes, solo les queda la deshonra.

Escribo esto con pena, porque Fernando González 'Gonzo' me parecía un periodista muy prometedor, capaz de nadar en la inmundicia con un distanciamiento irónico y casi crítico, con el carisma suficiente para ser un outsider aun dentro del engranaje dentado de colmillos avariciosos de los grandes medios.

El tiempo me ha quitado el cariño y la razón. El programa de Salvados (La Sexta, of course) sobre los desertores de Vox es una égloga dedicada a pastorear votos ultras para el PP. Vamos a consultar la RAE para los poco versados en poesía: "Égloga: Composición poética del género bucólico, caracterizada por una visión idealizada de la vida rústica, y en la que suelen aparecer pastores que dialogan acerca de sus amores".

Que el Salvados de Gonzo es bucólico resulta evidente. Localizaciones en paisajes jardineros, con pajarillos revoloteando en bandada a las órdenes de un auxiliar de producción acuclillado tras unos matorrales; sutiles ciudadanos que pasean románticamente desenfocados entre el ramaje y frente a cámara; el poeta reconcentrado en su caminar por la vereda cual si meditara endecasílabos; amables bancos verdecentes desalojados de mendigos durmientes y borrachos de Don Simón para hacer las entrevistas.

A mí me encantaría haber rodado estas entrevistas en los despachos de los susodichos, que seguro que estarán plagados de esvásticas, aguiluchos, retratos de Hitler, Franco y Mussolini, pistolones guerracivilistas y cabezas de elefante. Pues nadie sin ese atrezzo llega a dirigente de Vox. Pero no me saldría la égloga, sino el quevedesco soneto satírico que amarga la verdad y debe echarse de la boca.

También es fiel este Salvados a la prescriptiva "visión idealizada de la vida rústica" de la égloga, pues la España que aparece en esos exteriores no refleja ni mucho menos la vida real de ningún parque español. ¿Habrá desalojado Marlaska el parque por orden de Ferreras?

Y, por último, se constata una abusiva presencia de "pastores hablando de sus amores". O sea, los entrevistados. Qué gente calmada, educada, pacífica, reflexiva, incluso edulcorante en exceso. Pareciere, si yo fuera malicioso, que les habían chivado las preguntas antes. Y hasta las respuestas. No me imaginaba yo a los ex votantes de Vox, esos que vociferan en las manifestaciones contra las mujeres y los homosexuales, y aplauden el acoso a los bebés de un vicepresidente electo, tan civilizones y comedidos. Andaré yo equivocado.

Si tan listos y reflexivos eran, cuesta creer que algún día hubieran militado en un partido nazi, autocrático, mentiroso, racista, excluyente, amenazante y violento como Vox. Como el Vox que ellos mismos retratan. Quizá la mano incorrupta de Gonzo, al posarse en su hombro cual paloma blanca, les hizo olvidar sus viejos pecados, insidias, putrefacciones, errores y horrores. Todo es posible en el paradisíaco mundo mediático de las teles de izquierdas.

En cuanto al más periodismo, creo que entre tanta égloga se le olvidó al pastorcillo Gonzo hacerle una pregunta a esos exvoxeros que, contritos, aseguran haber dejado el partido de la inquina para regresar a la mansedumbre democrática de las majadas del PP.

-¿Y a usted que le parece que su nuevo e impoluto partido pacte gobiernos con los nazis, autocráticos, mentirosos, racistas, excluyentes, amenazantes y violentos que me acaba de denunciar?

No. Gonzo no formuló esta cuestión. No hay más preguntas, garcilasos.