Rosas y espinas

Corinna o enfurecer a una 'femme fatale'

Corina Larsen, a su llegada el pasado 18 de julio al Tribunal de Apelación británico. EFE
Corina Larsen, a su llegada el pasado 18 de julio al Tribunal de Apelación británico. EFE

Continúa el show de nuestra siempre admirada Corinna Larsen, que ahora protagonizará un podcast en el que nos narrará la película de amor, intriga y terror que vivió con Juan Carlos, primero de España y héroe de la transición. Lo que empezó con el romántico disparo en la frente de un elefante o un corzo (se conocieron en una cacería), terminó con un siniestro agente del Centro Nacional de Inteligencia de pie, a la vera de la cama de Corinna, amenazándola con un futuro similar al sufrido por Lady Diana si no dejaba de desnudar al rey desnudo.

Si uno se para a analizar los hechos, es para sentirse orgulloso de ser español. Podemos presumir de tener unos servicios secretos tan rastreros y desalmados como los mejores del mundo. De gozar una corrupción borbónica, política y oligárquica muy bien custodiada por señores muy clandestinos y peligrosos, como mandan los cánones noir y black mask.

Hay mucho paranoide tuitero fantaseando con la cantidad de muertes difíciles de explicar que han proliferado entre implicados, arrepentidos y testigos de los casos de corrupción del Partido Popular. Qué bien se le muere la gente a los Emepuntos, a los gürtells, a los bankios, y a toda esa caterva de políticos con sentido de Estado que pasean de juzgados a cárceles. Si uno fuera desconfiado, sospecharía que un poder secreto los protege. Como a la mafia, por ensayar una hipérbole. Se les caen contables por las escaleras, como a Elliot Ness en lo de Brian de Palma, y se le suicidan banqueros, como a los Corleone de Ford Coppola. Desaparecen pruebas de los juzgados y dictan sentencia magistrados que se parecen demasiado al juez Roy Bean de John Huston, que entienden la ley a su manera, y a los mafiosos los absuelven o los prescriben.

Pero a esta hermosa y ficticia trama policial le faltaba la protagonista, la femme fatal, y eso quien mejor te lo busca es un Borbón, el Borbón desterrado. Para que luego digáis que no vale de nada la monarquía. Corinna atesora una serie de rasgos que parecen estudiados de las heroínas de Raymond Chandler: bella, caprichosa, exitosa, intrigante, elegante con la ostentación justa, quizás levemente excesiva.


Imaginar a un agente del CNI susurrándole amenazas a esta mujer semidormida en su lecho de satenes, me devuelve el corazón a Fritz Lang. Y de espía ya estoy viendo al Germán Arteta/Alfredo Landa de El crack de José Luis Garci.

En la elección de femme fatale, solo hemos sido superados en la historia reciente por los británicos. Es casi imposible hacerle sombra a la Marilyn del palacio de Kensington. Pero nuestra Corinna alumbra fatalidades que Lady Di no podía ni soñar. Por eso no me extraña que el espía que se coló en el dormitorio de la comisionista alemana comparara a ambas divas: "Si no obedeces estas instrucciones, podrías morir en un túnel como la princesa Diana".

No hay nada más peligroso e irresponsable que amenazar a una feme fatale de pata negra. Corinna da detalles deliciosamente descriptivos de la situación: "Me despierto de madrugada y siento que hay alguien de pie, junto a mi cama, en mi propia habitación de hotel".


El podcast Corinna y el rey se podrá escuchar este lunes en varias plataformas, y tiene ocho capítulos. La fecha del estreno no es casual: la Corte de Apelaciones del Tribunal Superior de Inglaterra y Gales analiza en Londres el recurso a la demanda de Corinna contra Juancar y el CNI por acoso y otras guarrerías. Ya dije arriba que suele ser fatal amenazar a una femme fatale. Durante unos cuantos días, nuestra monarquía mostrará su ejemplaridad en un culebrón de alcance internacional que retrata a España como una subespecie de democracia bananera. La venganza de Corinna ha sido implacable. Esperemos que el podcast no tenga mucho éxito. Por el bien de la marca España y tal.