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El oro de Moscú

A toro pasado, todos son moscas. Lo sé, es muy fácil hablar después de que a la llamada candidatura ibérica no le hayan dado el Mundial de 2018, que finalmente ha caído para Rusia. ¿Alguien se extraña?

Pues parece ser que sí. Leo en Público.es que la delegación ibérica ha reaccionado airadamente diciendo una verdad como un templo: "las visitas de la FIFA sobran". Claro que sobran, lo que no sobran son dietas que pagar, que no es lo mismo. Y como estamos hablando de dinero que meter en la caja, pues Rusia es más que el resto.

Reino Unido, que podría ser otro mercado fuerte, ya tiene su premio con las olimpiadas del año 2016, a las que optó Madrid en esa obsesión enfermiza que tiene Gallardón con traer unos Juegos a la capital. España y Portugal bastante tenemos con que aún no nos han 'rescatado' por la obra y gracia de los tiburones especulativos que rodean nuestras aguas y que pretenden hundir nuestro barco. ¿Un Mundial con la que está cayendo? Los miembros de la FIFA sabían de antemano que la candidatura estaba muerta, pero no quisieron ahorrarse la visita. Ya se sabe, las paellas, los vinos, los fados, las toallas y demás clichés absurdos son muy atractivos.

También se debería hacer un ejercicio de autocrítica, por si aún nos creemos que el espíritu deportivo imperaba en el criterio de la FIFA. ¿Era perfecta la candidatura? Probablemente no. Un ejemplo. De entre todos los estadios que albergarían partidos, dos de ellos están aún sin construir y son el paradigma de la mala gestión de algunos propietarios. La Peineta, sin ir más lejos, sustituirá al Calderón, que será demolido para sanar la deuda con la que los Gil han sangrado al Atlético de Madrid. Más grave es lo del nuevo estadio del Valencia, cuyo esqueleto aún se sigue viendo porque las obras están paralizadas a la espera de que el club complete los pagos (más de 400 millones), previsiblemente tras la venta del antiguo Mestalla.

A esto se añade la incalificable intervención de Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol. O "fúrbol" (quizá "fúrgol"), como repitió en numerosas ocasiones el encargado de ese deporte al que dijo amar. "Yo amo el fúrgol" (¿o era "fúrbol"?).

Sobre la otra candidatura, la de Holanda y Bélgica, poco que decir. Cayó con España en la segunda votación ante el desmesurado presupuesto ruso, el más alto de entre todos los proyectos, donde los miembros encargados de la elección pusieron sus brillantes ojos. No es de extrañar. Simplemente hay que ver cómo los magnates rusos han ido poblando las directivas de muchos clubes de fútbol. El ejemplo paradigmático es el de Abramovich, dueño del Chelsea. Hasta en la NBA, los Nets cuentan con otro dueño procedente de Rusia, Mikhail Prokhorov. Es lo que tiene el oro de Moscú, que tira más que cualquier proyecto, por muy bueno que sea.