Tomar partido

Catalunya sin caricaturas

Miguel Urbán, eurodiputado de Podemos y Albano Dante, candidato de Podem en Catalunya Sí Que Es Pot

Las caricaturas funcionan mejor para describir que para analizar. Y esta campaña catalana llega a su ecuador cargada de numerosas confusiones interesadas en torno al conocido como "desafío soberanista", proceso demasiado complejo como para reducirlo a las caricaturas que escuchamos a diario desde las distintas trincheras en disputa.

Se equivocan quienes pretenden reducir a una mera cortina de humo de Artur Mas o a una manipulación de TV3 el sentimiento creciente y legítimo de cada vez más personas en Catalunya, otra expresión de la crisis institucional que vive desde hace unos años el régimen del 78 en todo el Estado español. Se equivocan igualmente quienes, desde Madrid, pretenden resolverlo por la vía legal o incluso autoritaria. Porque, contrariamente a lo que tantas veces repiten los voceros de la derecha española y catalana, no es la ley la que está por encima de la democracia, sino justamente lo contrario. Y si una ley impide opinar o consultar, elementos básicos de cualquier democracia, entonces el problema es de la ley y nuestra tarea cambiarla. Negar el derecho a decidir es la vía más rápida hacia la independencia, porque nadie quiere convivir con quien no le deja decidir democráticamente sobre dicha convivencia.

Pero también se equivocan quienes desde el soberanismo dominante defienden aquello de "primero la independencia y luego ya veremos" o aseguran que el 27S tendrá lugar un plebiscito y no unas elecciones. Porque el gobierno que surja de esas urnas tendrá que legislar no solo sobre la relación de Catalunya con el resto del Estado, sino sobre todos los demás ámbitos de la vida económica, política y social. Y por mucho que Mas se esconda entre los nombres de una papeleta o se barnice de sociedad civil, nadie duda de su horizonte presidenciable ni de que un nuevo gobierno con él al frente supondría más recortes, más privatizaciones y más desahucios.

Cuatro Diadas masivas consecutivas no se tradujeron en un incremento paralelo de votos para CiU, sino todo lo contrario. De los 62 escaños de 2010 cayó a 50 en 2012, precisamente después de la primera de esta tanda de movilizaciones. Y antes de romperse la coalición, las encuestas apenas le otorgaban 30 asientos en el Parlament. De ahí que la derecha catalana haya tenido que reinventar su instrumento electoral para intentar mantener el dominio aplastante ejercido durante las últimas décadas. Pero la creación de Junts pel Sí no solo muestra la capacidad camaleónica de Mas y de la derecha neoliberal catalana, sino la falta de proyecto alternativo de ERC, que de Esquerra ya solo le queda el nombre.

El pasado 9 de noviembre 1,9 millones de votos dejaron patente que el independentismo es ahora mismo la minoría más grande en Catalunya. Pero difícilmente podrá aspirar a convertirse en mayoría sin resolver la emergencia social, principal preocupación de las clases populares catalanas. Esto es, sin paralizar desahucios, sin acabar con los recortes y las privatizaciones en sanidad o educación, o sin rendir cuentas sobre las omnipresentes tramas de corrupción. Y mucho menos con un Gobierno encabezado por los responsables de ese saqueo a la democracia y al bienestar. Mas habla de soberanía mientras vende la sanidad a pedazos y esconde el botín en cuentas bancarias en Andorra. O mientras su partido vota sistemáticamente en el Parlamento Europeo de la mano de PP, PSOE y Ciutadans a favor del TTIP, de la Europa Fortaleza o de las políticas neoliberales que luego se aplican indistintamente desde los gobiernos español y catalán.

Pero quienes pretendemos cambiar estas políticas neoliberales y antisociales no podemos negar el actual proceso soberanista si de verdad aspiramos a ser una fuerza mayoritaria. Por eso necesitamos impulsar un proceso constituyente catalán no subordinado que incluya un referéndum en donde pueda decidir su futuro y un plan de choque contra la pobreza y las desigualdades, como bien señala el manifiesto de la candidatura Catalunya Sí que es Pot. No hay soberanía que valga sin combinar tres patas indisociables: plan de emergencia ciudadana, proceso de regeneración democrática y derecho a decidir. Acostumbrados como están a coincidir en tantos otros ámbitos, aquí Rajoy, Mas, Pedro Sánchez y Albert Rivera también comparten cojera, si bien cada uno cojea de una cosa, pero coinciden en un mismo modelo en donde la soberania popular se cercena por un proyecto austeritario.

Creemos que una propuesta así no solo rompe con las caricaturas tan beneficiosas para el actual juego simbiótico entre las derechas española y catalana, sino que también permite caminar juntos bajo un proyecto político común a una mayoría social de catalanes situada en posiciones independentistas, federalistas y confederalistas que comparten los anhelos de soberanía popular, democracia real y lucha contra los recortes y la corrupción que en cierta medida expreso el 15M. Un proceso constituyente integral en Catalunya que abriría la puerta a procesos similares en el resto del Estado, contribuyendo así a abrir los candados del 78. Por eso mismo estamos convencidos de que sería un proceso que beneficiaria a las clases populares que dentro y fuera de Catalunya demandan poder decidir sobre todo para que todo cambie.