Sin cursos no sería verano

“La universidad satisface así inquietudes que no siempre son tratadas en sus aulas durante el invierno”-Presentación de los Cursos de Verano de la Complutense- 

               

Igual que el alumbrado callejero anuncia la navidad, sabemos que estamos en verano porque comienzan los cursos estivales. E igual que las luces navideñas se encienden ya casi en octubre, también las universidades adelantan cada vez más la temporada. La semana pasada ya empezaron algunos. 

Vaya por delante que soy participante ocasional, y que no me parecen un mal invento. De hecho, si no existieran habría que inventarlos, y cuesta imaginar cómo era el verano español sin ellos. Lo de menos es el valor académico, frente a los muchos servicios que prestan. A los medios, por ejemplo, que gracias a ellos rellenan páginas durante la sequía informativa. A las empresas patrocinadoras, que ejercen fácilmente su obra social. A los estudiantes, que suman créditos mientras hacen turismo y amigos. Y por supuesto a quienes redondeamos ingresos gracias al generoso presupuesto. 

No extrañe por tanto que cada año aumenten las sedes -más de sesenta universidades ya, pero también fundaciones y otras instituciones-, y se multipliquen los cursos. Y con tal abundancia burbujil, son muchos los patrocinadores que encuentran cursos a medida de sus intereses. La semana pasada, por ejemplo, se celebró uno sobre la crisis, donde nos instruyeron sobre cómo debe actuar el Estado, y las ayudas que debe aportar para sanear el sector financiero. Casualmente, el curso lo patrocinaba un gran banco. 

A lo largo del verano académico encontraremos otras casualidades similares. No será la primera vez que nos vaticinen el fin del sistema de pensiones bajo el logo de una entidad que vende planes de pensiones; o defiendan la energía nuclear patrocinados por una eléctrica.