Haciéndole el juego a ETA

“La sociedad española, en todos sus estamentos, ha quedado alarmada ante las manifestaciones del denunciado” -Denuncia de Manos Limpias contra Alfonso Sastre- 

              

Voy a hacerle el juego a ETA un rato. Ya lo digo yo, antes de que me acusen de ello. Como saben, todo el que discrepa del discurso único le hace el juego a ETA. Lo mismo los nacionalistas que quienes rechazan la ley de partidos o apuestan por el diálogo. Hasta el gobierno y el mismísimo Tribunal Constitucional le hicieron el juego en momentos puntuales.

En ese hacer el juego hay grados, claro. La escala va desde el tonto útil hasta el terrorista, pasando por el apologista y el colaborador. Yo por ahora creo que sólo soy un tonto útil, aunque no descarto que algún día me asciendan de categoría. Alfonso Sastre en cambio debe de estar en la parte alta del escalafón. Su militancia abertzale no es ningún secreto. Lo sabía hasta el Constitucional, que aun así autorizó su candidatura.

El problema no es Sastre -allá él con sus miserias-, sino la creciente criminalización de la disidencia mediante su “batasunización”. Hace ya tiempo que la derecha política, mediática y judicial descubrió el potencial de tal maniobra. Basta acusar a alguien de proetarra para que a todos se nos emboten los oídos. En los últimos años hemos visto como batasunizaban no sólo a los independentistas; también a otros nacionalistas –incluso fuera de Euskadi-, a buena parte de los movimientos sociales vascos –hasta pacifistas-, y a todo tipo de grupos llamados “antisistema”, sin olvidar a aquel padre que pidió la retirada del crucifijo en el colegio de su hija.

La batasunización de la disidencia, entre otros efectos perversos, beneficia a ETA, a la que se acaba atribuyendo un respaldo con el que nunca soñó. Eso sí que es hacerle el juego, y no creo que ayude a que desaparezca de una vez.