Queremos ver el álbum de boda

“¿Qué hago yo aquí, en la cárcel, entre delincuentes? Yo no soy un delincuente.” -Francisco Correa, cerebro de la trama Gürtel–  

                       

Repasar el álbum de boda, años después de celebrada, es un entretenimiento habitual de muchas parejas. Nos gusta comprobar cómo han cambiado todos, familia y amigos, a partir del retrato de aquel día: algunos murieron, otros se han divorciado, éste se ha quedado calvo, aquélla se ha operado la nariz…

Así que imaginen lo divertido que tiene que ser para la familia Agag Aznar echar un vistazo a su álbum de boda, siete años después del gran día. “Mira, los de esta mesa están todos en la cárcel”. “Fíjate, Ana, éste está acusado de cohecho”. “Cohechito, cariño”, le corrige ella con dulzura. “Anda, estos cuatro fueron condenados por delitos fiscales.” “Sí, cielo, pero no olvides que habían prescrito”. “Huy, éste se lleva la palma: soborno, corrupción, fiestas con prostitutas…” “Venga, vamos a ver el video, que es mejor”.

Menudas risas se echarán. Las mismas que cualquiera que vea hoy la lista de invitados de aquella boda imperial: allí estuvieron varios implicados en la Gürtel (Correa firmó como testigo del novio), pero también unos cuantos miembros de la jet empresarial que posteriormente han acabado pringados en todo tipo de chanchullos, si bien escaparon limpios por prescripciones y apaños varios. No faltó ni Berlusconi, que seguramente fue el alma de la fiesta.

Ahora se entiende que en todos estos años no hayamos visto una sola foto del banquete. No hay nada que deje más imágenes que una boda. Y sin embargo, de aquélla sólo vimos la llegada de los invitados, y algo de la ceremonia, pero nada del fiestorro. Sólo tenemos la versión teatral que hizo Animalario, que pide a gritos una actualización. Yo que ellos enterraría el álbum en el jardín, no sea que cualquier día se lo pida un juez.