Trabajar cansa

El banco se lo guisa y se lo come (tu piso)

"Tú pones la ilusión. Nosotros la casa y la financiación. Elige tu hogar con las mejores condiciones de financiación." -Publicidad de Anida, portal inmobiliario del grupo BBVA-

 

Bromeaba meses atrás en esta misma columna sobre la posibilidad de que pronto, cuando quisiéramos comprar un piso marcado con el cartel de "se vende", sería el director de la sucursal bancaria del barrio –y no el portero del edificio, como suele- quien nos abriría la puerta y nos lo enseñaría. El tamaño de la cartera de activos inmobiliarios de la banca española motivaba el pronóstico.

Pues bien, no era una broma: ya está pasando. Hace unos días, al entrar en una oficina bancaria me encontré un cartel pegado en una pared. Era un A4 bastante casero, por no decir cutre, nada que ver con el cuidado material publicitario habitual. Anunciaba la venta de viviendas en el barrio, prometía "la mejor financiación" –hasta el 100% del precio y a 40 años-, ofertaba "rebajas de hasta el 40%", y orientaba a los interesados: "Solicita visita en esta oficina", para rematar con un entusiasta "¡¡Pregúntanos!!", con doble signo de admiración. De ahí a poner tiras recortadas con el número de teléfono escrito a bolígrafo sólo hay un paso.

La cosa no es para menos, pues a bancos y cajas les quema tanto piso como han acumulado tras reventar la burbuja. Hace un par de meses el Banco de España cifró en 165.000 millones los activos inmobiliarios problemáticos de la banca, y Standard & Poor’s los acaba de calcular en el 20%, lo que elevará la previsión de pérdidas en los próximos tres años hasta los 99.000 millones de euros. Es la cara negra de la banca española, ésa que dice no temer a los tests de estrés y que saca pecho por el mundo, aunque cada vez le cueste más mantenerse erguida bajo el fardo de ladrillos con que carga.

Hay que vender cuanto antes. Esta semana BBVA envió una carta a sus empleados ofreciéndoles descuentos del 15% en los pisos que tiene en venta, con facilidades para la financiación; y lo mismo hizo meses atrás el Santander, con descuentos aún mayores. Seas o no empleado, todo quedará en casa: el banco te lo vende, el banco te lo financia, y el banco te embargará la nómina –domiciliada, claro- y te quitará el piso cuando no puedas pagar.