Unas banderillas para don Pío, pronto

“Si yo fuera un toro de lidia preferiría mil veces morir en una plaza después de veinte minutos luchando y combatiendo.” -Pío García Escudero, Portavoz del PP en el Senado-

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Los defensores de las corridas de toros se agarran a su último recurso para frenar la prohibición: su consideración como un hecho cultural, como un arte que merece ser protegido.

Que las corridas se han considerado durante mucho tiempo una manifestación artística es indudable. Pero las cosas han cambiado, y hoy somos mayoría los que no vemos artística la tortura de un animal. Era un arte, vale. Pero ya no, y para consuelo de esos espíritus sensibles quedan esas representaciones artísticas de las que se acuerdan en cada debate. Sólo queremos prohibir las corridas, no quemar los dibujos de Picasso ni los poemas de Lorca.

Pero además, incluso si aceptáramos que hay elementos estéticos en la forma en que el torero trincha al animal, no lo haría más disculpable. También hay quien considera la guerra un arte, y no por ello organizamos combates para disfrute estético. Y hace siglo y medio Thomas De Quincey se reía de la sociedad victoriana escribiendo Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes.

Escribe De Quincey que una vez cometido el asesinato, cuando ya no tiene remedio, al menos podemos disfrutarlo estéticamente: “quizá tengamos la satisfacción de descubrir que unos hechos lamentables y sin defensa posible desde el punto de vista moral resultan una composición de mucho mérito al ser juzgados con arreglo a los principios del buen gusto.”

Oyendo ayer a García Escudero equiparar al torero con el pintor o el poeta, me recordó el delirante De Quincey. Y tal vez dentro de unos años, cuando de las corridas de toros sólo queden los dibujos de Picasso, haya quien relea discursos como el de ayer y los tome por lo mismo que hoy tomamos el texto de De Quincey: una muestra de humor negro.

Mientras, su intento de incluir las corridas entre el patrimonio cultural inmaterial protegido por la Unesco no tiene futuro. Si ven el listado actual verán que se trata de representaciones folclóricas –fiestas, procesiones, bailes- que tienen un carácter ritual pero incruento. La única opción sería convertir las corridas en una representación teatral, una pantomima. Y ya saben quién se pide hacer de toro.