Trabajar cansa

El dolor de tripa de los bancos

"La digestión inmobiliaria puede ser demasiado lenta, si los activos se enquistan en el balance; o demasiado rápida y con pérdidas si se vende precipitadamente." -Rodrigo Rato, Presidente de Caja Madrid-

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Tanto presumir nuestros gobernantes y financieros de la salud del sistema bancario español, y resulta que tiene problemas digestivos: se ve que no le ha sentado muy bien la comilona de los últimos años, y ahora les duele la tripa. Según el Banco de España los activos inmobiliarios potencialmente problemáticos suman 181.000 millones de euros en las carteras de los bancos.

Por lo visto no sólo han comido demasiado: también han comido muchas porquerías, mucha comida basura en forma de hipotecas alegres, viviendas sobrevaloradas y promociones sin freno. Sumen a ello el efecto flatulento de la burbuja, y ya se imaginarán los retortijones que tienen bancos y cajas de ahorro, que aunque disimulan con una sonrisa no saben cómo colocarse para que los gases no les den pinchazos, y temen una descomposición intestinal en cualquier momento y dejarlo todo perdido.

Qué decepción, nosotros creyendo que nuestros bancos y cajas estaban de buen ver frente a las debiluchas entidades financieras de otros países, que necesitan transfusiones para tenerse en pie, y resulta que la oronda barriga es en realidad una acumulación de gases y un atracón de chucherías nada nutritivas.

El problema es que sufren de bulimia, y aunque les duela no dejan de comer. Y se nos están comiendo por los pies. No saben qué hacer con tanto piso, pero siguen acumulando viviendas por la vía de la ejecución hipotecaria en los casos de impago. Casi un millar de propietarios pierde su casa cada semana, embargada por no poder seguir pagando, y se la come el banco, que después de desahuciarte sigue exigiéndote la deuda.

Comen de todo, no hacen ascos a nada, y últimamente se han aficionado a la comida ecuatoriana. Son muchos los inmigrantes, sobre todo de Ecuador, que lo han perdido todo, estafados por quienes querían colocarles una hipoteca a toda costa en los años de la flatulenta burbuja.

No sabemos cómo acabará la indigestión, y los jugos gástricos de la banca nos tienen a todos en vilo. Lo único seguro es que si al final enferman y hay que ponerlos a dieta, ya sabemos quién pagará el tratamiento.