Trabajar cansa

De aquí no sale un sindicalista sin antes firmar

"No veo imposible que los sindicatos acaben aceptando; dialogaremos mañana, pasado y todos los días que hagan falta." -Elena Salgado, vicepresidenta económica del Gobierno-

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Lo del gobierno con los sindicatos para que pasen por el aro de las pensiones empieza a rozar el acoso: tras un fin de semana intenso, están dispuestos a reunirse las veces que hagan falta hasta alcanzar un acuerdo. Es decir, no los van a dejar salir sin firmar, y para ello recurrirán a todas las técnicas persuasivas a su alcance.

Más que una negociación parece un interrogatorio policial, de ésos donde el detenido es sometido a las mismas preguntas durante horas, usando todo tipo de estrategias dialécticas hasta que se derrumba y canta. Como además participa también el ministro de la policía, más lo parece.

Entre las técnicas para vencer la resistencia del más terco, la más clásica es la del poli bueno y el poli malo. Ya saben: el primero te da tabaco, te pregunta por los niños y te promete beneficios si colaboras; y el otro te quita el cigarro de una hostia, te pregunta por tu mujer y te amenaza con meterte la cabeza en el váter.

El poli bueno es Valeriano Gómez, que para eso iba a las manifestaciones sindicales, y ahora le toca ablandar a Méndez y Toxo en plan colega: "65, 67, no nos vamos a enfadar por dos añitos, eh". El poli malo le toca a Elena Salgado, que va de dura, les sacude con la macroeconomía y les amenaza con llamar a los mercados para que les den una paliza si no colaboran: "Ya podéis suplicarme 67, u os meteré 70".

¿Y Rubalcaba? Pues como perro viejo le toca el papel del típico poli veterano, el resabiado que pasa de reglamentos, más listo que el hambre y que a ratos es poli bueno y en el minuto siguiente saca la fiera y te desconcierta. El que en las pelis remata el trabajo de la pareja bueno-malo, y acaba sacando adelante lo mismo un interrogatorio que un acuerdo de pensiones.

Tal vez los sindicatos se estén arrepintiendo de haber aceptado negociar. Y es que sentarse a esta mesa ya implica aceptar el planteamiento de partida: que el sistema necesita ser reformado. Una vez el interrogador te ha llevado al huerto y has confesado que sí, que algo habrá que reformar, lo demás es cuestión de horas, persuasión y culo de hierro.

Y sí, mañana hablamos de ETA.