Trabajar cansa

Eso nos pasa por meternos en reformas

"Estamos haciendo las reformas que necesitamos, no nos las pone la Unión Europea. Somos nosotros los que decimos que hay que continuar." -Elena Salgado, vicepresidenta económica-

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Quien haya hecho reformas en casa ya sabe cómo son: uno sabe cuándo empiezan pero nunca cuándo acaban, y sobre todo dónde acaban, pues empiezas cambiando la ducha y acabas haciendo nueva la cocina, metiendo la terraza y levantando el suelo.

Se ve que con las reformas estructurales pasa lo mismo: no sabemos cuándo acabará la "necesidad" de reformas "inaplazables", ni hasta dónde llegarán. Si alguien cree que con reformar el mercado laboral, las pensiones y las cajas de ahorro ya nos van a sacar de casa los escombros y las herramientas, abandone toda esperanza: esto no ha hecho más que empezar, y la lógica perversa de las reformas indica que cuantas más haces, más tendrás que hacer.

No había terminado el gobierno de anunciar los cambios en cajas de ahorro y pensiones, y ya nos estaban pidiendo más los insaciables organismos internacionales y expertos. No sólo piden nuevas reformas, sino que sigamos reformando lo ya reformado: el mercado laboral pero también las pensiones, cuya reforma incluye una previsión para revisarse cada cinco años, cosa que nunca aceptaríamos si se tratara del baño.

Tampoco sabemos cuáles pueden ser las próximas reformas. Uno tiende a buscar humedades y desconchones para ver dónde hay que poner cemento, pero ya hemos aprendido que tampoco hay que fiarse de lo que parece sólido y reluciente: el sistema financiero era nuestro orgullo, y ya ven; el de pensiones era fuerte y sostenible, y tampoco.

Así que échense a temblar cuando vean venir al fontanero. Yo por si acaso prefiero no dar ideas, que ya lo hacen otros: en Davos nos han recomendado reformas en materia de productividad y competitividad, que suena peor que cambiar las tuberías; pero también en educación.

Todos huimos de las reformas domésticas como de la peste, y sólo las aceptamos con la promesa de que viviremos mejor una vez acabadas. Sin embargo, las que le están haciendo a la casa común apuntan a que pasaremos más frío y dormiremos peor. Es lo que pasa cuando no somos nosotros los que decidimos, y lo dejamos en manos de unos albañiles que no sabemos si son sádicos o chapuzas.