Trabajar cansa

9'99 euros es mucho más barato que 10

"La cifra tiene un simbolismo, pero la previsión es que no alcanzaremos los cinco millones durante este año; esperemos." -Valeriano Gómez, ministro de Trabajo-

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Aviso a comerciantes: si quieren venderle unos calcetines al ministro de Trabajo o a la vicepresidenta económica, no marquen el precio a 10 euros, que tal vez los vean demasiado caros. Pónganselos a 9’99 y ya verán como pican y se llevan dos pares. Ellos, y todos los que estos días entran en el juego de si el paro superará o no los cinco millones.

Por lo visto, cuando hoy se publique la EPA del primer trimestre habrá quien respire aliviado si al final no se supera la temida cifra de los cinco millones de parados. Lo más probable es que nos quedemos alrededor de los 4’9 millones, y no es que vayan a descorchar cava, pero sí habrá quien lo viva como una victoria moral, un empate en el último minuto de un partido que parecía perdido.

En realidad, tampoco pasaría nada si cruzásemos la línea y entrásemos en el quinto millón, y ni siquiera es descartable que suceda más adelante. ¿Ya no nos acordamos de cuando se superaron los cuatro millones, y cómo el anterior ministro de Trabajo veía improbable esa cifra? Luego desbordamos los cuatro, poco después los cuatro y medio, y ahí seguimos como si nada, porque con los números grandes nos pasa siempre igual, lo mismo con parados que con niños hambrientos en el mundo: a partir del primer millón ya nos da lo mismo ocho que ochenta, el efecto dramático se diluye.

Y en realidad la subida no es lo más importante: lo peor es la bajada, que será mucho más lenta que el ascenso, y puede hacer que nos quedemos instalados en los cuatro millones largos durante años. Las previsiones macroeconómicas del Gobierno dan como inevitable que sigamos ahí arriba al menos un lustro, y eso siendo optimistas y que no se nos tuerza nada más de aquí a entonces.

Para reforzar el efecto psicológico positivo de no superar los cinco millones, el Consejo de Ministros aprobará hoy un plan contra el empleo sumergido, que es una forma de decirnos que no son tantos, pues hay trabajadores que ponen cara de parados y en realidad trabajan de tapadillo. O sea, que a los calcetines todavía les regatearán un euro y pensarán que es una ganga.