Agárrense, que empieza la semana

 

Hablábamos ayer de la nostalgia de la edad dorada, los años en que España era una fiesta sin fin. ¿Recuerdan cómo eran entonces los lunes? Muchos los pasábamos comentando el fin de semana liguero, contando lo cuco que era el hotelito rural donde habíamos pasado el puente o lo bonito que estaba Londres en navidad, y empezábamos a hacer planes para las vacaciones, mientras actualizábamos la información de cuánto valía nuestra casa según el metro cuadrado en el barrio, y aplaudíamos si un gobernante decía que bajar impuestos era de izquierdas.

Miren ahora: llega el lunes y estamos todos a las nueve agarrados al transistor esperando la apertura de las bolsas, como si fuese la puerta del corral por donde salen los toros que lanzarán cornadas durante la semana. Tras los índices bursátiles revisamos otra vez la prima de riesgo, que algunos consultan a lo largo del día más veces que el correo, que ya es decir.  Luego van llegando los boletines horarios de noticias, donde nos tememos que Merkel haya dicho algo que ponga nerviosos a los mercados, o que se publique un dato económico adverso.

Por la tarde, cuando por fin cierra la Bolsa de Nueva York, nos relajamos un poco pero sólo hasta mañana, pues la semana es muy larga y un martes puede quebrar Grecia, un miércoles puede traer despidos en nuestra empresa o nuevos recortes de profesores, y no digamos un viernes, que hay Consejo de Ministros y nos puede caer una reforma encima. Aunque también cabe que el lunes esté a punto de acabarse el mundo, y hacia el jueves se abran claros en el cielo.

¿Exagero? Nada de eso. Revisen la prensa de la semana pasada: el lunes se daba por segura la quiebra de Grecia, el martes se hundían las bolsas, el miércoles salían al rescate Merkel y Sarkozy, el jueves los bancos centrales inyectaban dinero, y el viernes parecíamos salvados, aunque el Ecofin seguía enredado con Grecia como garantía de próximos sustos. No me negarán que fue emocionante. ¿Qué nos reserva esta nueva semana? ¿Caerá Grecia por fin? ¿Se hundirá el euro? ¿Nuevos recortes?

¿De qué va este juego, a qué tanta montaña rusa económica? ¿Es así de convulsiva la crisis, o a alguien le interesa que estemos en un sinvivir incesante, hoy con la mecha a punto de consumirse pero mañana aparece el héroe y la apaga de un soplido? De tanto encogerse el estómago acabaremos con úlcera.